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Antonio Silio: "Con voluntad y ganas, no hay obstáculos"

Fuente: Archivo
El atleta entrerriano, retirado en 2001, mantiene vigentes las mejores marcas nacionales en media y larga distancia y se aventura a ponderar el futuro de Federico Bruno; "Lo vi correr en los Juegos Odesur y es más rápido que yo a los 20 años", dice
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22 de septiembre de 2015  • 21:26

La pista auxiliar del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) tiene el carril Nro 1 cerrado. La justificación es que no quieren que se rompa el tartán. Claro, sin atletas, el solado sintético no se gasta. Incrédulo, Antonio Fabián Silio, de 48 años, se sienta en la pequeña tribuna de madera. Ahí, justo donde se entrenó en más de una oportunidad. Por un buen rato, la mira y los recuerdos brotan uno detrás del otro. Es que la vida atlética del entrerriano Silio fue perfecta. Transitó todas las etapas con eficacia. Cross, pista y calle en forma armónica y sin alterar el plan olímpico. Su plan olímpico. En el tartán buscó marcas y en la calle, podios. Encontró los dos. El atleta argentino más importante de los últimos años ostenta aún los récords nacionales en 5000 y 10.000 mts., 10 km, 15 km, media maratón, 25 km, 30 km y maratón. Por su labor deportiva, recibió el Premio Konex de Platino como el atleta más importante de la década del 90.

"Roque López me descubre y me fue probando en diferentes distancias. Fue todo tan rápido que no tuve tiempo de digerir qué estaba sucediendo. Todo ocurrió en dos o tres semanas y a los pocos días ya estaba participando en un Campeonato Nacional de Menores que se disputó en Resistencia, Chaco, donde corrí los 3000 mts.", rememora. Y reconoce: "Pero nunca me había entrenado ni corrido esa distancia. Esto fue en 1981. Tenía 15 años y no tenía noción de ritmo, recuperación ni nada. Salí a lo que daba y le saqué 400 mts. al segundo, con una marca de 8m58s6/10. Fue récord nacional de menores en ese momento. Le arrebaté el título y el récord a Luis Migueles".

Aquella marca indeleble en su calendario guarda un espacio importante. "A partir de ese campeonato, de este triunfo, cambió mi interés por el deporte", dice. En realidad a Silio le gustaba el fútbol. Mucho. "Lo practicaba y tuve que dejarlo para meterme de lleno en los entrenamientos y competencias de media distancia", añade.

Fuente: Archivo

-¿Cómo se produce el encuentro con el entreandor Manolo Rivera ?

- Después de participar en el campeonato nacional de juveniles de 1982 tuve la oportunidad de afincarme en Buenos Aires para entrenarme en el Real Club Celta. Fueron los dos años más difíciles de mi vida. Dejé mi pueblo natal [Nogoyá] y vine a Buenos Aires. No conocía a nadie, tuve que cambiar de colegio, de amistades, dejar mi familia. Eso me afectó mucho a nivel emocional y repercutió en mi rendimiento. Encima, se sumó una periostitis producto del estrés de mudarme a la gran ciudad. Corría 1984/85 y decido cambiar de entrenador (hasta ese momento, Domingo Amaison) para unirme a Manolo Rivera en el Club GEBA. Manolo es quien me profesionaliza. Bajo su mando y aún con periostitis, compito en el campeonato Sudamericano en Santa Fe y salgo campeón en 5000 mts.

-¿Cómo y por qué te vas al Larios de España?

- Quería viajar a un país donde el atletismo tuviera más nivel que acá. Sentía que aquí estaba estancado. Precisaba dar el salto siguiente y eso implicaba irme a Europa, y España era mi sueño. Fue en 1989, pero desde 1986 buscaba irme para dar el salto de calidad. Iba a la Secretaría de Deportes y me decían que me darían un pasaje para ir a competir a Europa, pero eso nunca llegaba. Entonces decidí invertir todos mis ahorros y el 2 de abril viajé por mi cuenta.

La marca : "Mi mejor rutina de entrenamiento fue en la previa del récord de los 10.000 metros con 10 pasadas de 1000 metros en 2m31/32s", cuenta

-¿Qué pasaba si no emigrabas?

- Me hubiese estancado, seguro. A lo mejor mi carrera hubiese terminado mucho antes y abruptamente. Aquella época fue difícil para el deporte. El Cenard estaba venido abajo. Prácticamente no nos daban de comer, la pista de atletismo estaba descuidada, el tartán parecía un chicle. Fueron tiempos duros, pero que nos fortalecieron. Cuando hay voluntad y ganas de superarse, no hay obstáculos y se puede entrenar en cualquier lugar.

-En 1992 participás en los Juegos Olímpicos de Barcelona e ingresás en la final de 10.000 mts, un hecho histórico para un argentino...

-Antes era mucho más complicado porque no tenías tiempo de recuperación. Se corrían en series y no directamente en la final. Un jueves se corría la serie y a los dos o tres días, la final. Tenía poca experiencia en Europa. No estaba preparado para correr dos carreras tan exigentes en tan poco tiempo. La sentí mucho físicamente, porque sólo tenía en mente correr lo más rápido posible y poder clasificarme. Nunca especulé y eso me dio muchos beneficios para ganar puestos, hacer tiempos y lograr buenas marcas.

El origen : "Me inicié en una pista que era un campo arado de Nogoyá, Entre Ríos. Con condiciones y con entrenadores que motiven, el lugar pasa a segundo plano"

-¿La cumbre de tu carrera deportiva la conseguís con el subcampeonato mundial de media maratón de Newcastle con 1h00m40s? ¿Cómo planificaste la carrera?

-Salí tranquilo. Al principio estudié a los adversarios. No olvido que había 10 corredores africanos de Kenya, Tanzania, Etiopía y me metí en el medio del grupo y aguanté hasta el final. Se me escapó el primer puesto por muy pocos metros. Igualmente, hoy en día, al analizar esa carrera, entiendo que hubiera sido imposible alcanzar a Benson Masya.

-En Bruselas 1993 plasmaste en la pista 27m38s72/100 para los 10.000 mts. Lo que lograste aquel día, ¿es alcanzable hoy por un atleta argentino?

-En esa carrera quedé tercero y conseguí la mejor marca argentina y sudamericana en la distancia. Tuvieron que pasar 12 años hasta que Marilson Gomes Dos Santo batiera el récord sudamericano. Los récords están para batirlos y esperamos que muy pronto Federico Bruno pueda bajar mis tiempos. De conseguirlo, querrá decir que fue bien entrenado, bien conducido y le dará prestigio internacional.

-¿Cómo fue tu experiencia en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995?

-Así como después de Barcelona me consagré campeón del mundo en media maratón, en 1995 vengo al país para competir... No me olvido más. El día anterior a la prueba fui a cobrar la beca de la Secretaría de Deportes. Tenía que retirar el pago correspondiente a un año y, cuando llega mi turno, me informan que no había más dinero. Hablo con el secretario de Deportes y me aconseja que al estar viviendo afuera corriera directamente para España. Al otro día tenía que correr. Estaba tan desanimado que abandoné la prueba y me puse a llorar. Me preguntaba por qué eran tan injustos, por qué me trataban de esa manera cuando nunca había renunciado a correr por mi país. Regreso a España y mi manager me comenta que en tres semanas estaba el maratón de Hamburgo. La duda pasaba por lo físico porque venía de entrenar para los Juegos Panamericanos para los 10.000 mts. y no para 42k. Gracias a su motivación corrí. No tenía preparación para el maratón y establezco el récord argentino en la distancia [2h09m57s] con mejor marca del circuito. ¡Nunca había percibido tal cantidad de dinero! Ésa fue mi revancha personal. Sentí que en la vida todo vuelve. En la vida, todo llega cuando menos lo esperás. Para mí fue mi mejor recompensa.

-¿Qué pensás de Federico Bruno? Tiene marcas similares a las tuyas edad por edad.

-Lo vi correr en el Mundial de Juveniles en Barcelona y también en los Odesur de Chile. Creo, sin temor a equivocarme, que tiene mucho talento. Federico es más rápido que yo a los 20 años. Es clave cuidarlo. En mi caso, los 1500 los corría a 3.45 y él ya está en 3.39. Ahora tiene que explorar las distancias más largas. Eso le permitirá especular con el sprint final en las carreras. Será de una ayuda muy grande al momento de buscar medallas en un torneo internacional como un Mundial o un Juego Panamericano.

-En la Argentina, ¿faltan pistas o faltan atletas?

-Faltan atletas. Pistas hay. Me inicié en Nogoyá en una pista que era un campo arado. Cuando tenés ganas, si hay entrenadores que te motivan, el lugar es lo de menos. Si las condiciones las tenés, no hace falta que entrenes en una pista. Hace falta que te vean, que tengas actitud. Después ya habrá tiempo de entrenar en una pista como las del Cenard. Faltan profesores que se involucren en este deporte que es de base. Los entrenadores deben ver y analizar las cualidades para orientar a los alumnos según sus aptitudes deportivas.

Por Gustavo Montes.

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