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Rio de Janeiro: el desalojo de una favela, el drama detrás del avance de las obras

Fuente: Reuters
Habitantes del asentamiento Vila Autódromo resisten ante la construcción del Parque Olímpico; "Nuestra historia está acá; es una cuestión de dignidad", el argumento común de los vecinos
Alberto Armendáriz
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5 de agosto de 2015  • 15:36

RIO DE JANEIRO.- Al costado del Parque Olímpico, bajo las sombras del centro de prensa y de un hotel, ambos en construcción avanzada, algunos habitantes de la favela de Vila Autódromo resisten las presiones de desalojo de la Alcaldía de Río de Janeiro, que quiere integrar el terreno al futuro barrio. No les importa tener cloacas a cielo abierto, calles polvorientas por las que desfilan grandes topadoras y perros vagabundos, o que la comunidad esté ahora repleta de montañas de escombros de casas de otros pobladores que hace rato aceptaron las indemnizaciones y se fueron. Para ellos, este es su hogar y lo defenderán hasta el final, convencidos de que algún día retornará la tranquilidad volverán a ver la luz.

"Mi historia está acá, no quiero que se pierda. Es una cuestión de dignidad y estoy en mi derecho de quedarme; no todo puede venderse. Ahora estamos rodeados de canteros de obras, pero todo esto eventualmente terminará y podremos tener una vida normal", afirmó a LA NACION la inmigrante paraibana María da Penha Macena, de 50 años, quien lleva 23 viviendo en Vila Autódromo, y ahora está de encargada de la garita de seguridad que los vecinos colocaron para filtrar el ingreso de las máquinas.

Después de que en marzo el alcalde Eduardo Paes firmó un decreto para la remoción urgente de la favela para que Río pueda terminar a tiempo los preparativos para albergar los Juegos Olímpicos, en junio hubo fuertes enfrentamientos entre los habitantes que se niegan a ser reubicados y funcionarios de la Secretaría de Vivienda, acompañados por policías que dispararon balas de goma. La propia Macena recibió varios golpes y entonces se decidió colocar la garita de seguridad.

"Estamos en una guerra; cada uno de los vecinos es dueño de hacer lo que quiera, pero mi familia y yo no vamos a darnos por vencidos fácilmente", apuntó la ex empleada doméstica que comparte una humilde casa con su marido, Luiz, 52, profesor de educación física en una escuela cercana, y su hija, Natalia, 26.

Fuente: Reuters

Numerosos grupos defensores de los derechos humanos protestaron ante las autoridades por los atropellos en su cruzada por modernizar la ciudad. Esperan que, al igual que sucedió antes del Mundial de Fútbol de 2014, el próximo año haya manifestaciones en contra de las remociones forzadas. De acuerdo a un informe del Comité Popular de Río, 75% de los 16.700 desalojos en los últimos cinco años han estado vinculados al Mundial y a las Olimpíadas de 2016.

Ubicada sobre la margen norte de la Laguna de Jacarepaguá, Vila Autódromo comenzó como en los años ‘60’s como un pequeño asentamiento ilegal de pescadores y obreros que trabajaron en la construcción del lindante Autódromo Nelson Piquet. La pista, sobre la que Carlos Reutemann fue campeón en 1978 y 1981, fue utilizada hasta 2007, y dos años después se anunció su levantamiento para construir allí el Parque Olímpico. Mientras tanto, los pobladores de la Vila lograron que en 2005 la Legislatura declarara su terreno "área de interés social" por 99 años; pensaron que eso los protegía de intentos de remoción.

"La Vila llegó a tener 3000 habitantes, pero en los últimos años por las presiones de la Alcaldía la población se fue reduciendo y hoy quedamos poco más de 100 familias, y cada vez hay menos porque las condiciones han empeorado con el intenso ritmo de construcción del Parque Olímpico", señaló Altair Guimarães, presidente de la Asociación de Moradores de Vila Autódromo.

Negociación y compensaciones

Según la Alcaldía, las familias que tuvieron que dejar el lugar ocupaban un área ambientalmente protegida sobre la laguna o estaban en la ruta de vías públicas en construcción. A los pobladores reasentados las autoridades ofrecieron como alternativa viviendas del programa social Mi Casa, Mi Vida, en el nuevo condominio Parque Carioca, a un kilómetro de distancia, que tiene espacio verde, pileta, guardería infantil y locales comerciales.

"En total, 590 familias dejaron la comunidad. De esas, 246 no precisaban salir, pero pidieron a la Alcaldía ser reubicadas de cualquier manera porque no querían permanecer en el lugar. Del total, 336 optaron por un departamento en Parque Carioca; las otras 254 fueron indemnizadas; el valor total de las compensaciones fue de 96 millones de reales (unos 27 millones de dólares). El proceso de negociación con los pobladores de la Vila fue siempre transparente. Fueron realizadas varias reuniones para el esclarecimiento y la atención individual de las familias", aseguró en un comunicado la oficina de prensa de la Alcaldía ante los pedidos de entrevista de LA NACION.

Sin embargo, no todos los habitantes comparten esa visión. María da Penha Maceda, por ejemplo, asegura que pese a que el alcalde Paes les aseguró que los que quisieran quedarse podrían hacerlo, este año redobló su empeño por forzarlos a salir.

En el límite de la favela con la transitada Avenida Embaixador Abelardo Bueno, la casa de la artesana Jane Nascimento de Oliveira, 56, quedó en la primera línea de batalla con las escavadora que comenzaron a trabajar la zona. Finalmente, ella, su marido Sebastião, 66, y sus dos hijas, Janaina, 26, y Jane, 24, cedieron hace un par de semanas y decidieron mudarse a cambio de tres departamentos de Mi Casa, Mi Vida, y una indemnización de 600.000 reales (172.000 dólares).

"Aquí ya no se podía vivir tranquilo. Cavaron esa gran tubería al lado, las paredes sufrieron rajaduras y en cualquier momento se nos cae el techo encima. Me voy con el corazón en la mano por dejar la comunidad, pero no veo otra solución", se lamentó mientras cierra las últimas cajas para la mudanza; afuera, una topadora estaba lista para demoler la casa apenas quedara vacía, como sucedió con todas las otras viviendas desalojadas.

/av

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