Murió Ana Baron, periodista y escritora brillante y querida

Tenía 65 años; hacía 14 años que era corresponsal del diario Clarín en Estados Unidos
Silvia Pisani
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21 de agosto de 2015  • 14:04

WASHINGTON.- Con la misma elegancia y dignidad con que vivió cada dia de su vida, la periodista y escritora argentina Ana Barón murió esta mañana en Nueva York. Tenía 65 años y había pasado los últimos cuatro trabajando con la alegría, pasión y compromiso con los que lo hizo siempre, dispuesta a darle épica batalla al cáncer que le habían detectado.

Brillante y entusiasta, era tanto hábil generadora de primicias como de enfoques acertados. Quienes tuvimos la suerte de tenerla por compañera de trabajo supimos siempre dos cosas: que, con Ana Barón al lado, la tarea sería sumamente exigente pero, también, que sería divertida. Ana amó la vida y amó la profesión que ejerció con talento sobresaliente.

En una profesión sumamente individualista, tuvo la virtud de unir y de acercar. Entusiasta anfitriona, estaba siempre rodeada de amigos. Caminar con ella por las calles o por los centros donde se suele generar información en esta ciudad era asistir a un concierto de «Hola, Ana... qué tal Ana...». Querida y simpática, con risa contagiosa y excelente sentido del humor, se hacía amigos fácilmente y era difícil no quererla.

Nació en Buenos Aires, donde asistió al ya desaparecido colegio Asunción, de donde recordaba divertidas anécdotas vestida de Juana de Arco. En la compleja década del setenta, se fue del país y no volvió a residir en él, pero se convirtió en una experta en sus devenires e incluso, en algunos rasgos de su cultura popular. De hecho, era una gran bailarina de tango, pasión a la que la llevó su marido, el economista Pablo Spiller. Ambos formaron una diestra pareja de danza que generó ovaciones en fiestas de amigos.

Sumamente respetada, políticos como figuras referenciales de la Argentina, que pasaban por aquí y a los que entrevistaba, solían terminar la charla con una pregunta: «Y usted, ¿qué piensa?». La opinion de Ana, que no siempre coincidía con la del entrevistado, era escuchada y valorada. Sobre todo, en sus enfoques sobre la relación bilateral y con organismos financieros. Se movía como pez en el agua en temas complejos, abordándolos con lucidez. En los últimos años fue referente en el complejo proceso judicial del país con sus acreedores.

Ganó varios premios periodísticos. Entre ellos y junto con colegas del diario Clarín, el Rey de España, por una comprometida investigación que revelaba lo que Estados Unidos sabía del golpe de Estado del setenta en la Argentina. Escribió varios libros, en inglés y en francés. Uno para entender las claves del gobierno de Bill Clinton y otro, sobre la guerra de Malvinas. Fue corresponsal de varios medios de prensa en París, donde vivió varios años, y luego en los Estados Unidos. Hace 14 años que era corresponsal de Clarín en este país.

En un día triste, es imposible no recordarla con alguna sonrisa. Eso es lo que despertaba Ana: una sonrisa. Incluso, desde el "Hola Pichi", con el que solía llamar cariñosamente a sus afectos. No habrá funeral -ella no hubiese querido- sino un homenaje en el Central Park y otro, de sus amigos en Washington. Habrá, seguramente, muchos más. Lo que si pidió es que, quienes quieran y puedan, hagan donaciones en su nombre a fundaciones que luchen contra el cáncer. Y aunque no suele escribirse esto en las evocaciones, seguro que también querría un buen brindis en su memoria. Porque se la va a extrañar. Y mucho.

Foto: gentileza Marcos Fecchino

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