Regocijos y sorpresas de nosotros los hablantes

Graciela Melgarejo
Graciela Melgarejo LA NACION
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27 de julio de 2015  

Un muy apreciado colega, el periodista cultural Nino Ramella, escribe un mensaje en el correo de Facebook. Dado que a muchos les debe de haber pasado como a él, compartimos aquí su sentimiento de alivio y regocijo: "Me alegró mucho leer esta noticia. Yo me había declarado en rebeldía y seguía poniendo tildes. Esto me legitima un poco y me saca de la clandestinidad".

¿A cuál artículo, tan salvador, se refiere Ramella? A "La RAE reconoce su «derrota» contra los acentos de 'sólo' y el demostrativo 'éste'" ( http://mun.do/1KqoTva), del diario español El Mundo, del 10/01/2013. El hecho de que la Academia haya reconocido su "derrota" a pocos años del anuncio es prueba de que siempre es difícil cambiar las costumbres de la gente, aunque sea como en este caso para hacer la escritura más sencilla.

El que así lo reconocía era el académico Salvador Gutiérrez Ordóñez. Gutiérrez Ordóñez ocupa el sillón "S" de la RAE y el tema de su discurso de posesión fue Del arte gramatical a la competencia comunicativa, de manera que conoce en profundidad que, como él mismo dijo en el artículo mencionado arriba, "en la ortografía no hay que adoptar posturas contundentes, sino tratar de reorientar los usos". Y para alivio de amigos como Ramella, que son muchos, agregó que estos usuarios "no están faltando a la regla", ya que la RAE trataba de "aconsejar" y explicar con criterios científicos por qué no se debían acentuar.

Nadie que se preocupe por su propia lengua podrá negar que el español está viviendo tiempos que redundan en el enriquecimiento de nuestro idioma. Justamente, el tema de la columna pasada fue comentado por varios lectores. Así, Pacho Coulchinsky comparte tribulaciones: "A raíz de una (mala) compra de El banquete de Severo Arcángelo, edición española, controlo, cada vez que compro algo de un escritor argentino, que la editorial sea de nuestras tierras. «Escuchar» el derrotero del atribulado Lisandro Farías utilizando españoladas incomestibles me vedó el placer de disfrutar de Marechal. No acuerdo con esas adaptotraducciones de nuestro lenguaje castellano al uso propio de cada región en la que hablamos nuestra riquísima e inabarcable lengua.

"Estoy en un variopinto grupo mexicano de gente que escribe y ama la literatura, en Facebook, y ellos, aunque piensan que los argentinos hemos «destruido» el idioma, expresan que disfrutan cuando envío algo escrito por un servidor, aunque deban hacerlo con un diccionario en la mano".

Los ejemplos de las sorpresas que pueden depararnos ciertas traducciones serán infinitos. Quien esto escribe pudo descubrir que las traducciones al español de los libros de un mismo autor variaban en cantidad de coloquialismos según quién las hubiera hecho, como en el caso de la muy buena autora de novelas policiales francesa Fred Vargas. Pero siempre hay un aspecto positivo, si uno sabe verlo. Después de leer El hombre del revés ( L'Homme a l'envers), incorporó a su vocabulario una nueva expresión o "localismo ibérico", como los llamó la lectora Cristina H. Rolleri: guarrindongo ('persona sucia y de poca o ninguna higiene'). Aunque es poco probable que tenga ocasión de usarla en la Argentina, tuvo sin embargo la enorme alegría de reconocerla en otros contextos. Por ejemplo, en un tuit de la columna sobre comida de El Comidista (@ElComidista), del diario El País de España: "Puristas de la pizza: estas seis recetas tan guarrindongas no os van a gustar".

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Twitter: @gramelgar

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