Una alegría con angustia: así vivió Mariano Galarza el triunfo de los Pumas

Mariano Galarza en la tribuna del estadio de Gloucester
Mariano Galarza en la tribuna del estadio de Gloucester Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
El argentino, suspendido por nueve semanas y que se quedó sin Mundial, disfrutó desde la platea de la categórica victoria ante Georgia
Santiago Peluffo
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25 de septiembre de 2015  • 17:04

GLOUCESTER.- Las celebración argentina en el estadio de Kingsholm fue tan contagiosa que hasta el más triste terminó saltando y cantando en las tribunas el triunfo categórico de los Pumas .

Mariano Galarza , excluido del Mundial de rugby por una sanción de nueve semanas, vivió el partido con sensaciones cambiantes: llegó alicaído, pero terminó festejando como un hincha la victoria 54-9 sobre Georgia.

Minutos antes de que comenzara el partido en Gloucester, los jugadores que no formaron parte de la convocatoria de 23 se ubicaron en la tribuna sur.

De campera oficial azul y shorts grises emergió la figura espigada del Flaco Galarza. Pero no llamó la atención por su estatura (2,03 metros), sino por la tristeza en su rostro al sentarse.

Llegó con su mujer Guadalupe, quien lo consoló a la vuelta de la audiencia con el tribunal de disciplina que le impuso nueve semanas de sanción por hacer "contacto con el ojo" del segunda línea de los All Blacks, Brodie Retallick, en el debut en Wembley.

Galarza tuvo que vivir el triunfo desde afuera, y al principio le costó contagiarse del buen humor general que se respiraba en el acogedor estadio de Kingsholm, el mismo donde él juega de local en la Premiership inglesa para Gloucester.

Su semblante fue mutando a medida que la producción de los Pumas crecía. Ocupó el asiento 141 de la fila ZJ. Al lado tenía a Leonardo Senatore y Santiago González Iglesias . Justo detrás, Daniel Hourcade dentro de la "pecera" del staff téncnico. Una fila más abajo, Horacio Agulla con su hija.

De gesto tristón, no aplaudió la entrada del equipo argentino a la cancha y cerró los ojos cuando sonó el himno nacional. Mientras el público enrojecía sus palmas, Galarza mordía una botella de agua mineral, con la mirada perdida en el (atípico) cielo celeste de Gloucester.

Apenas celebró el primer try argentino y se mantuvo indiferente en buena parte del primer tiempo. En el segundo se sentó en el mismo lugar, con los mismos laderos, pero ya esbozaba muecas de relajación y disfrute pese al mal momento personal que atraviesa.

Durante el complemento, recibió buenos ánimos de dos ex Pumas. Luego del try de Cubelli , llegó el ex pilar Martín Scelzo a saludarlo: lo abrazó con fuerza, le dio unas palabras de aliento y volvió a su asiento con el vaso de cerveza. Después llegó Gonzalo Tiesi . "Es muy injusto lo que pasó", le dijo tras un abrazo.

El aliento de los miles de argentinos fue expandiéndose por las tribunas. Y Galarza empezó a relajarse. Con el try de Imhoff , el segunda línea saltó de su banco y se sumó al canto de sus compañeros.

Con la seguidilla conquistas argentinas, un guardia de seguridad tuvo que pedirles que no saltaran: tampoco podían hacerlo durante mucho tiempo porque le bloqueaban la visión a Hourcade, que en un ritmo frenético se rascaba la cabeza, se comía las uñas y daba órdenes sin parar en el handy cuando las cosas no le salían a los Pumas.

Con el punto bonus asegurado, Galarza pareció uno más, ya desconectado del incidente que lo marginó de la Copa del Mundo. Terminó cantando "Vamos Pumas, vamos, ponga huevo que ganamos..." y se marchó separado del plantel porque aún está firme la sanción.

La Union Argentina de Rugby (UAR) decidió apelar la pena. Presentará su descargo el lunes a las 10, en el mismo lugar donde fue citado Galarza. Se espera que el tribunal de disciplina no haga a lugar a la petición. Si llegaran a reducirle la sanción, no alcanzaría para que se reincorpore al plantel.

El Mundial se terminó para Galarza, pero esta tarde pudo disfrutar de un triunfo vistoso de sus compañeros en el estadio donde, dentro de una semanas, volverá a jugar al rugby.

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