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Tan gauchesco como experimental

Comenzó bailando malambo y llegó a la danza contemporánea independiente; ahora, estrenará Todos contentos, de El Descueve, en la Bienal de Arte Joven
Alejandro Cruz
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25 de agosto de 2015  

"1983. Vuelve la democracia. Nace mi hermano gemelo y diez minutos después nazco yo. Mi madre para diferenciarnos nos pone una pulsera roja y una azul. Azul, por peronista. Roja, por radical", así se presentaba el bailarín y coreógrafo platense Pablo Lugones en la obra Mi vida después, de Lola Arias. Eso fue un maravilloso trabajo biodramático que paseó por el mundo y cuya última función en Buenos Aires fue hace tres años.

Cuando este excelente bailarín y coreógrafo de apellido gauchesco estaba en cuarto grado empezó a estudiar danza. Folklore, para más datos (y tango, y flamenco). Esa etapa la cerró a lo grande: en 2000, junto a su hermano gemelo y otros amigos compitieron en el Festival de Cosquín. Ganaron en la categoría malambo combinado. "Éramos ocho haciendo figuras, formas, ritmos sonoros", explica en un bar de Villa Crespo este creador de la danza contemporánea independiente.

Ya en esas aguas, en ese otro circuito, estudió en el IUNA y paseó por los talleres de Carlos Casella, Gustavo Lesgart y Diana Szeinblum. Dirigido por ella, por ejemplo, hizo Alaska. Ahí aparecía con un cartelito que decía: "Estoy desesperado". En 2005 formó parte del Ciclo Contemporánea x 6, que tuvo lugar en el Teatro Alvear. Ésa fue la última vez que el Complejo Teatral programó un ciclo de coreógrafos independientes. A partir de esas funciones, reconoce, se sintió bailarín. "Y ahora, cuando salgo de un ensayo a otro, me digo: ya está, lo estoy haciendo, estoy haciendo lo que quiero", se dice y dice frente a un grabador cuidándose de su propio pudor.

Cuando todavía vivía en La Plata, en Buenos Aires no se perdía los espectáculos del grupo Krapp. Tampoco los de El Descueve. A Todos contentos, la obra de ese colectivo que la nueva edición de la Bienal de Arte Joven rescatará a 25 años de su estreno, no llegó a verla. Lógico: tenía apenas 16 años y lo suyo era el malambo. Sin embargo, el futuro siempre es incierto, hace poco fue elegido para formar parte del elenco que repondrá/revisitará/estrenará (use el término que quiera) para el retorno de esa producción icónica de un grupo icónico de la danza contemporánea argentina. "En cierto sentido será un homenaje de los artistas de esta generación al recorrido de ese grupo que marcó una etapa", cuenta. En el espectáculo que se estrenará el 8 de septiembre, Pablo "hará" de Carlos Casella. Todos contentos -aquel brillante y desbocado montaje de esos tremendos creadores- terminaba con Casella cantando "La pistola y el corazón". Fue su debut como cantante. Será, también, el debut como cantante de Pablo.

Casi a contramano de puestas con el nivel de producción de Todos contentos y Mi día después, este año Pablo Lugones estrenó dos montajes experimentales definidos por un clima de intimidad y pura intensidad. Con Celia Argüello Rena hizo Sociedad. Con Amparo González Sola, El becerro de oro (todavía en cartel en Elefante Club). Le interesaba encontrarse con pares con los que no había trabajado y admiraba. Para ambos montajes tuvieron dos aliados: las salas Elefante Club y La Casona Iluminada que se involucraron en los procesos. "Eso fue un punto de partida fundamental que está muy por fuera de tener que pagar el seguro de sala para que vayan dos espectadores", reflexiona. Al día del encuentro para la nota, agrega: "Son obras en las que el espectador puede generar una experiencia de mucha cercanía con la escena, puede sentir cómo varía la temperatura de la sala a lo largo de la obra y puede hacer foco en casi todos los detalles que suceden. Todo se vuelve visible: la respiración, el sudor, los sonidos, las pausas".

A lo largo del año -sea en la Bienal, en el Festival Arqueologías del Futuro, en el centro cultural Casa del Bicentenario- esas dos potentes experiencias volverán a crear ese ritual definido por el sudor, la respiración, la intimidad y el movimiento en estado puro. Como en otro de los tantos círculos de esta historia, Sociedad se presentará en octubre en el Tacec en la primera noticia que se tiene de su reapertura después de estar sin actividad. Pablo había inaugurado hace cinco años la sala experimental del Teatro Argentino. Eso fue con una obra llamada Random, que dirigía Carlos Casella (de quien hará su especie de doble cuando estrene Todos contentos).

También montó un espectáculo que llamó Los dobles. Lo hizo con José Lugones, su gemelo. Empezaba así: "Todos queremos tener un doble. ¿Quién no lo pensó alguna vez? Mirarse al espejo y esperar una respuesta, un gesto, de ese otro imaginario que nos mira enrarecidamente como diciendo «¿qué carajo haces ahí si yo estoy acá?». Esas cosas pasan, pero la ilusión termina cuando desaparece el reflejo". Aquello fue otra brillante propuesta experimental de cruce de lenguajes en la que los gemelos Lugones compartían escena con otras dos gemelas: las Zubiri.

En Compañía, compañía, la reciente propuesta de Jérôme Bel, también actuaban dos gemelos. Eso fue una oda a la diversidad de la cual formaron parte gente grande, una joven en silla de ruedas, unos gemelos con síndrome de Down, una bailarina clásica, unos niños y un ex bailarín de malambo (el mismo Pablo Lugones) devenido en creador de danza contemporánea. Todo ellos bajo la tutela de un francés que es toda una marca en la escena más experimental y que vino para formar parte del ciclo "Al borde de sí mismo".

"Todos, bailarines profesionales o no, estábamos en el mismo plano. Fue interesante desdibujar el valor de cierta expresión y componer en un mismo plano todos juntos. Su obra no sólo pone a todas las danzas en pie de igualdad, sino que opera con ese mismo mecanismo sobre los performers y hasta sobre él mismo. Esa experiencia me reforzó la idea de que muchas veces el lugar del director está muy sobrevaluado, como si se creyera que la obra fuese solamente de él. Yo creo que las obras son de quienes las hacen, las piensan, ponen el cuerpo, investigan y las ejecutan", dice ahora en un bar, escribe y acota el día después.

"Yo muero el 3 de octubre de 2030 colgado de un ombú como un gaucho melancólico y sin hijos. La llanura estará seca por el monocultivo. Las vacas enfermas, los caballos nacerán con una sola pierna. No habrá más ñandúes ni ovejas, pero aún quedarán algunos gauchos drogados bailando malambo", decía en Mi vida después. Algo de este paisaje del día final no se condice con la realidad: tiene un hijo de dos años y medio que ama bailar a lo Michael Jackson.

"Es cierto -se ríe cuando se lo contrasta con aquel imaginario de morir sin hijos-. El futuro es incierto por más que intentemos cerrarlo en una idea graciosa. Te sorprende día a día." Un día, estando en cuarto grado de la primera, empezó a estudiar danza. Otro día impreciso se dio cuenta que la danza era su manera de expresarse. Centrado en ese desafío, este año Pablo Lugones, el doble de un tal José Lugones y pariente lejano del tal Leopoldo Lugones, no para de multiplicarse.

Alaska

Dirigido por Diana Szeinblum presentó este estupendo trabajo en el Konex, en el mismo lugar en donde, en días, estrenará Todos contentos.

Sociedad

Con Celia Argüello Rena hizo esta obra estrenada en Elefante Club, que se estima que en octubre presentarán en el desaparecido Tacec.

Mi vida después

En esa escena se ponía las botas que habían usado su bisabuelo y su padre, y se largaba a bailar un malambo en el que los tres cuerpos eran uno.

Todos contentos

A 25 años del estreno de ese montaje de El Descueve, integra el nuevo elenco de este espectáculo que se presentará en la Bienal de Arte Joven.

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