"Se requiere un ajuste por el lado de la vía fiscal"

Marina Dal Poggetto
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27 de septiembre de 2015  

-Desapareció el viento de cola. ¿Hay viento de frente?

-El cambio en el escenario para los países emergentes es evidente y afecta sobre todo a las economías latinoamericanas con una alta incidencia de los precios de las commodities en sus exportaciones. Si bien la capacidad de reacción de cada economía difiere según el manejo que hicieron de la abundancia cuando el viento soplaba a favor, todas sufren la repentina fortaleza del dólar en el mundo y la caída de sus precios de exportación. La buena noticia es que esta vez, en el mundo desarrollado no hay lugar para una suba rápida en las tasas de interés, lo que sostiene para adelante un escenario donde la liquidez va a seguir disponible, aunque en forma más selectiva. Además, las perspectivas para los precios de las commodities agrícolas son mejores que para las de otros, como los metales y el petróleo, más afectados por el ciclo internacional, aunque obviamente dependientes del mercado climático.

-¿Cómo afecta a la Argentina este escenario?

-La decisión de apreciar el tipo de cambio real vía inflación y en paralelo financiar una brecha fiscal creciente con el BCRA durante la parte alta del ciclo global cuando el dólar se debilitaba en el mundo generó una situación dual. Por un lado, no se cuenta con un ancla nominal que permita corregir los precios relativos vía una devaluación brusca, dado que se corre un serio riesgo de terminar con un salto en la inflación que anule las ganancias de competitividad buscadas. Pero, al mismo tiempo, se cuenta con la ventaja de haber llegado al escenario de restricción externa y cuasi pleno empleo con una situación inédita de solvencia y baja carga de intereses de la deuda. A modo de ejemplo mientras la carga de intereses de Brasil se acerca en el margen a 8% del PBI, en la Argentina los intereses a PBI en el mercado apenas alcanzan al 1% del PBI.

-¿Cuál es el margen de maniobra hacia adelante?

-La combinación de baja deuda pública y privada en los mercados en un mundo líquido permitiría apalancar transitoriamente la economía para graduar las correcciones de precios relativos necesarias para recomponer la rentabilidad de los sectores generadores de divisas que aseguren el repago de la deuda. Sin margen para correcciones bruscas del tipo de cambio, se requiere acompañar con la vía fiscal. Esto implica una agenda que normalice la carga tributaria sobre el comercio exterior, y en paralelo otra agenda de reordenamiento de los subsidios mal direccionados. Esta agenda requiere en el arranque generar las condiciones para bajar el costo de fondeo, para lo que es necesario encontrar una solución negociada que permita destrabar los pagos de la deuda reestructurada.

La autora es economista y directora de Estudio Bein

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