Fortalecer la escuela primaria

Alieto Aldo Guadagni
Alieto Aldo Guadagni PARA LA NACION
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3 de agosto de 2015  

En este mundo globalizado, las naciones que avanzan reduciendo la pobreza gracias al crecimiento económico con equidad social también están consolidando este avance con una escuela inclusiva y de calidad. Por esto fue importante la sanción de leyes educativas como la 26.075, en 2005, que fijaba una meta que debía ser alcanzada en 2010: "Lograr que, como mínimo, el 30% de los alumnos de educación básica tengan acceso a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando los sectores sociales y las zonas geográficas más desfavorecidas". La ley de educación nacional, sancionada en 2006, ratificó esta meta: "Las escuelas primarias serán de jornada extendida o completa con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel por la presente ley".

Como se ve, estamos en presencia de mandatos que deberían ser cumplidos por las autoridades, ya que estas leyes aspiran a que los niños tengan la oportunidad de mejorar sus conocimientos. Esa meta legal resulta esencial para asegurar la igualdad de oportunidades de los niños humildes, que pueblan mayoritariamente nuestras escuelas estatales.

Existen evidencias de que la jornada escolar simple no es hoy suficiente para un buen desarrollo educativo de los chicos, que debe incluir un segundo idioma y un acceso sistemático a actividades culturales y sociales. Por otra parte, la jornada escolar extendida (JEE) es una ayuda a la reducción de nuestra grave repitencia escolar. Hay que dejar atrás la anticuada visión de que las escuelas con jornada escolar extendida son sólo patrimonio de gente rica.

Veamos ahora la realidad: según el Ministerio de Educación, en 2013 (último año informado), siete años después de la sanción de estas leyes, había 3,6 millones de niños en las escuelas primarias estatales. En consecuencia, de acuerdo con la ley, a partir de 2010 deberían asistir a escuelas con JEE algo más de un millón de niños. Pero la realidad es distinta, ya que en estas escuelas tenemos apenas 348.000 chicos; es decir, no el 30%, sino un exiguo 9,7.

La ausencia de recursos presupuestarios no es una buena explicación de este déficit escolar. Recordemos que nuestro vecino Chile ya ha universalizado la JEE con un PBI por habitante similar al nuestro. La explicación es esencialmente política. Chile avanzó rápidamente hacia la JEE a partir de un acuerdo político en los años 90 entre la Concertación demócrata cristiana-socialista y la derecha. Por eso hoy un niño chileno con apenas cuatro años cursados tuvo más horas de clase que uno argentino en todo el ciclo primario.

No debe entonces sorprender que con este mayor calendario efectivo en términos de horas de clase en todas las evaluaciones del nivel de conocimientos, tanto en primario como en secundario, realizadas por la Unesco y la OECD los alumnos chilenos siempre superen a los nuestros. Tampoco debería sorprender que en nuestro país la graduación en el nivel secundario sea apenas la mitad de la de nuestro vecino.

Hay provincias que han avanzado en el cumplimiento de la ley, la registrar niveles más altos de JEE en sus escuelas estatales: así encontramos a Tierra del Fuego (55%), la ciudad de Buenos Aires (44%), Córdoba (29%) y Río Negro (24%). El resto del país no registra avances significativos en la aplicación de la jornada extendida.

En el conurbano la situación es extremadamente crítica. En esta área, donde residen el núcleo concentrado de la pobreza argentina y la mayor población primaria estatal de todo el país (618.000 niños), únicamente 13.362 asistían a escuelas con JEE; es decir, apenas un 2,2%. Para cumplir lo que dispone la ley, el gobierno de Buenos Aires debería multiplicar nada menos que 13,6 veces la cantidad de niños beneficiados. Como se observa, estamos todavía muy lejos de esta meta legalmente fijada, que busca fortalecer el aprendizaje escolar de los niños, principalmente los más humildes.

Las evidencias indican con toda crudeza la desigualdad de oportunidades educativas según el nivel socioeconómico de las familias y la provincia de residencia.

Veamos tres ejemplos de la desigualdad de nuestro sistema educativo primario considerando la cantidad de niños que están siendo favorecidos por la JEE. En la ciudad de Buenos Aires, 44 de cada 100 niños que asisten a escuelas estatales van a escuelas con JEE; si se cruza la avenida General Paz, como hemos visto, en el conurbano son apenas 2,2 los niños favorecidos. En Corrientes, 16 de cada 100 niños que asisten a escuelas privadas van a escuelas con JEE, pero en las estatales primarias esta cantidad se reduce a apenas 1,7. Y en Córdoba, 39 de cada 100 niños que asisten a primarias privadas tienen JEE, pero en las escuelas estatales primarias de la vecina Santiago del Estero son apenas 4,3 los niños beneficiados.

La clave de la inclusión social consiste en generar iniciativas para que los niños de familias con menores ingresos puedan acumular capital humano para salir de la pobreza. Hay que aumentar la capacidad de los pobres para obtener mejores ingresos por su trabajo que además sean permanentes. Para lograr este objetivo es imprescindible avanzar hacia una mayor igualdad de oportunidades en educación, más allá del nivel socioeconómico y del lugar de residencia. La tarea no es sencilla, pero debemos comenzar por abrir los ojos y reconocer que los niños pobres son muy castigados por la realidad educacional. Es hora de que cumplamos las buenas leyes vigentes.

Economista, miembro de la Academia Nacional de Educación

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