Suscriptor digital

De "Pepe Portación" a "la Morsa", la turbia historia que sacudió la política

Hugo Alconada Mon
(0)
5 de agosto de 2015  

Rápido para poner apodos, Sebastián Forza le colgó uno incluso a su asesino: "Pepe Portación". Así lo llamaba a Martín Lanatta, por su facilidad para conseguir licencias de portación y tenencia en el Registro Nacional de Armas (Renar). Ambos, Forza y Lanatta, eran muchachos de cuidado. El primero, porque era tan bocón, cocainómano y mentiroso, como simpático y entrador. Un cóctel peligroso que para 2008 lo posicionó como coleccionista de enemigos pesados. Desde narcos colombianos y mexicanos a ex socios en el rubro de las droguerías y la "mafia de los medicamentos".

Lanatta no se quedaba atrás. Vinculado a la barrabrava del Club Atlético Quilmes y con gustos de nuevo rico -autos de lujo, relojes ostentosos, cuatriciclos-, bravuconeaba ante quien quisiera escucharlo sobre sus vínculos supuestos con Aníbal Fernández. Ejecutado Forza en agosto de 2008, con el correr de las semanas y los meses los investigadores judiciales llegaron hasta Lanatta, quien acaso para cortar las especulaciones políticas, en octubre de 2009 le envió un correo al actual jefe de Gabinete, quien de inmediato se encargó de difundirlo.

"Desde ya le pido mil disculpas por el atrevimiento que me tomé en escribirle un mail", se presentó Lanatta, quien le pidió una mano en el Renar, donde decían que tras el triple crimen era un paria, al mismo tiempo que lo despegaba al funcionario. "Realmente lo único que sé de usted es que es un quilmeño como yo", planteó.

La pregunta que es obvia: ¿cómo consiguió Lanatta la cuenta de correo electrónico de Fernández?

En cualquier caso, los sabuesos judiciales siguieron su camino. ¿Cuál fue su hipótesis? Que "el Rey de la Efedrina", Mario Segovia, estaba harto de las tropelías de Forza, que su ex socio Ibar Pérez Corradi dio la orden de matarlo y que Lanatta fue "el entregador" con la ayuda material de su hermano, mientras que otros dos hermanos, los Schilaci se encargaron de los secuestros, las torturas, las ejecuciones y el ocultamiento de los cadáveres durante seis días. Durante el juicio oral, el tribunal dio por probado el eje central de esa hipótesis. Por eso condenó a Lanatta y a los Schilaci, pero Pérez Corradi ya se había profugado. Se sospecha que con protección política de la ex SIDE.

En rigor, la zona gris que conecta a los ejecutores del triple crimen con los sótanos del poder es más amplia. ¿Un ejemplo? Cuando Lanatta se escapó a Paraguay, a las 24 horas retornó en un auto de la ex SIDE, patente EXU 823.

Para entonces ya había salido a la luz otro apodo: "la Morsa". Es decir, un funcionario cuyo nombre real se desconoce, pero que daba protección política y judicial a Forza y otros malandras -entre ellos, aportantes a la campaña presidencial de 2007 de Cristina Kirchner- a cambio de cobrarles entre 200.000 y 250.000 dólares. ¿Quién es "la Morsa"? Desde hace años, Graciela Ocaña y Lilita Carrió sospechan que sería Aníbal Fernández, quien lo niega indignado.

Ocaña y Carrió no son las únicas. También Diego Ferrón, hermano de Damián, y Oscar Bina, padre de Leopoldo, las otras dos víctimas del triple crimen, creen que el jefe de Gabinete podría ser "la Morsa". Bina lo sospecha desde que un ex policía le susurró ciertos datos que completó con otros que le pasó un socio de Forza, ex agente a su vez de la SIDE. Bina volcó esos datos en un papel que entregó a la Justicia. Entre otros puntos, escribió: "Lanatta maneja los precursores para la cocina de las metanfetaminas, éxtasis y ice, hombre de Aníbal Fernández".

Sin embargo, Lanatta negó cualquier vínculo con Aníbal Fernández durante seis años hasta este domingo, para desconfianza del fiscal del caso, Juan Ignacio Bidone, quien planteó sus recelos: "Lanatta no es un improvisado; alguna segunda intención debe tener".

Bidone también recordó que la investigación judicial atribuyó la autoría intelectual del triple crimen a Pérez Corradi. Y a éste, a su vez, el ex policía José Luis Salerno ahora le atribuye que le dijo que Aníbal Fernández estaba al frente de la banda que conducía las operaciones de tráfico de efedrina.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?