La bohème: un digno papel en Tucumán

Se exhibió en la 55» edición del clásico Septiembre Musical
Pablo Kohan
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14 de septiembre de 2015  

No tiene salvación Mimì. La pobre muchacha -cuya malaventura, como la de tantísimas otras heroínas operísticas, podría haber sido recordada en la convocatoria de Ni una menos- siempre habrá de morir como si se quedara dormida en el cuarto de Rodolfo y Marcello. Nada cambiará. La joven modista, tísica e injustamente despreciada, no tendrá jamás otra alternativa y su muerte llenará de congojas a quienes desde la platea o los palcos de cualquier teatro asistan a una representación de La bohème, la magistral ópera de Puccini. Lo que sí puede cambiar, aunque esto no afecte la trama, es que la buhardilla parisiense del poeta y del pintor tenga una nueva ubicación concreta. En esta ocasión, con todos los esfuerzos que ello implica, el mísero tugurio fue armado en el Teatro San Martín, de San Miguel de Tucumán. Y los apesadumbrados y entristecidos fueron todos los tucumanos y allegados de otras provincias del NOA que se dieron cita hasta colmar las tres funciones que se hicieron en el Septiembre Musical Tucumano.

Dignísima fue la actuación del elenco, encabezado por el tenor uruguayo Gerardo Marandino, una brillante Macarena Valenzuela, el tucumanísimo Gustavo Ahualli y la muy joven María Belén Rivarola. Es de destacar la puesta de Boris en la dirección de los movimientos colectivos, en la preocupación general por lograr actuaciones que eviten los reiterados clisés a los que recurren los cantantes y en la utilización de los espacios para evitar monotonías escénicas. Y, obviamente, todos los elogios para la buena mano y los conocimientos que aplicó Emir Saúl en la dirección general. Con todo, y sin desmerecer en lo más mínimo la concreción musical y teatral de esta Bohème, lo más meritorio es que el Ente Cultural sea capaz, año tras año, de montar una ópera dentro del festival, una hazaña merecedora de la mayor alabanza. En este sentido habría que confirmar que Tucumán, al menos este año, se ha convertido en una proveedora de espectáculos líricos ya que, anteriormente, y siempre con varias funciones a teatro lleno, habían hecho Pagliacci, de Leoncavallo, y La hija del regimiento, de Donizetti.

Hasta ahora, el Septiembre Musical, en su edición número 55, viene muy ordenado y multitudinario. En el San Martín ya estuvieron ni más ni menos que Nelson Goerner y la pianista georgiana Alavidze Rusudam, junto a la Orquesta de la Universidad de Tucumán, también dirigida por Emir Saúl, el dúo de violín y piano de Cecilia Isas y Alan Kwiek, y otro dúo, el del contratenor Damián Ramírez y la pianista Estela Telerman. Y al mismo tiempo que Mimì moría en el San Martín, en el Orestes Caviglia el quinteto Cinco Esquinas, ante una platea totalmente atiborrada, ofrecía un concierto a puro tango.

Falta todavía tres semanas de actividades en la capital y en varias localidades del interior de la provincia, y nada hace presumir que la atención y el interés vayan a decaer. En todo caso, todo esto no sería sino la confirmación de la aceptación de la oferta de un festival cuya permanencia en el tiempo no parece fruto de la casualidad, sino de los buenos planeamientos, de una elección musical amplia y plural, y de mucho trabajo para que todo fluya como si fuera sencillo cuando, seguramente, no lo debe ser.

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