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Nado sincronizado por aguas espejadas

Alejandro Cruz
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24 de septiembre de 2015  

Paraje das unheimlich / Idea, dirección e interpretación: Josefina Gorostiza y Jimena Pérez Salerno / Música original y diseño de sonido: Fernando Tur / Diseño de iluminación y de escenografía: Matías Sendón / Diseño de vestuario: Estefanía Bonessa / Fotografía: Patricio Delgado / Sala: Espacio Callejón / Funciones: jueves, a las 21 / Duración: 60 minutos.

Nuestra Opinión: Muy Buena

La Bienal de Arte Joven tiene esa sana costumbre de dejar en el mapa de las artes escénicas montajes de vuelos propios, personales, potentes. Lo demostró hace dos años, lo demuestra este año, por ejemplo, con la propuesta de Josefina Gorostiza y Jimena Pérez Salerno en Paraje Das Unheimlich. Hasta el momento, las dos ya han demostrado ser excelentes intérpretes, pero esta vez extremaron sus búsquedas personales y colectivas y se largaron a crear, dirigir e interpretar esta verdadera joyita que se presenta los jueves, en Espacio Callejón.

En escena, J, por Josefina, y J, por Jimena, parecen ser iguales: misma altura, misma contextura física, mismo largo de la larga cabellera, misma vestimenta que las pinta como operarias de una maquinaria del desdoblamiento, del espejo y hasta del probable padecimiento de ser en el otro en su plano más existencial. A lo largo de unos 60 minutos despliegan una secuencia coreográfica en medio de un paisaje despojado, dominado por una arquitectura teatral compuesta por dos elementos: una importante columna central y un sillón del mismo color (así como de igual color es la vestimenta de ellas y el pelo de esta única criatura desdoblada).

J y J crean imágenes únicas, de neológicas tan imposibles como simples en su entramado. En algunos paisajes, la atmósfera puede remitir a viejas películas cómicas, mudas y en blanco y negro. En otros paisajes de Paraje Das Unheimlich, la atmósfera puede remitir a icónicas películas de terror, de ese terror basado en vericuetos psicológicos que Fernando Tur ilumina con suma sensibilidad en el plano de lo sonoro y que Matías Sendón acompaña magistralmente en el plano del diseño de iluminación y el escenográfico. Son todos ellos aliados de este jardín de los senderos que se bifurcan, por esas líneas en lo difuso, por esa idea de una sombra que nos acecha inexorablemente hasta ser, aunque sea un instante tan fugaz como perturbador, uno mismo o matar al otro.

En esta oportunidad, J, por Jimena, y J, por Josefina, contaron con la tutoría de Gustavo Lesgart que fomenta la misma Bienal para aquellos proyectos que fueron seleccionados. Pero para lanzarse a este planteo tan bello visualmente y tan impecable en sus juegos de simetrías seguramente contaron con una enorme convicción interna para correrse de sus saberes ya conocidos y lanzarse a navegar en nado sincronizado hasta el borde mismo del gag, hasta el borde mismo de lo exasperante.

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