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Graciela Melgarejo
Graciela Melgarejo LA NACION
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3 de agosto de 2015  

Hace un tiempo, quien esto escribe rescató un tuit de la RAE (@RAEinforma), como para tener en reserva para un futuro texto. El momento parece haber llegado, después de algunas columnas en las que se trató el tema de la relación entre el español de España y el español de las Américas -un español por cada país de América latina-, sobre todo en el momento de las traducciones. Éste es el tuit: "José Antonio Pascual: Dámaso Alonso procuró «buscar la unidad de nuestra lengua, no su uniformidad». Homenaje en @FLMadrid".

Para los que seguimos la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Dámaso Alonso (1898-1990) era una figura luminosa y señera. Los alumnos de la inolvidable profesora de Literatura Española (II), Celina Sabor de Cortazar, leímos a sus instancias La lengua poética de Góngora, subyugados tanto por el poeta como por el estudioso que lo sabía interpretar tan bien. Como suele suceder con las obras de los hombres tan frecuentemente, también con las literarias, estos estudios de Alonso fueron soslayados años más tarde por ser representantes de una corriente crítica, la estilística, que ya no representaba a las jóvenes generaciones de críticos.

Dámaso Alonso fue escritor, filólogo y director de la Real Academia Española. También recibió, en 1978, el Premio Cervantes y, en esa ocasión dijo en su discurso de aceptación ( http://bit.ly/1VREKt8) lo siguiente: "Tenemos que trabajar todos por la unidad básica de nuestra lengua en el mundo. Tenemos que trabajar por la lengua. No movidos por un sentimiento nacionalista. Es un sentimiento de hermandad (...) Nada de nacionalismos aisladores. Trabajaremos por nuestra lengua con un sentimiento de veneración y respeto como el que suele existir alrededor de un niño al que le espera un gran destino. El destino de nuestra lengua es el de ser vínculo de hermandad, de paz y de cultura entre los cientos y cientos de millones de seres que, en proporción siempre creciente, la han de hablar en el siglo XXI y en los siglos y siglos de un larguísimo porvenir". Como se ve, pacífico y visionario manifiesto de la lengua española.

Sin embargo, parece que ya no es España la que disputa el cetro del idioma. Varios lectores han coincidido en que hoy México reclama para sí la "pureza" del español. El 27/7, Cristina H. Rolleri, incitada por los comentarios del lector Pacho Coulchinsky en la pasada Línea directa, escribió: "Hace unos años, una persona de ese país me dijo, muy decididamente , que en México se hablaba el español más puro... Creo que es un exceso. Ninguna versión del español es totalmente pura. Toda América aportó palabras a la lengua española y la RAE se fue adaptando a la realidad cada día un poco más.

"En una obra muy interesante del colombiano William Ospina, Auroras de sangre, se relata la conquista de América por el lenguaje y se incluye un análisis del largo poema de Juan de Castellanos (1522-1607), la "Elegía de varones ilustres de Indias", un poema no apreciado en su momento, escrito por alguien que ya percibe la enorme diversidad americana. Juan de Castellanos enumera y describe, con dedicación conmovedora, las palabras que España debió aprender y utilizar para nombrar las cosas de América: eran muchísimos los vocablos que España ignoraba y que aceptó en su idioma, por entonces muy rígido, para las cosas, nuevas y extrañas, que carecían de sustantivos".

En fin, ya llegará la hora de que nosotros los argentinos también entremos a tallar en estas cosas de la lengua, con nuestro Borges como escudo y justificación.

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