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La estación de Ciudad Universitaria ya funciona, pero sin la señalización correspondiente

La obra inaugurada el sábado por la presidenta Kirchner finalmente pudo ser estrenada hoy, a pesar que de faltan obras de señalamiento ferroviario; aseguran que la estación es "segura" y "operable"
Matías Ahumada Rioja
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2 de septiembre de 2015  • 16:28

Hoy, los usuarios de la línea Belgrano Norte por fin pudieron utilizar la estación Ciudad Universitaria. La obra había sido inaugurada el sábado por la presidenta Cristina Kirchner , pero en los siguientes días, quienes intentaron utilizarla vieron a los trenes seguir de largo.

Sin embargo, hoy los pasajeros subían y descendían de los trenes con normalidad en la flamante estación, que además conecta directamente con la sede de Ciudad Universitaria. El cambio representa un alivio porque hasta entonces, había que bajarse en la estación Scalabrini Ortiz, y caminar casi 10 cuadras.

Sin embargo, la estación no está terminada. Así lo demuestran los numerosos operarios que pululan actualmente por la estación, en la que aún no están finalizadas las obras de señalamiento semi-manual para trenes ni otras eléctricas, como el sistema de boletería.

En los usuarios, Conformidad

Poco les importan esos faltantes a los usuarios, que manifestaron su conformidad con las obras realizadas.

Nicolás Giordano, 23 años, quilmeño, estudia Arquitectura. En cuatro años ha alternado colectivo, tren o incluso su auto personal para llegar a la facultad. Cuando lo hacía en tren, no tenía más opción que bajarse en Scalabrini y caminar. "Antes, escuchabas el tren y sabías que no llegabas, porque no vas a correr 15 cuadras" dice, y confiesa que en "el último año y medio" viene en tren. "No siempre viajo sentado pero llego media hora antes y sé que no va haber piquetes ni problemas de tránsito", señala.

Su colega y tocayo, Nicolás Beracochea, de 20, vive en Torcuato. Asegura que dejar de caminar esas 10 cuadras es un cambio "importante" y que recién hoy se enteró que la estación ya estaba habilitada. "Ayer venía llegando con la ilusión de que parara acá -cuenta, pero siguió de largo. Esta mañana ya me bajé acá".

Hay otros estudiantes que, como él ayer, están desinformados. Mientras esperan el colectivo, Sol Pereiro, Florencia Baigorria y Fernando Solari, jóvenes estudiantes del CBC de Medicina, piensan que el tren no está habilitado. "Cuando ya esté habilitado, a mí me va a servir", asegura Florencia.

A pocos metros, Sol Ludueña y Evelyn Santa Cruz, ambas de 19, y estudiantes de Diseño de Indumentaria, sacan fotos. Según Sol, el boleto de ida y vuelta "está a 16 pesos", y por eso no toma el tren. En realidad, el boleto no sólo no está a lo que sería casi cuatro veces el precio normal, sino que es, en los hechos, gratis. Los molinetes están instalados pero todavía no cuentan con la instalación eléctrica.

¿Por qué no funcionaba el día del estreno?

Ariel Franetovich, presidente de Trenes Argentinos Infraestructura Ferroviaria, recorre con sus gerentes la estación. Franetovich, ex intendente de Chivilcoy y ex ministro de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires, es un hombre considerado cercano al ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo.

La empresa que dirige es la responsable de la infraestructura, es decir, de hacer la estación y ponerla a disposición de la empresa operadora, encargada de hacer las restantes obras eléctricas y de señalamiento. En este caso, Ferrovías, del grupo Emepa, de Gabriel Romero.

Franetovich explica que ese intervalo en que la estación estuvo oficialmente inaugurada, pero sin funcionar, se debió a la "mala comunicación" con la empresa operadora. Y si bien descarta que haya habido intencionalidad por parte de Ferrovías, cree que tal vez hubo "falta de compromiso" del otro lado. "A lo mejor, si hubiesen sido ellos los que hacían la estación, como en otras épocas, hubiesen mostrado otro interés", confiesa con cierta ironía.

Sin embargo, el funcionario resta importancia a ese intervalo de tres días. "Hemos esperado treinta años, tres días no cambian. Lo importante es que esto está directamente conectado a la universidad y que las chicas que antes no querían tomar el tren porque no querían caminar solas, se pueden bajar acá sin problemas", resalta.

A su alrededor, operarios de Herso y de Ferromel, empresas del grupo Emepa contratadas por Ferrovías para realizar las obras que faltan, hablan por handy, tiran cables, mueven estructuras e instalan cajas eléctricas.

Sin terminar las obras de señalamiento ferroviario

Parado al final del andén, un banderillero sostiene una bandera roja, con la que le indica al chofer de la locomotora que es allí donde debe parar la formación. Es la solución alternativa ante la falta de señales.

Sin deseos de dar su nombre, los numerosos empleados de Ferrovías que se encuentran trabajando en la estación aseguran que "no hay ningún inconveniente" con la seguridad, ya que la estación está "operable".

"Las señales automáticas funcionan. las que aún no están instaladas son las semi-manuales, pero mientras haya personal calificado cumpliendo estas tareas, no hay ningún problema -explican algunos operarios. Creemos que para la semana que viene ya va a estar todo hecho, aunque no es seguro. Si no empezamos antes es porque no nos daban la autorización para empezar a trabajar", aseguran.

Arriba del andén, está la oficina del encargado de la estación. Tras el cambio de turno, quien queda a cargo como máximo responsable es "Christian", quien se rehúsa a dar su nombre completo y asegura que es necesario contar con "autorización" para hacer preguntas.

"Si querés saber para cuando van a estar listas las obras, llamá a Atención al Cliente", espeta. Un pasajero se le acerca para preguntarle si puede tomar el tren después de las diez de la noche. "De 22 a 4 la estación cierra por las obras", le explica.

En eso, un operario de Herso que está tirando cables le pide a uno de Ferrovías una linterna. "No tengo" -le contestan. "¿Y qué hago si se corta la luz? ¿Cómo trabajo?" -insiste el hombre. Hombros y cejas levantadas y una expresión de y-yo-que-sé le dan por respuesta.

En el andén, a los pasajeros que esperan el tren no parece importarles la escasez de linternas.

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