Descubrí tu cuerpo con la antigimnasia

Un trabajo físico y emocional que conecta músculos y descubre emociones. El cuerpo da señales. Prestá atención
Silvina Vitale
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8 de octubre de 2015  

Este original método de trabajo corporal fue creado en los 70 por la fisioterapeuta francesa Thérèse Bertherat, que publicó El cuerpo tiene sus razones. El libro fue best seller y explica de qué se trata esta pedagogía a partir de la cual las personas aprenden a sentir su propio cuerpo, a conocer cuáles son los motivos que le hacen sufrir o padecer dolores (el libro se puede consultar online en www.antigimnasia.com).

Por lo general, le prestamos atención al cuerpo cuando sentimos algún dolor y no sabemos por qué ocurre. La antigimnasia brinda las herramientas para saber qué dice el cuerpo. Se trata de movimientos sencillos que conectan a la musculatura. Este método concibe los músculos como en la época de los cuadrúpedos, los de atrás actúan como si fueran un solo sistema, como una cadena interconectada desde el cráneo, la nuca, espalda, la parte de atrás de las piernas, la parte de atrás de los pies y el empeine hasta la rodilla.

La antigimnasia busca activar los músculos de la parte delantera, como cuádriceps y abdominales -separados de esta cadena-, para que se flexibilicen y trabajen de manera integral con los músculos de la parte trasera. Esa conexión se realiza a través del diafragma, que más allá de la función en la respiración es como un paraguas que está agarrado de las costillas y las vértebras, y que con su movimiento masajea a órganos como el estómago y los intestinos. Define la forma en que nos paramos y es importante que recupere su movilidad, que no esté rígido.

Los movimientos de la llamada antigimnasia son suaves y precisos, y además de permitirnos conocer nuestro cuerpo hace que nos conectemos con las emociones que están escondidas en la musculatura, y aparezcan las razones ocultas detrás de determinadas dolencias. Por ejemplo, cuando uno se golpea el dedo chico del pie y por unos días camina sin apoyarlo adopta una postura que hace que la cadera se resienta y así comienza un dolor localizado, un malestar generalizado y cambios de humor. Uno se olvida del dolor del dedo y no sabe por qué ahora le duele la cadera y por qué no se siente bien. La idea es tomar conciencia antes, aprender a flexibilizar, dejar de lado la rigidez del cuerpo y de las emociones.

En cada sesión se trabaja toda la musculatura con el protagonismo de alguna zona en particular. Se puede poner énfasis en:

.El dedo chiquito del pie: con movimientos que repercuten en el hombro y la cabeza.

.La lengua: un músculo plano de gran sensibilidad que se relaciona con la cabeza, la nuca y la cervical.

.La nuca: un lugar pequeño que conecta la cabeza con el cuerpo, lo vital pasa por ahí: la alimentación, la respiración, las emociones, y se tensiona fácilmente.

.Los ojos: la tensión en la mirada o rigidez en los ojos trae tensión en la nuca, dolor de cabeza y hasta de estómago.

La denominación de antigimnasia no tiene que ver con no hacer trabajo físico, al contrario, se hace un trabajo físico intensivo. El término viene de la época en que surgió la antipsiquiatría como planteo alternativo a la forma tradicional. Es para todas las edades, de chicos de 9 a personas de 99 años. La musculatura tiene un registro emocional y al movilizarse se movilizan también las emociones. Una oportunidad para animarse a la aventura de estar bien con uno mismo a partir del conocimiento del cuerpo.

ASESORÓ: Laura Diuzaboule, psicóloga e instructora de antigimnasia, sldiuzaboulet@hotmail.com

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