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Juan Martín Hernández: "El argentino es un jugador pícaro"

Símbolo de los Pumas, se sobrepuso a graves lesiones que hicieron peligrar su carrera en el rugby. Ahora, tras doce años fuera del país, decidió pegar la vuelta al tiempo que conserva su liderazgo en la nueva aventura mundialista. El talento y la mística de un crack
Pablo Perantuono
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20 de septiembre de 2015  

Fuente: LA NACION - Crédito: Sergio Liste

Durban, Sudáfrica. Agosto de 2009. El equipo local, los Sharks, acaba de ganar su partido. Los jugadores ya están en el vestuario. Juan Martín Hernández, apertura del ganador, está sentado frente a su locker, cabizbajo. Hay algo que lo inquieta. Está a punto de ir a bañarse, pero lo que para cualquiera es una acción pueril, automática, para él es su Everest. El malestar en el cuerpo no lo deja en paz, lo persigue desde hace algunas semanas. Le permite jugar, pero no bien termina comienza la agonía. Es paradójico: su físico, que hasta entonces parecía una proeza de la genética, ahora se subleva, quiere traicionarlo. Finalmente, Hernández toma coraje y se para. Cuando se dirige hacia la ducha todavía es un jugador de rugby; cuando vuelve es un garabato humano. El dolor –una daga que arranca en la espalda y termina en el pie– le impide sentarse derecho y llevar una vida normal: ni siquiera podrá alzar a su hijo Beltrán, de apenas unos meses, cuando llegue a su casa. Hernández tiene 27 años y es considerado una figura mundial del rugby. Pero algo anda muy mal. Su espina dorsal, el centro de gravedad de su cuerpo, apenas le permite jugar. Durante la semana no se entrena. Preocupado, consulta a especialistas: de Estados Unidos, de Alemania, de China. El diagnóstico es desolador: espondilolistesis, una lesión congénita en la columna que la práctica del rugby, por su componente agresivo, puede convertir en un calvario. No sabe bien qué hacer, qué decisión tomar: es una afección delicada, que castigó a otros cracks del deporte. Que no es fácil de tratar.

Pocos años antes, Andre Agassi, leyenda del tenis, había tenido esa misma lesión. Lidió con ella durante los últimos años de su carrera. En Open, su extraordinaria autobiografía, Agassi describe, con guiños literarios, la pesadilla que atravesó.

Dice Agassi: "Me siento como si alguien se hubiera colado en mi habitación en plena noche y me hubiera puesto en la columna una de esas barras antirrobo que se colocan en los volantes de los coches. Nací con espondilolistesis; es decir que una vértebra lumbar se separó de la otra vértebra, se fue por su cuenta, se rebeló. Con esa vértebra desaliñada queda menos espacio para los nervios en el interior de mi columna y al menor movimiento mis nervios se sienten mucho más aprisionados. Y cuando los nervios protestan, reclamando el espacio que no tienen, cuando me envían señales de incomodidad, un dolor me recorre la pierna arriba y abajo, me quita el aliento y me hace hablar en lenguas. (…) Por favor que acabe todo esto. Empiezo a llorar. Me apoyo en la pared de la ducha y me dejo llevar. En esos momento, lo único que alivia es tenderme y esperar".

Tendido y esperando permaneció Hernández luego de que lo operara el doctor Jorge Salvat en enero de 2010 en Buenos Aires. Después de que muchos especialistas le contestaran con evasivas o dudaran acerca de la solución del problema, Salvat lo convenció: "Yo te opero y vas a volver a jugar al rugby. Eso sí: la recuperación es lenta y larga". Hernández confió en él y entró al quirófano. La intervención fue un trabajo de relojería: tenía una hernia y, además, la fractura del anillo de la cuarta vértebra dorsal. "Cortaron por atrás, pegaron dos vértebras, sacaron un hueso de la cresta ilíaca, colocaron tornillos... Fue compleja", recuerda.

Fuente: LA NACION - Crédito: Sergio Liste

Era enero. El calor y la humedad de Buenos Aires complicaban las cosas. Debió quedarse un mes encorsetado en la cama, sólo levantándose para ir al baño. Se sentía enjaulado. Después, otro mes pudiendo dejar la cama para comer. Televisión, PlayStation, siestas. Al tercer mes, caminatas de una hora por la calle. Siempre con el corset. Y siempre con incertidumbre: no estaba claro que la recuperación hubiera sido exitosa. Ergo: no era seguro que volviese a jugar. Se acercaba el Mundial de 2011, el tercero de su trayectoria, luego de sacudir al mundo en 2007 descollando en un equipo que terminó tercero. Comenzó a correr: los fantasmas del retiro precoz se fueron alejando. Lo esperaban en Racing Metro, club con el que había firmado antes de la operación. Volvió en el segundo semestre de 2010, de a poco. Empezó a sentirse mejor, a ser protagonista. Hasta que cuatro meses después, justo cuando la convocatoria al Mundial era un hecho, se rompió los ligamentos de la rodilla derecha.

Otra vez al subsuelo. Al bajo fondo de las emociones.

Ahí es cuando te preguntás por qué a mí, ¿no?

La vida tiene equilibrio. Bueno..., la verdad es que no me lo tomé así, me lo tomé con mucha más bronca, claro. Con mucha, mucha más tristeza. Además me perdí el Mundial. Fue difícil, muy.

Buenos Aires, septiembre de 2015: la primavera sale al fin para Juan Martín Hernández. Ahora está con los Pumas en Gran Bretaña, a punto de debutar, hoy, en el Mundial ante los All Blacks. Tanto desasosiego parece haber quedado atrás. Pero no sólo los escollos son parte del pasado, sino también una forma de vida. Después de más de doce años en Europa –un tiempo y un espacio que lo moldearon como hombre–, Hernández, tras el Mundial, volverá a vivir en Buenos Aires. Surgió de Deportiva Francesa y jugó en Stade Fracaise, en Racing Metro, en Sharks y finalmente en Toulon. Había llegado a París con 21 años y sin hablar una palabra de francés. Vuelve (será jugador de la franquicia) habiendo absorbido todo lo que esa catedral de la civilización tenía para darle.

"Me fui a los 21 a vivir solo. Y eso me marcó mucho. Llegué y me dieron un departamento de 38 metros cuadrados, me dieron un auto, que para mí era tremendo porque mi familia nunca había tenido auto. Estaba feliz. Por más que ahora tal vez digo qué chico que era el departamento, para mí era espectacular. Era mi lugar, estaba empezando a hacer mi vida. Me preocupaba sólo por el rugby", cuenta Juan Martín en el jardín de su casa de San Isidro, mientras su mujer María Emilia Brochard, adentro, cuida a Joaquín (1) y hace sus cosas. Beltrán (6), el hijo que vivió con ellos en Europa y Sudáfrica, está en el colegio.

Fuente: LA NACION - Crédito: Sergio Liste

En esos primeros tiempos, ¿cómo hacías con las responsabilidades que implica vivir solo? ¿Las cumplías?

No tanto. Me acuerdo de que me cortaron la luz porque no pagaba las cuentas. Como no entendía francés, no sabía leer las boletas, que se iban acumulando. También me cortaron Internet. Tenía un lavarropa que pensaba que estaba roto, pero en realidad no lo sabía usar. Iba a un lavadero que quedaba a la vuelta. Una vez dejé la ropa, tardé de más en ir a buscarla y cuando fui me la habían robado, se la había llevado otro. Y esa era toda la ropa que tenía, porque me había ido con una sola valija. Es más, en esa época casi no recorría la ciudad. Lo hacía cuando me venían a visitar y tenía que hacer de guía.

Pero es una ciudad que terminaste queriendo.

Sí, claro. La aprecié más cuando me fui a Sudáfrica, en 2009. Es como todo: estás en un lugar y es algo corriente, no lo valorás. Pero después, cuando me fui a Durban, que es una ciudad tan distinta, con mar y naturaleza, fue que valoré París. Más tarde por suerte pude volver y la disfruté de otra forma. Viví en Boulogne y en el barrio 16, dos zonas muy lindas. Disfruté de sus plazas y de todos sus lugares públicos. Empecé a ir al teatro, a cada uno de los museos. Empecé, además, a verlos [a los franceses] de otra forma, a entenderlos.

¿Cómo lo ves a este grupo de los Pumas? ¿Tiene ese tan mentado fuego sagrado del que siempre se habla, esa abstracción que parecería que es más fácil sentir que explicar?

Hace un montón que se habla de la mística Puma, y yo creo que son muchos ingredientes los que la conforman. Son muchas las cosas en este estilo de vida que hacen que uno quiera estar. No es sólo por la pasión por el rugby, sino porque jugás con amigos o porque vivís afuera y es una forma de estar cerca de tu país. A mi camada (nos autodenominamos la 23 y está integrada por Leguizamón, Ayerza, Fernández Lobbe, Gonzalo Tiesi) nos pasaba que cada vez que teníamos la oportunidad de jugar, llegábamos y la pasábamos bárbaro. Cuando volvíamos a nuestros clubes, extañábamos mucho eso de estar juntos. Vivíamos desperdigados por toda Europa. Eso pasa por la amistad. Yo tengo muchos amigos en mi club, pero también tengo íntimos amigos en los Pumas.

Ustedes, la mayoría de los Pumas, viven o vivían afuera. Eso, supongo, hacía que cada encuentro con los Pumas fuera muy esperado. Me refiero a esas concentraciones que hacían cada tanto en algún lugar de Europa. ¿Eso aliviaba un poco la distancia?

Y sí, vivir afuera te hace sentir todo un poco más. Entonces, cada vez que te juntás, te sentís muy argentino. O también lo sentís cuando hablás de tu país, porque siempre te preguntan: Che, ¿cómo es el rugby en tu país? ¿Cómo es eso de que no es profesional, de que tenés que pagar la cuota, el peaje, la nafta? Ellos no entienden nada y nos gusta contarlo. Sentís orgullo.

Los jugadores argentinos ya llevan mucho tiempo viviendo afuera. ¿Se han hecho respetar?

Sí, cada uno con los que jugué dejó una marca. Nos valoran mucho como persona.

Hora de autógrafos y fotos con jóvenes admiradores, previo a la partida al Mundial
Hora de autógrafos y fotos con jóvenes admiradores, previo a la partida al Mundial Fuente: LA NACION

¿Por qué una marca?

Porque estamos muy educados en nuestros clubes. Mostramos solidaridad, respeto, camaradería... Todos esos valores, todas esas cosas las mamamos desde chicos. Y cuando se pasa al profesionalismo, que tiene un poco de carencias en ese sentido –al menos en Francia–, el argentino deja una buena impresión, se destaca. Y eso se valora mucho. Los entrenadores lo ven. Ven que somos compañeros, que estamos ahí, que unimos al grupo, hablamos, comentamos. Y, por otro lado, el nivel de juego, que es alto. El argentino es un jugador pícaro. Y eso vale también para afuera de la cancha, donde somos igual de pícaros. Nuestra formar de ser, de hacer chistes, en ámbitos que muchas veces son serios. Nos quieren mucho.

En cuanto al plano individual, tu cúspide personal fue en 2007, cuando hasta te gritaron Maradona en un partido. ¿Cómo fuiste metabolizando el hecho de convertirte en un jugador de elite, tanto acá como en el resto del mundo? ¿Fue todo maravilloso o en algún momento te generó tensión, te inquietó?

No, fue muy bueno. Quizá [piensa unos segundos]... Yo creo que fue más de lo que yo lo veo. Entiendo el contexto, y sé que fue por algo particular, pero es una falta de respeto que me hayan comparado con Maradona. No creo que sea...

¿Merecedor de semejante comparación?

Sí. Para mí, por ejemplo, no fue tan tremendo lo del 2007, porque la verdad es que yo quería ganar la final y no pasó, así que no fue para tanto. Yo perdí. Si hubiese ganado, no sé.

¿Y tu juego? ¿Cómo te sentís hoy?

Físicamente, no evolucioné. Es inevitable: tuve muchas lesiones. Desde hace un tiempo estoy haciendo un trabajo físico muy específico, con gente que entiende cómo y cuánto tengo que entrenar. Ellos se ponen en contacto con los preparadores físicos de afuera. No estoy como en 2007, pero tampoco peor. A nivel de juego he madurado mucho. Siento que entiendo mejor las necesidades de un equipo. Y que eso es importante para ver en cada situación cómo hacer un pase de acuerdo con el compañero que tenés. Saber elegir en cada jugada la mejor opción. Siento que ahora tengo más capacidad para leer ciertas cosas, para saber cómo está el equipo, para darme cuenta qué necesita.

Hernández, con la camiseta de los Pumas, en acción frente a los  All Blacks
Hernández, con la camiseta de los Pumas, en acción frente a los All Blacks Fuente: LA NACION

¿Y el equipo para qué está?

Hay argumentos como para ir a enfrentarse con cualquiera. El equipo tiene un fondo. Tiene una especie de alma, algo que se fue forjando después de que se generara un problema con los medios [se refiere al revuelo provocado luego de que se filtraran en los medios algunos diálogos y determinaciones de la intimidad del plantel que provocaron la salida del head coach anterior, Santiago Phelan]. Lo que sí hay es una gran unión de grupo. Hay muy buena onda. Muchos vienen de los Pampas y varios de los Pumitas. Hay como subgrupos que alimentan este gran grupo. Y después estamos los más grandes. Los chicos son distintos a nosotros, tienen otros códigos, y nosotros somos abiertos a eso.

¿Sentís la diferencia generacional?

Sí, a algunos ya les llevo 13 años. El otro día, cuando Corcho Fernández Lobbe no estuvo, yo era el más grande. Antes, cuando yo era chico, veía al más grande y decía qué grande que está. Y ahora que yo soy el grande, me veo a mí y no me siento viejo.

Siempre fuiste apertura y ahora estás jugando de centro. ¿Vos qué preferís?

Yo siento que de apertura le puedo dar mucho más al equipo que de centro. Me creo capaz de leer o identificar qué es lo que necesita el equipo en cada lugar. Es cierto que no todo depende de vos, pero creo entender al equipo en ese sentido. Los entrenadores creen que complemento mejor al equipo jugando de centro. Lo dejo a Nico (Sánchez) comandar el juego, y trato de ayudarlo, de no invadirlo. Hay veces, de todas formas, que impongo lo que yo pienso, porque tal vez tengo el aval para decirlo. Si tengo que cambiar, tengo la libertad –con responsabilidad, como marca el coach– de hacerlo. Igual, los entrenadores tienen confianza en él.

El entrenador, Daniel Hourcade, es alguien que tomó el grupo en un momento complicado.

Sí, pero no por eso traicionó su forma de ser y sus convicciones. Llegó y marcó su lugar. Tomó decisiones: tuvo un problema con Albacete, cambió de capitán, dejó gente afuera. Fue fiel a sus convicciones. Está convencido de llevar adelante su plan. Y nos da mucha libertad, con responsabilidad, como dice él. Lo que más valoro es que te dice: si vos en un partido hacés algo que hacés en un entrenamiento, perfecto, hacelo, pero no hagas algo que no hacés en un entrenamiento en un partido. Le da confianza al jugador.

¿En qué hizo hincapié en las últimas semanas?

Hoy los Pumas tienen que madurar algunas cosas. Tenemos tiempo: si bien el Mundial arranca ya contra Nueva Zelanda, después tenemos partidos para seguir puliendo cosas, hasta llegar a la instancia que espero que lleguemos, que es cuartos de final. Tenemos que mejorar la obtención. El line y el scrum. En realidad hay muchos detalles chiquitos que hacen que un partido se gane o se pierda. En la alta competencia, un pequeño detalle puede hacer que pierdas totalmente el hilo del partido, y hace que un partido peleado pueda terminar por 20 puntos de diferencia.

¿Qué lugar tiene la desobediencia en el rugby?

Mucha, es lo mejor que le puede pasar al rugby. Justamente, todo lo que hacemos o tratamos de hacer es encontrar el desorden. Tu estructura es para desestructurar al rival. Una vez que desordenaste un ataque rival, podés hacer la diferencia. Ahí es cuando tenés que usar la desobediencia, la picardía, la intuición y la habilidad para hacer la diferencia.

En el plano personal, ¿con qué cosas te distraés?

Paso mucho tiempo con mi familia. Estoy con ellos y con amigos. Tampoco tengo tiempo para hacer muchas más cosas. Me cuesta mucho salir de mi casa. Soy muy tranquilo. No tengo una actividad paralela. El tiempo no me lo permite.

1982

Nació el 7

de agosto en San Nicolás (Buenos Aires). Su hermana, María de la Paz, fue integrante de las Leonas

2003

El 14 de junio juega su primer test match oficial con los Pumas: en Vélez, frente a Francia (10-6)

2003

Ese mismo año integra el plantel para el Mundial de Australia

2006

La prestigiosa revista francesa L'Equipe lo elige como mejor fullback del mundo

2008

Gana por

tercer año consecutivo el premio Olimpia de Plata

El futuro

"De acá a un año me veo jugando para los Pumas y en la Argentina. En dos, por ahí retirándome. Casi con seguridad. Hay que ver cómo estoy. No sé qué haré todavía después del retiro, pero a mí me gusta mucho el rugby, así que no sé si seré head coach, pero sí me veo vinculado."

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