Suscriptor digital

A subirse al tren de Topa

Juan Garff
(0)
8 de agosto de 2015  

¡Todos a bordo! / Intérpretes: Diego Topa, Stephie Camarena Caire, Brian Cazeneuve, Joel Cazeneuve, Julio Graham, Mariana Magaña Inzunza, Enzo Ordeig y Hugo Rodríguez, Irene Goldszer (en video) y elenco de bailarines / Dirección: Santiago "Tato" Fernández y Natalia Del Castillo / Dirección de actores: Osqui Guzmán / Coreografía: Gustavo Carrizo / Dirección musical: Federico Montero y Mauro Cambarieri / Vestuario: Mercedes Arturo y Macky Sánchez Granel / Iluminación: Adrián Cintiolli / Sala: Teatro Ópera, Av. Corrientes 860 / Funciones: sábado 8, a las 14.30 y 17; sábado 15, domingo 16 y lunes 17, a las 14.30 y 16.30 / Nuestra opinión: buena.

La anécdota es sencilla. En un nuevo viaje de Topa al comando de su tren se le pierde su querido saco de capitán. Los Rulos, la banda musical de trillizos que forma parte de la tripulación, lo han tomado sin querer. El problema es que se les ha manchado y para peor, al tratar de limpiarlo, se les agranda y achica más acá y más allá del formato que calza Topa. Así que no se animan a reconocer que lo tienen ni mucho menos a devolverlo.

Las incidencias en torno a ese saco de valor simbólico y afectivo único e irremplazable permiten a cada personaje desarrollar sus características en ¡Todos a bordo!, tal como los conocen los chicos de la pantalla de Junior Express. Las breves escenas, mechadas con puentes en video y canciones, se suceden hasta llegar al destino del viaje en tren: el escenario del teatro para ofrecer un concierto. ¿Y el saco? A no preocuparse, el asunto se soluciona y todos amigos. Suena el tema final y vuelan papelitos para celebrar.

Los pequeños espectadores que llenan el teatro acompañan sin fisura. Claman por su ídolo, bailan, responden de acuerdo con lo esperado. Así, por ejemplo, la pequeña Joaquina, de tres años, que asiste por octava vez a la obra, según cuenta su madre, lleva preparadas las porras para acompañar el primer número musical. Al rato se coloca la peluca de los Rulos. También viste la falda de Doris, la vestuarista de Topa en la ficción, y tiene un banderín para desplegar en el momento oportuno. Se sabe todas las canciones, anticipa las acciones, pero no deja de estar atenta a lo que ocurre sobre el escenario.

Diego Topa trae algo más que el arrastre de la marca Disney en su paso de la televisión al teatro. Logra crear un vínculo de empatía con sus seguidores, más allá de que las canciones no pasan de lo previsible y la trama se reduce a ese juego sobre el objeto perdido simple, pero eficaz. Es que no es un objeto cualquiera, sino el que hace al personaje. No a Topa en sí, quien sostiene sin dificultad su protagonismo, sino al de conductor del viaje al teatro. Pero no cabe duda, que su público confía en que Topa sabrá resolver el problema.

El colorido tren -la obra- avanza sin pausa. Por momentos recorre alguna curva en el camino que lleva a incluir la platea. Topa entra y sale de la escena, abriendo espacio para el juego de cada uno de sus acompañantes, también al cocinero que interpreta el mismo Diego Topa. La dirección actoral de Osqui Guzmán y acota a cada uno con los trazos efectivos de la caricatura. Y el capitán Topa, ya con el saco puesto nuevamente, llega a su destino: divertir a los pequeños pasajeros.

Por: Juan Garff

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?