Nadav Lapid: "Israel es un país de derecha con un cine de izquierda"

"La maestra de jardín"
"La maestra de jardín"
El director de La maestra de jardín, actualmente en cartel, es un viejo conocido de los cinéfilos locales: ganó el premio mayor del Bafici en 2013 con su ópera prima, Policeman, y volvió a consagrarse con este retrato de una docente obsesionada con la genialidad de su alumno pequeño
Alejandro Lingenti
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29 de septiembre de 2015  • 12:34

Son conocidas las historias de genios precoces en la historia del arte. Dos bastante famosas: Wolfgang Amadeus Mozart dominaba asombrosamente el piano y el violín a los 5 años; Pablo Picasso exhibió en una galería de Barcelona una valiosa pintura a los 15. Fuera del ámbito artístico, Bobby Fischer se destacó ganando un torneo mundial ajedrez a los 14 años y, una historia un poco más siniestra, está claro, Theodore Kaczynski, el tristemente célebre "Unabomber", fue admitido en Harvard a los 16, luego de destacarse desde muy pequeño como alumno prodigio.

El caso de Yoav, protagonista de La maestra de jardín (actualmente en cartel) notable película del director israelí Nadav Lapid, es curioso. Es pura ficción, pero tiene resonancias que ayudan a establecer estrechos vínculos con la realidad: un niño de cinco años que recita poemas de inesperada complejidad, profundidad y belleza, pero sólo es escuchado con atención por su maestra de jardín de infantes. Su padre millonario considera al fenómeno como una excentricidad pasajera, su niñera aprovecha algunos de los raptos de súbita inspiración del chico para sus propios intereses. Pero el gran tema de la película de Lapid no es la precocidad.

En realidad, el director lo usa como disparador para desarrollar una historia que tiene múltiples focos, igual que lo tenía su película anterior, la impactante ópera prima Policeman, justa ganadora del premio mayor del Bafici en 2013, una aguda radiografía de la sociedad israelí actual con todas sus contradicciones. La liberación sexual, el confort y el dinero operan en la historia del polémico film como fachada detrás de la cual se ocultan complejos y frustraciones de un país paranoico, militarizado y marcado por una cotidiana amenaza de violencia.

"Israel es un país de derecha con un cine de izquierda –asegura Lapid–. A través del cine se pueden entender los problemas de la sociedad israelí, pero raramente entendés lo que la gente realmente piensa. El gran problema de Israel es que hay mucha gente que cree que no hay problemas. El rol de los directores de cine de mi país ha sido mostrarlos". Un dato curioso: los poemas que Yoav recita en el film son del propio Lapid.

"Entre los cuatro y los siete años escribí más de cien poemas –cuenta el director–. La mayoría se los dictaba a mi niñera. El primero fue un poema de amor dedicado a Hagar, la hermana mayor de un amigo del jardín de infantes. A los siete años lo dejé, no quise escribir más ni tener nada que ver con esos poemas. Y no retomé la escritura hasta después de terminar el servicio militar, pero empecé a escribir prosa, no poesía. Mis padres pusieron mis poemas en un cajón y nadie los sacó de ahí durante veinticinco años. Evité leerlos hasta que tuve la idea de hacer esta película". Pero como bien señala el título del film, la protagonista principal de la historia es la maestra, un personaje muy particular que no tolera la vida rutinaria y racional que lleva.

Ella cae bajo el embrujo del niño genio, encuentra en él una formidable vía de escape. La interpreta con enorme solvencia Sarit Larry, actriz israelí nacida en el seno de una familia religiosa que nunca apoyó su carrera y que muy pronto relegó esa vocación por otra que nació un poco más tarde, la filosofía. "Cuando la conatcté para la película, algo que sucedió después de una serie de casualidades –revela Lapid–, ella estaba trabajando como docente de filosofía en la Universidad de Boston y no había actuado en los últimos dieciséis años. Ella captó muy pronto el espíritu de esa maestra que considera los poemas de Yoav como una especie de hechizo mágico y esta profundamente convencida de que todo aquel que los escuche o los lea será incapaz de continuar la vida normal, plagada de vacío y vulgaridad".

Exhibida en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, La maestra de jardín levantó allí más de una polémica. Y lo mismo ocurrió en la última edición del Bafici, donde las valoraciones también fueron diversas. Está claro que Lapid es un artista que incomoda. Sus dos películas han abierto discusiones porque provocan al sentido común, igual que el niño poeta y su tenaz protectora, que termina perseguida y atrapada por la policía israelí, una alegoría muy evidente de la resistencia que produce correrse de los estrictos y agobiantes parámetros de esa convención conocida como normalidad.

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