El Teatro San Martín estrena los 40

Con actividades gratuitas en todas sus salas, el teatro recuerda hoy su inauguración, en 1960, cuando acompañó los festejos del sesquicentenario de la Revolución de Mayo.
(0)
25 de mayo de 2000  

Una institución, centro de la cultura porteña, cumple 40 años. Se trata del Teatro General San Martín, recinto pergeñado allá por 1950, cuando, ubicado en el mismo lugar, dejó de ser el Teatro de la Ciudad de Buenos Aires y adoptó el nombre del prócer en homenaje al centenario de su muerte.

El miércoles 25 de mayo de 1960, siendo intendente municipal Hernán M. Giralt, se realizó la primera inauguración del flamante teatro, construido por los arquitectos Roberto M. Alvarez y Macedonio Oscar Ruiz.

Esta inauguración precipitada, con la construcción sin concluir, permitió a las autoridades municipales adherirse a los festejos del sesquicentenario de la Revolución de Mayo.

La segunda inauguración, el 23 de noviembre de 1961, declarada oficial, fue realmente aquella que abrió las puertas a la cultura porteña.

Para celebrar el 40º aniversario del Teatro San Martín, el director actual, Kive Staiff, organizó para hoy una serie de actividades en las diferentes salas que desarrollan distintas disciplinas: fotografía, títeres, música y una función especial que recorrerá los 40 años de vida a través de monólogos, anécdotas y fragmentos de piezas teatrales, interpretados por actores y actrices que han transitado sus escenarios.

En general, para toda la colectividad artística este acontecimiento también tiene su parte emotiva especialmente para aquellos que, junto con otros actores que ya no están, lucharon para conseguir este teatro. "Para toda la ciudad significó algo muy importante -señala Irma Córdoba, una de las actrices que participó en la inauguración-. Fue, en ese momento, la recuperación de un teatro que estuvo cerrado durante muchos años. Después vino la alegría porque cuando al fin se inauguró, el complejo presentaba los mejores equipamientos técnicos. Sentimos que además de ser patrimonio del ambiente artístico, también lo era de toda la ciudad. "Elogios similares rememora Tamara Grigorieva, que era en esa oportunidad directora del Cuerpo de Baile del Teatro Colón y que también participó en el bautismo del San Martín.

"Nosotros actuamos ese día, con Esmeralda Agoglia, Olga Ferri y José Neglia, como primeros solistas -recuerda Grigorieva-. Aunque la memoria no me ayuda mucho -tengo 84 años, aclara sin pudor- sí tengo que decir que la sala me impresionó. Era fantástica. Otro detalle que quiero subrayar es la comodidad del escenario. El Cuerpo de Baile, acostumbrado al inmenso escenario del Colón, no tuvo ningún inconveniente de adaptarse al de la sala Martín Coronado.Tengo muy gratos recuerdos y quiero mandar mis saludos a toda la gente del San Martín."

Hoy, como ayer

En la ceremonia inaugural del 23 de noviembre de 1961 se presentó "Más de un siglo en el teatro argentino", espectáculo integrado por fragmentos de obras de autores argentinos, interpretados por los grandes de la escena: Luisa Vehil, Mecha Ortiz, José María Gutiérrez, Enrique Fava, Eva Franco, Fernando Vegal, Guillermo Battaglia, Luis Medina Castro, Gloria Ferrandiz, María Elena Sagrera, Irma Córdoba, Luis Arata, Camilo Da Passano, Amalia Bernabé, María Rosa Gallo, Alfredo Alcón, Milagros de la Vega, Francisco Petrone, Iris Marga, Santiago Gómez Cou, Juan Carlos Gené e Ilda Suárez.

El director de ese espectáculo fue Osvaldo Bonet.

"Para mí, el San Martín fue una gran parte de mi vida -explica Bonet-. El teatro se fue haciendo en la misma medida que mi carrera. Recuerdo que me metía en la construcción para espiar cómo iba creciendo. No puedo dejar de recordar que este teatro fue inspirado por Antonio Cunill Cabanellas, mi maestro, y siempre tuve devoción por él. Además de actuar y dirigir, llegué a ser director artístico en 1968. No pude ser director general porque el general Juan Carlos Onganía no me quería, ni yo a él. Tengo miles de recuerdos, pero los más fuertes fueron el abrazo que nos dimos con María Rosa Gallo, al terminar la función de "Las troyanas", o cuando Victoria Ocampo vino a ver "Los mirasoles", que yo dirigía, y me dijo: "Esto es una maravilla", o el agradecimiento de Ernesto Bianco al salir de un ensayo de "Cyrano de Bergerac" (obra que el actor estaba protagonizando en el momento de su muerte). "Esto te lo debo a vos", me dijo, y aún lo sigo escuchando." También María Rosa Gallo recuerda aquel abrazo y otros momentos no tan agradables en materia teatral, que sucedieron durante las últimas décadas.

"Sobretodo en nuestro país, donde hubo y hay muy pocos gobiernos que han mostrado interés por la cultura, tener al Teatro San Martín, es una maravilla -señala y agrega luego con preocupación-. Después de tantos años de luchas y a pesar de haber conseguido la ley del teatro, son pocas las posibilidades de hacer obras importantes. El San Martín facilita esto, que no es solamente para los actores, sino para todo el público. Y no es porque cuente con recursos ilimitados. En ese teatro, desde el director hasta el último de los técnicos hacen milagros para garantizar buenos espectáculos. Para nosotros es una casa que amamos desde las paredes hasta el último de los empleados y agradecemos a Kive Staiff por mantenerlo en permanente actividad."

Un poco de historia

El edificio ubicado en Corrientes 1530 fue cedido en 1937 a Leónidas Barletta para que instalara su famoso Teatro del Pueblo. En 1943, por un decreto municipal, la intendencia recupera el espacio para crear el Teatro Municipal de la Ciudad de Buenos Aires.

En 1950, con motivo del centenario de la muerte del general José de San Martín, se decidió bautizar el recinto con el nombre del Libertador. Pero para que la sala pudiera cumplir con los objetivos previstos necesitaba algo más: una estructura tecnológica que permitiera llevar a ese escenario obras nacionales y extranjeras sin limitaciones. Uno de los precursores de esta iniciativa fue Antonio Cunill Cabanellas, director y maestro de actores.

Considerando esta inquietud, la intendencia decidió en 1953 iniciar la construcción de un complejo teatral con las características que mantiene en la actualidad. Pero, en 1955, con la llegada de la Revolución Libertadora, se suspendieron las tareas de construcción.

Finalmente, en 1960, se decide la continuidad de la construcción hasta que en 1961, finalizadas las obras y con las salas convenientemente equipadas, el Teatro San Martín abrió sus puertas a la comunidad porteña para crecer con el calor humano de una importante corriente de público y que, en nuestros días, se sigue acrecentando con las nuevas generaciones. Así, el sueño de muchos se hizo realidad. Misión cumplida.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios