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El tipo de cambio real, una comedia en dos actos

Sin ficción, el valor del dólar revela la necesidad de un ajuste
Carlos Rodríguez
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27 de septiembre de 2015  

El kirchnerismo nunca tuvo una ideología definida en lo económico. Sólo en ocasiones en que el mercado intervino contra sus objetivos cambió las reglas. El modelo no es ni capitalista, ni desarrollista, ni marxista. Se promovió el juego, se hizo pagar Ganancias a los camioneros, se vendió gas barato en barrios ricos de la ciudad de Buenos Aires y caro en el interior. A los planes asistenciales se sumó la venta de divisas baratas a los turistas de clase media y alta. La inconsistencia en el uso de instrumentos es enorme y sólo queda como explicación lógica que se los estuvo atando con piolines.

Los precios y el dólar son un caso típico de estudio de estas inconsistencias, producto de reacciones intempestivas y aparentemente poco profesionales. El Gobierno asumió con un TRC (ratio entre precios de los EE.UU. y precios locales, usando el tipo de cambio) bien alto. Si era 100 a fines de la convertibilidad, el kirchnerismo tomó el poder con 200. El otro enemigo básico para el relato era la inflación, el demonio que castiga a los que menos tienen (lo cual es cierto).

Para el relato es fundamental presentar datos de TRC alto y de inflación baja. Y así se hizo mientras se pudo. Pero en diciembre de 2006, los precios subieron más de lo que convenía al relato, en vez de corregir las causas se manipuló el índice. En enero de 2007 se intervino el Indec y la inflación se convirtió en parte del relato. El TRC medido por la inflación del relato se mantiene en los patrones deseados, alrededor de 180-200 (TRC1). Pero el TRC que se deflacta por la inflación verdadera (según índices provinciales) comienza a caer drásticamente a partir de enero de 2007. Es la curva TRC2.

En noviembre de 2011 el valor del dólar único deflactado por los verdaderos precios había caído a sólo un nivel de 110, comparado con el nivel del relato de 188. Esto incentivó la fuga de capitales y pérdida de reservas. El Gobierno instaló el nefasto cepo cambiario: se subsidia el turismo al exterior, no entran medicamentos o partes esenciales para la industria, pero hay televisores o celulares chinos para todo el mundo. Se prohíbe (¿informalmente?) a empresas extranjeras el giro de dividendos o la adquisición de bonos argentinos convertibles a dólares, lo que espanta a la inversión.

El sistema increíblemente no explota. La tonelada de soja, a partir de 2011, superó los US$ 500, cuando estaba en sólo US$ 160 en 2001. Esta fortuna duró hasta 2015 cuando comenzaron los problemas en China y se presagió un futuro pobre para las commodities. La soja cae a cerca de US$ 350, aun el doble que en 2001. El mercado libre del blue es sabio. No cree que es tan alto como indica el TRC1 del relato ni tan bajo como lo mantiene el actual control de cambios en TRC2. El nivel TRC3 se ubica entre ambos valores. En julio pasado, el dólar relato (TRC1) era de 260; el dólar relevante para el comercio (TRC2), de 93 (debajo del índice 100 de la convertibilidad), y el dólar blue real, de 150. Algún ajuste será necesario.

El autor es rector de la Ucema

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