Verdi vs. Wagner

Alberto Catena
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3 de septiembre de 2015  

El pimiento verdi / Libro: Albert Boadella / Intérpretes: Nacho Gadano, Damián Mahler, Nacho Mintz, Carolina Gómez, Santiago Sirur, Mirta Arrúa Lichi, Víctor Hugo Díaz y Flor Benítez / Sonido: Miguel Álvarez y Ernesto González / Escenografía: Josune Cañas / Vestuario: Isabel López / Iluminación: Bernat Jansà / Dirección: Alberto Boadella / Sala: Martín Coronado del Teatro San Martín / Duración: 110 minutos.

Nuestra Opinión: Buena

Es indiscutible que Giuseppe Verdi y Richard Wagner, siendo ambos auténticos genios musicales, encarnaron modelos de personas y visiones de la vida que estaban en clara oposición. Y que la figura del maestro nacido en Le Roncole es mucho más entrañable en lo humano que la del compositor alemán. También que en el medio operístico se ha alimentado a través del tiempo una rivalidad entre grupos que se pelean por imponer su idea de que uno de los dos músicos es más trascendente que el otro. Una riña que, en su ciega y estúpida inutilidad, impide a veces que se goce sin prejuicio de ambos y se reconozcan virtudes que a ninguno de ellos les faltó.

Es indudable que la mayor complejidad musical de Wagner influyó en el último Verdi, pero eso no disminuye ni un ápice la grandiosidad de este último, que siempre compuso con un estilo que lo hacía distinto de cualquier otro creador. Por otra parte es difícil encontrar partituras que, como las de Verdi -y hecha la excepción de Bellini y Donizetti-, permitan a los artistas de buena línea de canto expresarse con tanta intensidad y belleza. Pero ese disfrute, que es arduo ubicar en la ópera wagneriana, donde el canto en particular de sus intérpretes masculinos suele ser menos mórbido, tiene equivalentes igualmente conmovedores en la fascinación que provocan sus magníficos pasajes orquestales.

Alberto Boadella, el talentoso fundador de la compañía Els Joglars en 1961 y actual director de Los Teatros del Canal de Madrid, ideó a partir de las rivalidades entre verdianos y wagnerianos una agradable comedia musical que, además de deleitar a los amantes del género y a los que no lo son con deliciosas arias, intenta también hacerlos pensar sobre los temas que abordan dos grupos contendientes en las polémicas que mantienen sobre las bondades de uno u otro autor en un restaurante al que asisten, llamado El Pimiento Verdi en honor al operista italiano.

El espectáculo, que se torna algo largo, dedica casi su primera mitad a esta última finalidad de hacer reflexionar al espectador sobre asuntos ya conocidos, aunque dignos de ser reflexionados, como el antisemitismo de Wagner, la utilización que hizo el nazismo de su música o al supuesto empobrecimiento o giro elitista al que habrían llevado las líneas musicales respectivas de los dos genios en la creación posterior a ellos. Todas cuestiones con excelente miga para el debate, pero que por alguna razón empantanan la comedia en una zona tediosa de la que no pueden sacarla ni siquiera algunas logradas secuencias musicales.

Ya transcurridos unos cuarenta y cinco minutos o algo más, la revelación de un grupo de que en realidad está simulando ser wagneriano para suscitar la polémica y el consiguiente acuerdo para armar escenas con elementos de los dramas de ambos compositores, el espectáculo da un vuelco dinámico, de sana irreverencia y mucha más teatralidad, que no abandonará hasta el final. Entre los cantantes es especialmente destacable la tarea de Carolina Gómez y Arrúa Lichi, las dos sopranos, que seducen por la calidad de sus voces y la seguridad de su canto. De los dos tenores brilla más Nacho Mintz, por la fresca sonoridad de su registro, y un poco menos Santiago Sirur, cuya musicalidad es empañada por momentos por una emisión algo dura. Muy simpáticas las intervenciones de Nacho Gadano y Víctor Hugo Díaz e impecable la del pianista Damián Mahler.

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