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Politólogos, los expertos en desentrañar el poder

Un congreso reciente en Mendoza, con récord de asistentes, mostró la vitalidad de la ciencia política argentina, que crece en producción, visibilidad e influencia
Raquel San Martín
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23 de agosto de 2015  

Ilustración: Sebastián Dufour
Ilustración: Sebastián Dufour

En la noche del domingo 9 de agosto, mientras los canales de televisión prolongaban sus coberturas de las PASO sin datos oficiales, una politóloga expresó en Twitter su malestar: se preguntó en 140 caracteres por qué la TV se empeñaba en invitar a sociólogos y encuestadores a analizar los resultados electorales, pero nunca a sus colegas de disciplina. Quien haya estado hace una semana en Mendoza habría compartido esa inquietud: entre el 12 y 15 de este mes hubo un récord de más de 2000 investigadores en el XII Congreso de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), que tuvo como sede la Universidad Nacional de Cuyo, en torno a un programa extensísimo y nutrido, con invitados internacionales y académicos argentinos que residen en el exterior pero no pierden los lazos de trabajo e interés con el país.

La postal mendocina es la muestra más reciente -con particular cobertura mediática este año, además- de la vitalidad de la ciencia política en la Argentina, que en las últimas dos décadas en particular creció en varios frentes: cantidad de alumnos y de graduados, publicaciones, redes con el exterior, presencia de argentinos en los círculos académicos de países centrales y visibilidad como voz autorizada para una tarea particularmente compleja: desentrañar los hilos conductores de la política y el poder en el país y en la región, del funcionamiento de sus instituciones, la representación política, las campañas electorales, la administración del Estado y un largo listado de temas cada vez más presentes en las preocupaciones cotidianas de los argentinos. ¿Alguien quiere entender por qué ganan los oficialismos en el país, cómo se construyen liderazgos, cuándo un gobierno puede ser llamado "populista", por qué el federalismo profundiza desigualdades o cómo "bajan" las políticas públicas a los territorios? Llame a un politólogo. Más aún, por fuera de la academia, los politólogos han ido ganando terreno en otros espacios: consultoría internacional, medios de comunicación, ONG, legislaturas, ámbitos gubernamentales y blogs especializados.

"La ciencia política está dejando de ser un círculo pequeño de especialistas. Hay una demanda de politólogos que tiene que ver con dos aspectos: un descontento general con la política y una necesidad de entenderla, y el reconocimiento a una disciplina que crece y tiene cosas para decir", apunta Martín D'Alessandro, profesor de la UBA y presidente del Congreso de la SAAP. Junto con sus colegas politólogos Marcelo Leiras -profesor de la Universidad de San Andrés- y el senador y ex jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina, escribió un artículo reciente que repasa justamente la consolidación de la disciplina entre 2005 y 2014. Algunas cifras suman al argumento: entre 2002 y 2011 la incidencia de estudiantes de ciencia política y relaciones internacionales en el total de estudiantes universitarios del país pasó del 0,9% al 1,1%, mientras la incidencia de los graduados creció mucho más hasta llegar al 2,4%, sobre todo por los alumnos de universidades estatales. Entre 2005 y 2014, además, se publicaron 658 artículos en revistas de ciencia política de Argentina. El trabajo registra politólogos en el campo de la "praxis": dos senadores, once diputados, un gobernador y tres ministros del Poder Ejecutivo nacional entre 2003 y 2014.

"Respecto a 20 años atrás, los politólogos están más presentes en gobiernos, legislaturas y medios de comunicación. Identificarse como politólogo es informativo y reputado. La disciplina se expandió de las universidades públicas a las privadas. Y los politólogos argentinos siguen exhibiendo una presencia internacional superior a la de sus vecinos", apunta Andrés Malamud, un ejemplo de esto último: graduado en la UBA, hizo su doctorado en el exterior y hoy es investigador de la Universidad de Lisboa, en Portugal. La disciplina tiene en el exterior, justamente, sus dos grandes próceres: Guillermo O'Donnell y Ernesto Laclau, los dos politólogos argentinos con más reconocimiento nacional e internacional, que hicieron sus carreras fuera del país.

"La ciencia política ofrece herramientas, marcos de análisis, teorías y conceptos para construir escenarios posibles y futuros. Permite ordenar lo que está desordenado, y la política generalmente es desordenada", sintetiza Facundo Cruz, profesor de la UBA y tesorero de la SAAP.

En una fábrica de dulces

No se trata sólo de que se hayan consolidado las carreras, o de que la continuidad de la investigación esté dando frutos en resultados e investigadores formados, sino también de circunstancias externas, comunes a buena parte del mundo. Para decirlo rápidamente, la democracia da trabajo.

"En los últimos 30 años se duplicó el número de democracias en el mundo. En los sistemas democráticos, la demanda de politólogos aumenta para poder administrar procesos electorales, legislativos y en áreas de políticas públicas. Hoy hay una gran cantidad de politólogos que trabajan en órganos electorales, en comisiones de Diputados y Senadores, así como en las burocracias de organismos provinciales y nacionales -explica Ernesto Calvo, profesor de la Universidad de Maryland-. En segundo lugar se crearon un gran número de herramientas técnicas para medir la eficacia de los sistemas electorales y de la implementación de políticas públicas. Hoy, académicos y profesionales como Nate Silver o Silver Jackman han remplazado a los ?gurúes' electorales de antaño. A partir de utilizar herramientas estadísticas para predecir elecciones o estimar la probabilidad de que proyectos de ley sean aprobados, esta nueva camada de investigadores está empezando a insertarse en el mundo profesional."

Calvo encuentra aún otras dos razones: un sistema global en el cual "muchas áreas de consultoría en política internacional están siendo ocupadas por especialistas en política comparada o en relaciones internacionales". Y un alto grado de colaboración entre economistas y politólogos, en universidades y en áreas de investigación de órganos internacionales.

Hay más: en América Latina el objeto de estudio de la ciencia política se ha vuelto particularmente interesante y desafiante. "Ser politóloga en América Latina hoy es como ser una niña a la que dejan entrar a una fábrica de dulces y le dicen ?probá lo que quieras': probablemente no haya otra región del mundo donde la innovación política se haya manifestado con tanta fuerza. En nuestra región hemos vivido en los últimos treinta años procesos inéditos de consolidación democrática, retrocesos autoritarios, explosiones del sistema de partidos seguidas de experimentaciones constitucionales y de régimen y también estabilidad. Tenemos fracasos políticos y éxitos también. Esta multiplicidad genera incontables posibilidades de estudio, comparación, y juicio normativo", se entusiasma María Esperanza Casullo, profesora de la Universidad Nacional de Río Negro.

Sigue: "En la región tenemos, además de diversidad, algo que es central para expandir la ciencia política: anomalías. Se supone que los populismos, por ejemplo, siempre gastan más de lo que tienen y generan caos e inflación: el caso es que mientras que la Venezuela chavista parece reforzar la teoría, tenemos al gobierno de Evo Morales que hace un manejo estricto de las cuentas públicas: en este caso, o decimos que el MAS no es populista o cambiamos la teoría. Y así sucesivamente; las posibilidades de comparaciones abundan".

¿Qué lugar ocupa la ciencia política en el debate público, compartiendo ese espacio con periodistas y analistas de otras disciplinas? "Depende del país -dice Malamud-. En EEUU los politólogos no participan de ese debate salvo excepcionalmente. En Portugal viven en la televisión. Argentina exhibe un buen equilibrio: los politólogos aportan información y análisis pero no monopolizan el espacio político y mediático."

Para Calvo, hay que mirar una influencia creciente por fuera de los grandes medios. "Durante muchos años, el debate político en los medios estaba dominado por periodistas y ?gurúes' de la política. Hoy hay blogs como The Monkey Cage, Pollster.com o fivethirtyeight que rutinariamente son utilizados por los medios de Estados Unidos como la ?voz autorizada' en temas políticos. En Argentina cada vez más se generan blogs y publicaciones que discuten de modo informado sobre cambios políticos. Aquí está la revista El Estadista o el blog de Andy Tow, lugares donde el público interesado busca datos políticos que antes eran inaccesibles."

Cuando miran hacia el futuro próximo, los politólogos apuntan al diálogo con otras disciplinas, a los estudios comparados y, en nuestra región, a la tarea de "explicar los modos de ser de la política latinoamericana", como dice Casullo. Y reconocen una satisfacción agregada a la de su creciente relevancia: si son demandados, la democracia está viva.

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