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El legado de Mores, en el Teatro Colón

El tributo al autor de "Uno" que realizó su nieto abrió el festival de tango
Gabriel Plaza
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12 de agosto de 2015  

A los 97 años, Mariano Mores hizo todo lo que tenía que hacer en el tango. Fue pianista prodigio, galán de cine, compositor de temas memorables con Discépolo ("Uno"), José María Contursi ("Gricel"), Cadícamo ("Copas, amigos y besos") y Manzi ("Una lágrima tuya") y creador de la Orquesta Lírica Popular, que internacionalizó su sonido, herencia de su paso por la orquesta de Francisco Canaro durante una década. Anteanoche se produjo un traspaso generacional y simbólico en la apertura del Festival y Mundial de Tango de la Ciudad. En el Teatro Colón, su nieto Gabriel Mores dirigió al sexteto y a los cuarenta músicos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires para recordar sus éxitos.

El maestro Mariano Mores disfrutó del concierto vía streaming, pero no quiso estar "ausente" del Colón y grabó un audio con un saludo (como lo hizo Gardel): "Buenas noches amigos de siempre. Les dejo mi corazón y quedan en compañía de mi orquesta". Fue la primera ovación de la noche en un teatro lleno.

La figura de Mariano Mores fue omnipresente desde el comienzo del concierto. El conductor Fernando Bravo pasó una grabación histórica del músico a los 14 años. En ese registro, realizado en una audición de radio en Barcelona cuando ya era considerado un adolescente prodigio en el piano, aparece la voz de su padre, que lo anuncia como "Lolo, el compositor relámpago": el audio demuestra por qué Mariano Mores a tan corta edad ya tenía visos de estrella.

Después Andrés Linetzky, director y arreglador de orquestas, heredero de los pasos del maestro Mores (tanto es así que en el ambiente del tango le decían "Marianito"), creó la atmósfera indicada para meterse en el universo de Mores. Sólo en el piano de cola interpretó con dúctil belleza y melodismo un popurrí de sus dos temas más populares, "Gricel" y "Cristal".

Con esa previa musical entró el nieto de Mores, quien fue cantor de su orquesta durante muchos años, para dirigir la Orquesta Lírica y Popular desde el piano, como lo hizo toda su vida el abuelo. Gabriel Mores no se achicó frente a semejante contexto y, con personalidad, dirigió el ensamble y repasó diferentes períodos compositivos del músico.

El comienzo del concierto, como lo hacía Mariano Mores, que tocó en vivo hasta 2012, fue con "Tanguera", una obra que permite expresar ese cruce entre el lirismo de las cuerdas y la rítmica de los bronces y el sexteto con batería.

El repaso por las composiciones de Mariano Mores le sirve a su nieto para contar fragmentos de la vida de su abuelo. Que "Cuartito azul" lo compuso para su primera novia; que "La Tablada" es el homenaje y el recuerdo a uno de sus mentores en el tango, Francisco Canaro; que "Una lágrima tuya" recuerda la asociación musical con Martín Darré, el arreglador de toda la vida de Mores; que "El firulete" revela esa búsqueda estética de sonido universal que quiso imponer con esta formación, y que "Serenata orillera" es el rescate de una joya olvidada que Mariano Mores compuso para una comedia musical.

Gabriel puso el foco del concierto en las versiones instrumentales de los temas y se ahorró el paso de cantores que muestren la sociedad de su abuelo con significativos poetas. Eso le dio un corpus lineal al concierto que se alteró con la líneas emotivas de las versiones o con los momentos biográficos relatados por Gabriel.

Sobre sus espaldas recaía la responsabilidad no sólo de dirigir la orquesta, sino de ocupar el lugar del maestro en el piano.

Los conocidos histrionismo y energía de Mores se extrañaron mucho. Gabriel fue más prudente y optó por la salida elegante de desarrollar los solos y la dirección con precisión y sobriedad. La selección del repertorio, también, le sirvió como toma de posición: "No hay tango nuevo y tango viejo. Hay tango", dijo a modo de introducción del atemporal "Uno".

El nieto de Mores se identificó de alguna manera con peso de llevar sobre sus hombros el ilustre apellido Mores, que también tuvo su padre Nito. "El abuelo quería que mi padre fuera pianista -recuerda Gabriel-. Es difícil salir a jugar si en el equipo están Messi o Maradona, por eso se dedicó a cantar. Nito se fue joven. Yo tenía 11 años."

Ahora es Gabriel el que continúa el linaje familiar y está sentado al piano frente a un Colón repleto. "Nací en una familia en la que la música siempre fue algo corriente y natural. Recuerdo que mi padre se sentaba a tocar el piano en un cuartito azul que teníamos en nuestra casa en Mar del Plata. Había compuesto un vals que nunca llegó a grabar. Eso me quedó en la cabeza. Un día se me ocurrió terminar eso y componer un tema juntos", dice, frente al silencio de un público emocionado.

El vals "Más allá de la vida", que Gabriel Mores estrenó en 2008, ahora vuelve a sonar en el Colón. "Es lindo que mi abuelo escuche la música que compuso su hijo y terminó su nieto. Con eso estoy hecho. Cuidar la música del abuelo y tocar tu vals, papá", finalizó. Fue el pico emotivo de la noche. Después llegaría el cierre nuevamente con "Tanguera" y un bis de despedida, que mucha gente (sobre todo turistas que pasan circunstancialmente por el lugar) sigue desde las pantallas ubicadas en la plaza seca del Colón.

Fue la inauguración del festival que formalmente comienza pasado mañana, con otro homenaje, esta vez al maestro Leopoldo Federico.

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