Leo Battistelli: la energía de la huella

El artista rosarino prepara en Río de Janeiro las piezas de cerámica y vidrio que presentará el mes próximo en la galería porteña Del Infinito
Alberto Armendariz
(0)
4 de octubre de 2015  

Normalmente, en la selva la gente se pierde. Al ceramista argentino Leo Battistelli (Rosario, 1972) le pasó todo lo contrario. Su casa-taller está enclavada en el Alto da Boa Vista, en medio del Parque Nacional de Tijuca que envuelve Río de Janeiro. Ahí, rodeado de una exuberante vegetación, entre lianas de las que cuelgan monos, laderas repletas de flores salvajes, bajo el constante sobrevuelo de tucanes y coloridas mariposas, este artista se encontró a sí mismo y redescubrió su inspiración.

Nacido en 1972 en Rosario, donde se formó, Leo Battistelli se radicó en Río de Janeiro. Allí trabaja en su casa (foto) y en la empresa Cerâmica Luiz Salvador
Nacido en 1972 en Rosario, donde se formó, Leo Battistelli se radicó en Río de Janeiro. Allí trabaja en su casa (foto) y en la empresa Cerâmica Luiz Salvador Crédito: Alberto Armendáriz

"En la Argentina, a mi obra le faltaba color y a mí me faltaba ánimo, impulso para atreverme a probar otras cosas. Allá trabajaba mucho con el blanco, algunos tierras, azul y verde como mucho. Desde que llegué a Río, en 2006, se me abrió una paleta de colores infinita", cuenta a LA NACION Battistelli, mientras prepara la exposición que presentará el 11 de noviembre en la galería Del Infinito, en Buenos Aires.

En honor a la verdad, el impacto del entorno carioca estuvo acompañado por un cambio en su mirada: al poco tiempo se operó de la miopía que sufría desde chico. "Antes mi mundo estaba fuera de foco -apunta-. Comencé a ver todo distinto, se me abrió otro planeta."

Como un explorador global, en el taller de la casa que comparte con su pareja, Cao Albuquerque, un reconocido vestuarista bahiano, Battistelli colecciona todo tipo de elementos que le sirven de inspiración. Pieles de víboras, alas de mariposas y cáscaras de fruta con diferentes texturas se mezclan en los estantes con herramientas, collares de candomblé, libros con leyendas indígenas, ovillos de hilos de cobre y cajitas con hierbas. Los grandes ventanales inundan el lugar de luz natural y, entre la mata verde y los morros, a lo lejos hasta es posible ver el mar de Barra de Tijuca. No es difícil entender por qué se enamoró de este sitio.

"Brasil me interesó desde muy temprano, aunque vine por primera vez ya bastante grande, con unos 25 años, a Florianópolis. Al conocer Río, quedé fascinado por su geografía, su gente, su clima? el espíritu de la ciudad. Toda mi vida había bebido agua ?brasileña'; el río Paraná nace en los estados de Minas Gerais, San Pablo y Mato Grosso do Sul, y yo, que siempre remaba en kayak y nadaba, me pasaba mucho tiempo en el río, recolectando arcilla de los depósitos que se forman en las islas frente a Rosario", relató el artista, que tenía en la sangre el gusto por la cerámica.

Battistelli estudió Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario, pero se inclinó por la cerámica gracias a su abuelo paterno, Alfredo Battistelli, cordobés que trabajaba en el ferrocarril Belgrano, a quien le encantaba viajar y traer de sus periplos por el centro y norte de la Argentina piedras, azulejos, vidrios, plásticos y cualquier fragmento que le llamara la atención. Con ellas, el ferroviario creaba micro-escenas de sus viajes, intervenía ventanas, puertas, mesas, botellas y hasta las perillas del gas de su hogar.

"A mí me alucinaba esa casa toda trabajada con recuerdos. Cuando mi abuelo murió, antes de vender la casa sacamos toda la obra, la montamos en paneles para que no se perdiera. Fue en ese momento cuando me puse a restaurar las piezas, a tocarlas, y me enamoré de la cerámica, del material. Fue el puntapié inicial de mi carrera", recuerda Battistelli, que luego continuó sus estudios con becas del Fondo Nacional de las Artes, con el escultor Leo Tavella y en la escuela de cerámica de Oberá, Misiones.

Empezó entonces a trabajar en sus propias piezas en la fábrica Verbano, en Capitán Bermúdez, que tiene una rica herencia de formación italiana para la elaboración de la porcelana. Ya instalado en Río de Janeiro, comenzó una fuerte relación también con la fábrica de Luiz Salvador, en Petrópolis, que le sumó las raíces portuguesas de la cerámica. La muestra que prepara ahora para Del Infinito contará con obra creada en estos dos lugares, además de piezas de vidrio soplado de Vitrofín, en Cañada de Gómez; para ello, viajará en los próximos días a la Argentina, donde todavía es muy recordada su instalación Temperantia ("Templanza") que hizo para arteBA en 2013 bajo el auspicio de Chandon (ver recuadro).

La nueva exposición, bautizada Gargalhadas ("Carcajadas"), estará dividida en ocho secciones llenas de simbología, relacionadas de alguna manera con Exú, una deidad yoruba irreverente, muy popular en el candomblé, que sirve de comunicador entre el mundo real y el divino. Allí habrá espacio para las "guías" (collares) de Exú, calabazas que representan el planeta, agujeros que hacen referencia al pasaje entre distintas dimensiones, seres sobrenaturales y bichos originados en la tradición oral indígena, cascadas de cuarzo en homenaje a Iemanjá, líquenes que evocan la conjunción entre el mundo marino y el terrestre, y pieles descascaradas que aluden a la transformación continua, la dualidad entre la vida y la muerte, la posibilidad de un nuevo comienzo.

"La cerámica es un material que todo el tiempo se renueva, con diferentes aplicaciones -destaca Battistelli-. Yo vivo en la frontera entre el arte y el diseño, pero me interesa siempre marcar en las piezas lo artesanal, la huella humana; no que sean perfectas. ¿Cuál es el sentido de que todo sea homogéneo, igual? Si ves las primeras piezas de las fábricas chinas que inventaron la porcelana, o las de Sèvres, las de Limoges, se ve esa marca humana; los tipos hacían piezas únicas, dejaban su huella. Ahora no. Con fábricas súper mecanizadas, lo más importante parece anular la marca humana; como artista, eso me parece absurdo. Yo creo que los materiales terminan absorbiendo energía y es eso lo que espero transmitir con mi obra."

En arteBA

Hace dos años, Leo Battistelli tuvo un destacado protagonismo en arteBA. Fue el artista elegido por Chandon para intervenir el espacio de entrada al Barrio Joven de la 22a edición de la feria. Fiel a su vocación de de producir arte contemporáneo con técnicas ancestrales, apeló al vidrio para crear Temperantia, una instalación site-specific inspirada en las burbujas del champagne.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.