Boom Boom Kid: "La persona que hace lo que le gusta no trabaja: goza"

Músico adelantado en muchas tendencias, fanático de la autogestión y ciudadano del under, cuenta que vive "buscando libertad"
José Totah
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26 de septiembre de 2015  

En la década del 90, Boom Boom Kid (43 años) fue el cantante de una de las bandas de rock que inauguró la idea de "lo alternativo" y despegó al under de la autorreferencia de la argentinidad; con su grupo, Fun People, aceitó el precepto punk del "hazlo tu mismo" y defendió causas que en esos años andaban en pañales, como el veganismo y los derechos de los animales. Cuando empezaron a aparecer boneheads -término que remite a neonazis y skinheads- en sus shows, adoptó la consigna de "Hardcore Gay Antifascista" para espantarlos. Boom Boom Kid, Nekro, Voom Vaan Kinder, Il Carlo, El Principito hardcore o Carlos Rodríguez a secas fue, desde el vamos, una especie de héroe resacoso que, cantando como un Elvis gritón, surfeaba los tres acordes del hardcore y el punk.

Tres décadas más tarde, con todo el morbo que genera la consigna "qué fue de la vida de", es interesante preguntarle a Boom Boom Kid -solista desde 2001- qué es hoy lo contracultural para él, sabiendo que el establishment se debe de haber anexado, con la perseverancia de siempre, el 80% de sus causas de antaño. El que contesta es una suerte de enfant terrible sin edad, que pasa la mayor parte de su vida en la ruta, autor serial de fanzines legendarios, poeta, amante de la comida vegetariana, los boleros, el skate, la arquitectura y las películas de Truffaut, entre otros miles de cosas. Ahora está en Buenos Aires, pero no por mucho tiempo.

-Con Fun People enarbolaban la bandera del "Hardcore Gay Antifascista". Hoy lo contracultural pasa por otros lugares. ¿A qué le gritás ahora?

-Lamentablemente no creo que hayan cambiado las cosas. Considero que hay muy poco oxígeno para que los jóvenes sean lo que quieren ser. Busco amor, libertad? soy un inconformista nato. Como ser humano, vengo acá a gozar? este lobo sale a aullar por eso. El único tema que dejé de hacer de la época de Fun People es uno que habla del servicio militar obligatorio, que ya no existe. Todos los demás los sigo cantando porque son de amor, libertad, paz y armonía entre los seres humanos. ¿Hay algo de eso ahora? No; entonces, sigo gritando.

-¿Qué relación tenés con el trabajo?

-La persona que hace lo que le gusta no trabaja: goza. Alguien que estudió toda su vida para ser doctor y ejerce su profesión es un tipo que vive feliz, que no va a "trabajar". A la persona que decide tener una familia y criar hijos no le va a importar levantarse a las cinco y media de la mañana a cambiar pañales, porque es lo que quiso. El trabajo es lo que se hace con desgano. Yo no hago eso. Yo trato de hacer todo lo que me gusta. En el medio se pincha la rueda, hay arena movediza? Pero, venga como venga, las ganas de buscar la felicidad son tan enormes que sigo adelante.

-¿Qué lugar ocupan los viajes en tu vida?

-Los viajes ocupan gran parte del año. La última gira que hice fue en julio pasado, por la costa oeste de los Estados Unidos. Bajé desde Seattle hasta San Diego y di 24 conciertos en 26 días. Cuando volví, tenía que tocar la noche siguiente en Niceto y al otro día me fui a Perú. En octubre nos vamos con la banda a Japón y nos quedamos ahí hasta el 12 de noviembre. Después tengo una minigira acústica por Bolivia y, a la vuelta, un tour por la Argentina en camioneta con un fotógrafo amigo, que se llama Martín Sorrondeguy, presentando su libro de fotos. Antes de Navidad parto cuatro días a la península ibérica... Como verás, paso bastante tiempo viajando, moviéndome.

-¿Qué es lo que más te gusta del nomadismo?

-Me encanta visitar amigos, conocer lugares nuevos, sabores, experiencias? Así armamos las giras nosotros: parando en las casas que nos abren sus puertas o en algún hotel particular del que me guste la arquitectura. Soy muy fanático de la arquitectura de las ciudades y de los museos de rarezas. Hace poco estuve en Montevideo y me compré, en la feria Tristán Narvaja, unos libritos que explican las fachadas emblemáticas de algunas casas, como la de Carlos Gardel. También conseguí discos, porque investigo las músicas locales, de la década del 40 para acá; me gusta el tango, el merengue, el chachachá, el rocanrol? Las cosas que me atrapan las encuentro en la carretera. Siempre hay aventuras y nunca se sabe qué va a pasar. Por eso, cada vez que puedo agarrar la camioneta o la moto, también me voy a buscar lugarcitos por la provincia de Buenos Aires. Cuando estoy de gira por la Argentina, me gusta parar la camioneta en algún cementerio.

-¿Por qué un cementerio?

-No sé; es un espacio que me sirve para leer y escribir. Hace poco pasé por Chacarita con la moto y lo saludé "al Carlos" (la tumba de Gardel). Suelo ir con mi tocadiscos portátil y pongo música para ambientar. No sé por qué. Pienso que cuando una persona se muere está en cualquier lado. Pero en el caso de Gardel, Paquita (Bernardo) o Discépolo? me gusta dejarles algo. Además hay un parque muy grande y, a la mañana, es un lugar muy tranquilo para estar. A veces también voy al Botánico, pero cuando está muy atestado me vuelvo para el cementerio. Yo soy un chico que se crió en el campo; por eso, me atrae esa tranquilidad. Últimamente no fui tanto a Chacarita porque estoy viajando mucho y haciendo mil cosas: preparando disco nuevo, sacando varios fanzines, pasando música y vendiendo parte de mi colección para pagar los viajes.

-¿Te considerás un punk retirado?

-Yo nunca fui punk, no fui nada. Soy lo que soy: un cantante en eterno desarrollo, un tipo que está tratando de ser y "dejarse ser". Intento proteger mi espacio en este gran remolino que te lleva a una jaulita en donde terminás "no siendo". Y la vida es tan enana y pequeña que defiendo ese espacio con mis dientes, mi voz, mi danza, la sangre, el corazón y el pecho. Vivo en esa, tratando de buscar oxígeno, libertad y amor. Me dedico a poner color adonde no hay. No soy ni punk ni ninguna otra etiqueta.

-¿Hacés o hiciste terapia?

-Sí, claro. Desde chiquito hago "danzaterapia", "gritoterapia"? De pibe, cuando estaba medio cruzado, me encerraba en mi cuarto y ponía música al palo para gritar. Salía "sedita sedita"; me hacía rebién. Igual siempre tenía la necesidad de irme de mi casa y aún siento eso. Yo llegaba del colegio, tiraba las cosas y salía al campo. Me conocía todas las colinas de Otamendi, era mi estepa.

-Antes hablabas de la gente que elige criar chicos, ¿te tienta la idea de la paternidad?

-Yo tengo dos gatos que son mis hijos. Los tengo hace como diez años. Me dedico a la crianza de los felinos. Y es terrible, está buenísimo, me encanta. Ellos me extrañan cuando viajo pero tienen su propio vuelo, como yo. Nos llevamos bien.

bebidas fuertes de viajante

Boom Boom Kid cuenta que tiene dos bebidas de cabecera; el Pei Pa Koa, que se consigue en el Barrio Chino Porteño, y Latte di Suocera. La primera es un jarabe que se toma como té y la segunda es una grapa italiana de alta graduación, para el frío. "Son dos brebajes que tienen que ver con mi vida de viajante", dice.

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