Canción porteña en el festival de tango

El encuentro incluye una sección de conciertos para el trabajo de nuevos creadores, como Juan Serén y Pacha González
Mauro Apicella
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21 de agosto de 2015  

El festival de tango les abre la puerta a algunos de los que hacen su propia historia con la música ciudadana. Los conciertos que el último fin de semana dieron Juan Serén y los Púa Abajo y el pianista Pacha González son el botón de muestra de esa diversidad que presenta hoy la fauna citadina tanguera.

Participan dentro de un segmento del festival denominado Nueva Canción Porteña, junto con otros, como Natalí Di Vizenzo, Victoria Raimondo (cantante de Altertango que se presentó con el guitarrista Hernán Reinaudo), Alejandro Martino (del colectivo artístico Tango Fresco), el proyecto Malamada, de Claudia Pannone, y la Orquesta Típica de Julián Peralta, que presentó el segundo volumen del álbum Un disparo en la noche, con obras nuevas.

Las preguntas que se hace el oído crítico giran en torno a qué se canta, cómo se canta y para quién se canta. Dentro de esas coordenadas, se puede descubrir a los que quieren tocar tango con letras propias, pero dentro de los clisés históricos y a los que arriman el tango a sus vidas y lo involucran en la medida en que esta música sirva para lo que quieren decir.

Juan Serén elige el tango de guitarras con pinceladas que parecen de rumba catalana y flamenca, y de candombe. Desde esa estética criolla de vieja usanza destila relatos suburbanos, celosamente custodiados por los Púa Abajo (Leandro Coratella y Ángel Colacilli), un dúo de ideas sencillas, claras y muy bien elegidas para este tipo de propuestas. Desde que apareció en la escena tanguera, hace algo más de un lustro, Juan usa palabras lunfardas caídas en desuso ("rante", "garufa", "fayuto" y frases del estilo de "perdí la carrera") en versos de anclaje actual. Serén es de esos cantores que tiene disociada la voz cantada de la hablada. Después de escucharlo hablar resulta difícil creer que es él quien canta, en un registro más alto y con timbre gastado y disfónico. Pero es él.

En el festival comenzó por temas que pintaron saturadas tragedias tangueras, como "Venganza", y nostalgias calamarescas, en el vals "Malos tragos". Luego se sumergió en piezas de su último disco, Casa Cuore, más personal, amplio en la temática y con formas de un cancionero más universal, que utiliza al tango como vía de salida. Su repertorio tiene algunas joyitas en las que asoma su personalidad, fuera de cualquier estereotipo.

Pacha González comenzó el concierto con dos de sus hits ("El tango interminable" y "Esa milonga"), que transitan una estética emparentada con el paso tanguero de Liliana Felipe y con ciertos giros que lo acercan a las ideas de Alberto Muñoz. Hay cierto histrionismo en su relato. Su desarrollo musical es un poco recurrente. Lo más interesante es que en su universo entra el mal momento que pasa en una milonga alguien que no sabe bailar, una postal actual del barrio de Mataderos y, en otra sintonía y con mucha fineza, un amor que no fue ni será ("Era").

Además, el pianista se luce con "Canción de cuna para la vieja luna": " Si nuestra pena es una, te doy mi canción de cuna,/ linda luna, para juntos poder descansar./ Luna comba larga, madrugada que se amarga/ en el vicio de esperar por esperar".

En sus composiciones hay, también, una vindicación de la elección a través del propio trabajo y de los espacios ganados. En el disco El tango interminable, cuando Pacha canta "El Goñi", no se refiere a Orlando Goñi, sino al boliche que llevaba ese nombre (hoy rebautizado Galpón B), que fue creado en este siglo y que abrió sus puertas con el fin de ser cobijo de una nueva camada de músicos. No es casual que Pacha González, en su concierto, convoque generosamente a músicos de distintas bandas, como invitados, para uno o dos temas. Los anuncie, cuente qué hacen y diga que son parte de un mismo espacio creativo. Mucho de la nueva composición tiene que ver con esto: sumar.

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