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Del Docke a San Isidro, las nuevas zonas emergentes

Mientras algunas apenas comienzan a mostrar un cambio de habitantes y edificios, otras crecieron tanto que ya atraen gente de diversos lugares
Sebastián Ríos
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29 de agosto de 2015  

Cuando la familia de Carolina Artuso se mudó en el año 2000 a la esquina de Italia y Colombres, en Lomas de Zamora, el barrio era como cualquier otro: casas bajas, árboles y la necesidad de viajar a Capital si el plan era salir de compras, a comer o a pasear. "En 2009 comenzaron a instalarse un par de heladerías, luego otros locales gastronómicos, y de ahí en adelante vinieron los comercios de todo tipo", cuenta Carolina, de 19 años, que actualmente se prepara para ingresar en la universidad el año próximo.

Su barrio hoy es conocido como Las Lomitas, un centro comercial que atrae cada vez a más gente que viene a visitar los nuevos restaurantes, tiendas de ropa, de diseño y de decoración que desde hace unos años comenzaron a instalarse en esta zona del sur del Gran Buenos Aires. "Ahora el barrio está hermoso, al haber tantas casas comerciales hay mucha más seguridad y es mucho más tranquilo -afirma Carolina-. Un sábado por la tarde podés salir a caminar y sentarte en un bar. Antes para poder hacer ese paseo tenías que ir a Capital, a lugares como Palermo."

Tanto Las Lomitas, en Lomas de Zamora, como la Avenida de Mayo de Ramos Mejía, las cuadras del porteño Parque Patricios donde se ha instalado el Distrito Tecnológico, el tradicional bajo de San Isidro en zona norte o incluso el micro emergente Docke frente a La Boca tienen en común ser lugares cuyo paisaje urbano cambió en los últimos años. En algunos, como Parque Patricios, los modernos edificios que hoy albergan empresas de tecnología aún comparten medianera con las mismas casas que cualquier visitante podía encontrarse al pasar por allí hace diez, 20 o 50 años atrás; en otros, como el shopping a cielo abierto que hoy ocupa la Avenida de Mayo, en Ramos Mejía, ya quedan pocos vestigios que puedan hablar de cómo era caminar por esa zona hace unos pocos años. Pero ¿cuál es el motor del cambio?

"Son muchos los factores que intervienen en estos procesos", responde Eduardo Reese, urbanista y director de Derechos Económicos y Sociales del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), y enumera: "La necesidad del mercado inmobiliario de identificar nuevos sectores de rentabilidad urbana donde poder desarrollar negocios inmobiliarios para atender a la demanda que genera el crecimiento de la ciudad hace que se esté monitoreando en busca de lugares que constituyan nichos de oportunidad, que reúnan determinadas características, como puede ser la accesibilidad. Así es como, por ejemplo, surgió lo que hoy es Palermo Soho".

"El desarrollo de una zona también debe ser posibilitado por ciertas medidas de corte regulatorio. Por ejemplo, que se instalen edificios de altura hoy en Lomitas sólo es posible si el código lo permite", agrega Reese. Efectivamente, la construcción en altura es el cambio más reciente (y visible) que experimenta el centro comercial de Lomitas: "En los últimos años empezaron a construir muchos edificios altos por la zona, pero sólo acá en Lomas, porque en Temperley que está al lado no se permite construir esos edificios", confirma Carolina.

Shopping a cielo abierto

A tan sólo media hora de auto de Lomitas, la Avenida de Mayo que nace en la estación de Ramos Mejía también vive un cambio radical en su fachada. "Quien no haya visitado la zona en los últimos cinco años se sorprenderá por cómo ha cambiado, le resultará difícil de reconocer el lugar", asegura Daniel Santarciero, de la inmobiliaria Marta González, en el corazón del cambio: Avenida de Mayo y Espora, Ramos Mejía.

Las primeras ocho cuadras de la avenida ofrecen la posibilidad de recorrer un shopping a cielo abierto. A los servicios que siempre poblaron el barrio (bancos, telefonía) se sumaron en los últimos años locales de las principales primeras marcas de ropa, junto con tiendas de muchas de las principales cadenas, tanto de librerías, como Cúspide, o café, como Starbucks. El aún hoy en ascenso costo de los alquileres de los locales comerciales arrinconó a los negocios de barrio que tuvieron que mudarse a otras calles. "Ramos se ha convertido en un polo que atrae el alto consumo de las localidades vecinas, como Haedo, Morón o Caseros -dice Santarciero-. Quienes viven en esas zonas y no tienen la posibilidad de conseguir ciertos productos o servicios vienen a Ramos y no necesitan ir a Capital."

Aquí el cambio comenzó en 2006, cuando la zona comercial empezó a "estirarse", y sumó cuadras, pero se aceleró en los últimos tres años, hasta tal punto que contagió a las calles transversales e incluso a la paralela Necochea, que asumió un perfil más gastronómico. "El restrictivo código impide construir en altura, pero aun así hay emprendimientos inmobiliarios nuevos", agrega Santaciero, y destaca que, a tan sólo cuadras de Avenida de Mayo, la avenida San Martín ofrece un contraste curioso: "El sector comercial nunca arrancó y está como hace 10 años".

El nuevo viejo Bajo

Del otro lado de la ciudad de Buenos Aires, el Bajo de San Isidro también es un barrio que ha cambiado, aun cuando ediliciamente conserva las características de antes. "Noto que el barrio está mutando -dice Magalí Ferraro, arquitecta de 29 años que el jueves último almorzó en el Mercado del Bajo, que abrió a fines de abril-. Hay una mayor oferta de lugares para comer, con una propuesta tipo vintage o retro, que me gustan mucho. Además se conserva la tranquilidad típica de esta zona." A unas pocas cuadras, Diego Rolón, de 32 años, almorzaba en el también flamante La Anita Brooklyn: "Es una zona en crecimiento, con una interesante apertura gastronómica, que me permite escapar del quilombo".

"En el Bajo hoy hay mucha movida gastronómica, pero también artística y cultural, que comenzó con algunos pocos locales hace unos 5 años y que le están cambiando la fisonomía al barrio", sostiene Cecilia Nigro, directora de la agencia The Wow Factor, que destaca el perfil relajado de las propuestas y de los visitantes: "Hay mucha gente local y de los alrededores que viene al Bajo en busca de una propuesta cerca, al aire libre, no tan cara y por sobre todo relajada".

Desde redes sociales y en radio, The Wow Factor recomienda a través de su Sello distintas propuestas; en su edición 2015, por ejemplo, aparece El Puesto de Fabio Alberti, hamburguesería a cielo abierto que se cuenta dentro los hits del Bajo. Otras nuevas e interesantes opciones para visitar son Rawal Warehouse, La Pancha del Bajo o la vinería Dama Juana. La realización de eventos gastronómicos masivos, como Bocas Abiertas (este mes se hace el próximo), o de arte, como Puertas Abiertas, también instalaron los encantos de esta zona ribereña de San Isidro que históricamente había sido relegada y poco desarrollada.

Distrito Tecnológico

Parque Patricios, en el sur de la ciudad de Buenos Aires, es un barrio que desde la creación del Distrito Tecnológico y la siguiente instalación de más de 200 empresas en sus calles (166 ya se encuentran en operación; 51 en obra o por mudarse) presenta hoy un paisaje mixto, en el que conviven las viejas e inmutables casas del barrio, cuyas fachadas remiten a estilos arquitectónicos que atraviesan todo el siglo XX, con modernos edificios en los que hoy funcionan empresas como Bangho, Dridco, Posnet, Telefónica, Tata o Iplan, entre muchas otras.

Exo es un caso que ilustra el cambio de Parque Patricios. La empresa tecnológica se mudó hace un año y medio a Chiclana 3436, y sumó 450 personas a la población que en los días de semana ingresa a este barrio para trabajar. Annelise Ghirardi, de 28 años, forma parte del área de Recursos Humanos de Exo y todos los días hace la combinación de las líneas de subte B y H para hacer el camino Villa Urquiza-Parque Patricios. "El barrio está bien conectado, ya sea a través del subte que me deja a 5 cuadras de mi trabajo y el Metrobus. Tengo una hora de viaje para venir desde casa", cuenta Annelise, y señala que en el tiempo que lleva en el Distrito Tecnológico hubo cambios en el paisaje. "Cada vez hay más empresas. Atrás nuestro en el terreno baldío hoy hay un edificio; en la cuadra levantaron hace poco las oficinas de otra empresa, y ahora en la esquina de Chiclana pusieron un barcito con onda", relata, al tiempo que admite que la oferta de servicios del barrio todavía es escasa: pocos bancos, pocas farmacias, pocos bares y restaurantes. "Después de las 6 de la tarde, cuando la gente que viene a trabajar se va, las calles quedan vacías", describe Annalise, y da un ejemplo: "Si hay algún plan de after office no es en el barrio, sino en el microcentro".

El secreto del Sur

Desde hace unos 12 años, Nicolás Calvar se dedica a buscar locaciones para la filmación de películas y publicidades. Pero la búsqueda que lo llevó al galpón de centenarias paredes de ladrillo a la vista en el Docke, Avellaneda, donde nos encontramos es de tipo personal: hallar un sitio donde instalar un taller de carpintería, un hobby- trabajo. "Siempre me gustó la carpintería, vengo de una educación técnica, me gustan las herramientas -cuenta-. Cuando me mudé empecé a hacer cosas sólo para mí, y de a poco me animé a ofrecer los muebles que hago a mis amigos", relata.

Afuera, el Docke, a metros del Riachuelo y frente al barrio porteño de La Boca, transcurre con ese ritmo lento y casi despoblado que caracteriza por los grandes barracas y cierto aire sórdido. El paisaje fabril es de película. "Es muy pintoresco, muy escenográfico", dice, al tiempo que advierte sutiles vientos de cambio impensados en este barrio: la calle de atrás fue asfaltada y favoreció el ingreso a Capital y, también, se hicieron mejoras notables en la calle ribereña. Incluso los vecinos, afirma Nicolás, empezaron a poner en valor una zona que todavía es microemergente. "Llegué acá por casualidad, buscando un sitio cerca de casa para montar el taller, y el lugar me encantó. Las veces que vinieron mis amigos a visitarme no podían creer lo que era el lugar. No conocían esta parte del barrio y les encantó", dice Nicolás, y asegura que "es una zona con mucho potencial para hacer un montón de cosas". Nadie puede asegurarlo, por ahora. Pero quién sabe, quizás en algunos años otros sigan el camino emprendido por Nicolás, "un pionero", y el Docke logre transformarse en uno de esos lugares de moda. "A mí me gustaría que mantuviese el espíritu -dice Nicolás-; de hecho, esta semana me vienen a arreglar el portón, pero lo quiero mantener con la misma estética de viejo galpón."

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