Unasur queda de lado en la crisis entre Colombia y Venezuela

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
La organización no fue convocada por Colombia, que intentó involucrar a la OEA pero sin suerte: no obtuvo los votos necesarios
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8 de septiembre de 2015  • 01:12

Tarde o temprano iba a suceder. Unasur ha quedado de lado en la crisis fronteriza que ha estallado entre Colombia y Venezuela como consecuencia de la arbitraria decisión de Nicolás Maduro de cerrar la frontera que separa a su país de Colombia, a la altura del paso de Cúcuta, en la zona de Táchira.

Al hacerlo declarando allí el "estado de emergencia", las fuerzas de seguridad venezolanas violaron, con total impunidad, los derechos humanos y las libertades de dieciséis mil indefensos colombianos, personas que en general son muy humildes y tienen escasos ingresos. Ese número es, entre deportados y desplazados colombianos, más del doble de quienes conformaron la conmovedora columna de refugiados sirios que llegara a Alemania el fin de semana pasado. No es un problema humanitario menor, entonces.

Unasur no ha sido convocada por Colombia esta vez. Quizás por la precipitada y casi automática reacción pro-venezolana de su secretario General, Ernesto Samper, un izquierdista ex presidente colombiano que no puede ingresar a Estados Unidos. Esto porque no se le otorga la visa necesaria en razón de que existe evidencia de que, en su momento, fue electo como presidente de Colombia luego de una campaña electoral en la que se utilizaran contribuciones financieras del narcotráfico.

Samper tiene ciertamente el perfil adecuado para un organismo regional que generalmente funciona a la manera de apéndice sumiso de los "bolivarianos". Como quedara claramente acreditado en las torcidas reacciones de Unasur ante las crisis de Pando, en Bolivia, y de Paraguay, cuando este país fuera suspendido en su membrecía de la entidad para, ilegalmente, permitir así el ingreso de Venezuela, ante la enorme presión de Hugo Chávez. Por el momento, entonces, Unasur está raleado. Puesto de costado y notoriamente desairado, en lo que es un no demasiado inesperado fracaso.

Por esto Colombia, con razón, intentó en cambio involucrar a la OEA. Al ente regional al que esencialmente se intentara desplazar con la sobreabundante creación de Unasur para excluir del diálogo regional a Canadá, Estados Unidos y México. Y a Centroamérica toda para encerrarnos en "nosotros mismos".

Colombia intentó involucrar a la OEA, al ente regional al que se intentara desplazar con la sobreabundante creación de Unasur para excluir del diálogo regional a Canadá, Estados Unidos y México. Y a Centroamérica toda para encerrarnos en "nosotros mismos".

Pero a Colombia no le fue bien en la OEA. Porque los "bolivarianos" se opusieron a su intervención, con el acompañamiento de los pequeños países caribeños a los que Venezuela seduce -y parece tener cautivos- con ventas subsidiadas de combustibles. En cambio, los países centroamericanos se alinearon (salvo obviamente Nicaragua) con los tres del norte del hemisferio, sumados a Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, acompañando todos a Colombia con sus votos. Venezuela votó en contra, naturalmente. Y la Argentina y Brasil absteniéndose, sabiendo perfectamente bien que de esa mal disimulada manera derrotaban a Colombia, que entonces no pudo obtener los votos positivos que se requerían para que la OEA efectivamente pudiera ocuparse del tema.

Cabe preguntarnos por la razón de la Argentina de haber votado así, de la mano de Brasil. Es probable que ella haya tenido que ver con tratar de "preservar" a la humillada Unasur, evitando que la OEA interviniera. Por esto también la rápida disparada de los cancilleres de la Argentina y Brasil, que se reunieron con Nicolás Maduro y su vicepresidente, Jorge Arreaza, en procura quizás de que se les pida la posibilidad de mediar en la crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela. Sin que aparentemente nadie los convocara. Aunque presumiblemente con el "guiño" venezolano y el constante deseo de seguir marginando a la OEA. Ambos cancilleres se reunieron luego con su par colombiano, María Ángel Holguín.

En paralelo, pero coincidentemente, el asediado Rafael Correa, presidente de Ecuador -una vértebra central de la columna vertebral "bolivariana"- está empeñado a que se concrete una cita presidencial entre Colombia y Venezuela, a la que lo cierto es que ninguna de las dos naciones se niega, pero en la que Correa parece querer intervenir personalmente, de alguna manera mediante el ofrecimiento de sus "buenos oficios". Juan Manuel Santos tiene ciertamente claro dónde está parado el astuto presidente ecuatoriano. No sería imposible, ni sorpresivo, que insistiera entonces en transitar el camino de la OEA.

Mientras tanto, el secretario general de la OEA, el oriental Luis Almagro, también de notorias simpatías "bolivarianas", visitó (invitado por Colombia) la zona colombiana aledaña a los pasos de la frontera común cerrados intempestivamente por Nicolás Maduro. Que, por lo relatado, se han abierto sólo al tránsito de los estudiantes desde el domingo pasado, en lo que pomposamente se ha denominado como corredor "humanitario".

Maduro está preservando, con pies de plomo, una crisis ficticia con Colombia que es de su autoría y que podría servirle de poco creíble excusa para tratar de suspender o prorrogar las elecciones nacionales intermedias convocadas para el 6 de diciembre

Allí pudo comprobar "in situ" el dramático impacto de la medida venezolana sobre la gente colombiana directamente afectada por ella, reconociendo que -luego de más de dos semanas de cierre- existe "una situación humanitaria muy penosa", al menos en su entender. Agregando que ninguna persona de las afectadas era "ilegal", desmintiendo de ese modo -más o menos oblicuamente- las torcidas acusaciones de Nicolás Maduro.

Maduro está preservando, con pies de plomo, una crisis ficticia con Colombia que es de su autoría personal y que podría servirle de poco creíble excusa para tratar de suspender o prorrogar las elecciones nacionales intermedias convocadas para el 6 de diciembre, en la que, a estar a las encuestas de opinión, previsiblemente sufrirá una realmente dramática derrota. De proyecciones hasta continentales.

Quizás haya advertido que la crisis que mantiene con la también vecina Guyana realmente no tiene, ni puede tener, la dimensión necesaria para ese repudiable propósito, porque nadie puede ver en la liliputiense Guyana un peligro para la paz y seguridad de Venezuela. Nadie.

Mientras tanto, el consorcio multinacional que descubriera la presencia de hidrocarburos en las aguas que Venezuela considera como formando parte de su diferendo de soberanía con Guyana, ha confirmado públicamente que continuará con sus tareas exploratorias en la zona de Esequibo, a partir del próximo mes de enero. Su compromiso con el proyecto es firme, queda visto. Otra mala noticia para Nicolás Maduro.

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