De padres y de monstruos

Surgida de la Bienal, Los monstruos, de Dionisi y Rodríguez, muestra el costado menos humano en la relación de dos padres con sus hijos
Silvina Ajmat
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21 de septiembre de 2015  

Días atrás, la foto de un niño sirio yaciendo sin vida en la arena de una playa turca angustió al mundo entero. Murió tratando de encontrar una vida mejor y esa imagen fue un cachetazo para toda la humanidad: ¿somos en verdad humanos o somos monstruos? El sufrimiento de un niño es quizás el más lacerante en la conciencia, el único capaz de conmover y mover al adulto hacia una reflexión. Será por eso que cuando termina el ensayo general de Los monstruos, musical que se estrenó en la Bienal de Arte Joven, los actores no pueden dejar de comentar cuánto les dolió el mundo infantil que plantea la obra. "Hay situaciones de la infancia que son monstruosas. Padres que les dicen a los niños cosas terribles sin darse cuenta. Ciertas acciones que nos parecen cotidianas, que están muy avaladas socialmente, pero son muy crueles", explica Emiliano Dionisi, autor y director de la obra junto a Martín Rodríguez (letra y música). Ambos se inscribieron juntos, casi sin conocerse, en el Programa intensivo de creación dramatúrgica y composición en teatro musical impulsado por la Bienal y el teatro Picadero, donde se exhibe cada miércoles. En dos meses y medio desarrollaron el proyecto y, cuando supieron que estaban entre los ganadores, convocaron a Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo para encarnar esta historia.

Los monstruos cuenta la historia de dos padres, Sandra y Claudio, que se conocen a través de sus hijos, Lola y Pato, respectivamente. Se encuentran en distintas situaciones donde los niños están de alguna manera en problemas. Al principio los diálogos relatan situaciones de lo más cotidianas, como juegos en un pelotero. Pero la monstruosidad va apareciendo y cargando dramáticamente la acción. Lo que era jocoso, pronto será trágico.

"Yo tuve una infancia muy feliz -aclara Dionisi-, entonces hay ciertas zonas sobre la infancia que me sensibilizan. Cuando pienso que hubo infancias truncas, que no pudieron desarrollarse de forma plena, me resulta conmovedor. Porque me parece que es el lugar en el que un adulto se forma".

El autor pensó en hablar de "lo monstruoso" tomando sus dos interpretaciones: "el monstruo es una persona cruel y es un personaje típico de la literatura infantil. El monstruo siempre está presente en el imaginario de los niños", entiende Dionisi.

Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo todavía conservan las tensiones de la función. Natalia sigue analizando su personaje, la moviliza todo lo que ocurre en escena. Hacen chistes para relajar y ahí se pone en evidencia la buena química que nació entre ellos: ella tira un pie, él remata, y viceversa. Hay carcajadas y hay alegría, aunque el tema sea fuerte. "El tema es la relación entre padres e hijos, pero también el entorno social que rodea a tu hijo, y las ideas sobre lo que es tener un hijo", comenta Mariano. Para Natalia, también cuenta "cómo uno está al momento de ser padre. Yo siempre sueño que, cuando lo haga, esté lúcida y entera para que el bebé no absorba mis inseguridades y miedos", agrega la actriz, quien siente que esta obra le pareció más difícil que Chicago: "difícil porque es un texto complejo e inteligente. A mí me agarra en un momento en el que deseaba como loca que me pase esto. Quería actuar así. También porque estoy viviendo un momento personal en que me replanteo la maternidad y en el que también estoy buscando que mi actriz crezca, se nutra y entienda cosas".

Ser padres hoy

Chiesa y Cociuffo interpretan a los padres, pero por momentos también a sus hijos. "Decidí que los mismos actores hagan de sus hijos para darnos cuenta de que todos tenemos algo de cada uno". Será para ellos una hora y 40 minutos sin parar de hablar, y sin salir de escena. Mariano cuenta que se dibujó el texto como recurso mnemotécnico. "Sos un enfermo", le contestó el director cuando vio el enorme jeroglífico que había diseñado, pero le encantó, y lo usó como estampa para el piso de la escenografía. "Mi terapeuta está preocupada porque le mostré mis monólogos de hoja y media y piensa que no me voy a acordar de todo", comenta divertida Cociuffo. También se quejan ante los autores por la música: "¿Por qué cambiás de melodía todo el tiempo?", le cuestionan en broma a Martín Rodríguez. "Porque es así", responde el joven de 25 años, al que todos califican de genio. "Las partituras son muy complejas. Él entendió esa cosa entre oscura y brillante que quería contar Emiliano, que si no hubiera sido así, se hubiera convertido en algo peligroso", dice Natalia. Como Dionisi, Rodríguez nunca había escrito letra y música para teatro musical. Sin embargo, ambos se sienten muy conformes con la dupla creativa que armaron: "tratamos que a los textos, que son intensos, la música los potencie. Explotar con canciones que generen mucha fuerza", dice Emiliano. "Busqué que las canciones realmente fueran necesarias en cada momento. A veces en los musicales está el riesgo de que sobren. Por eso son sólo nueve canciones", explica el músico.

Algunos de los espectadores del ensayo general se acercan a felicitarlos. Todos se aprietan el pecho cuando buscan definir lo que sintieron. "Me dicen que es dura porque cuando se vuelve más tremenda la obra, vos ya estás desarmado, ya te habías identificado con esas personas". Es que resulta difícil escapar a la monstruosidad, y ahora hay un musical que la expone sin filtros.

Los monstruos

de Emiliano Dionisi y Martín Rodríguez

Teatro Picadero, Pje. Santos Discépolo 1857

Funciones, los miércoles, a las 20.30

Entrada, $ 120

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