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Dinastías en picada: Ni Jeb Bush ni Hillary Clinton enamoran a los votantes

Ambos tratan de mantenerse en las encuestas de la campaña presidencial pero los norteamericanos parecen inclinarse por candidatos ajenos al establishment
Rafael Mathus Ruiz
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11 de octubre de 2015  

NUEVA YORK.- Imaginaban que habría dificultades en el camino, pero casi nada los llevaba a pensar meses atrás que serían tantas. O que pusieran en duda su éxito. Poco más de dos meses antes del inicio de las primarias, los dos candidatos presidenciales de las dos dinastías más influyentes de la vida política contemporánea de Estados Unidos, Hillary Clinton y Jeb Bush, están en problemas.

"Hillary está en un lugar del que puede salir mucho más fuerte -describe a LA NACION el politólogo de la Universidad Princeton Julian Zelizer-. Jeb Bush está mucho más débil de lo que la mayoría esperaba que estuviera. No se sabe dónde puede ir a parar en los próximos meses."

Antes del verano, luego de que una seguidilla de anuncios terminara de dibujar el panorama político para la disputa por la Casa Blanca el año próximo, Jeb Bush y Hillary Clinton lideraban las encuestas y aparecían como los grandes favoritos, destinados a reciclar la contienda de 1992 entre el padre, George H. W. Bush, y el marido, Bill Clinton. Ya no.

Además de los problemas propios de cada uno, ambos -sobre todo, Bush- sufren por un desafío común: el público norteamericano parece, por ahora, mostrar mucho más afecto por las caras frescas, jóvenes, y, si se puede, ajenas a Washington y al establishment político, al que ambas dinastías encarnan y ayudaron a construir.

"Parece ser, claramente, que los votantes en las primarias republicanos, que participan en las encuestas de opinión, en este momento realmente han rechazado a los principales candidatos del establishment en una manera muy contundente", dijo Robert Shapiro, profesor de la Universidad Columbia, en un encuentro con periodistas extranjeros.

Un dato: Donald Trump, Ben Carson y Carly Fiorina, tres candidatos que nunca han ocupado cargos políticos, lideran las encuestas republicanas. Otro: dos gobernadores, Scott Walker, de Wisconsin, y Rick Perry, de Texas, ya abandonaron la carrera. Bush cayó al quinto lugar. Sus gaffes se convierten en tendencia en Twitter, y su campaña no encontró la forma de quebrar lo que aquí llaman la brecha de entusiasmo.

Hillary, golpeada por el escándalo de sus correos electrónicos, que drenó la confianza que genera en los votantes, tuvo que moverse a la izquierda para desactivar la amenaza del senador socialista Bernie Sanders. Su equipo teme que el vicepresidente, Joe Biden, un político muy afable y popular, con una trágica historia personal que ha generado mucha empatía, se sume a la contienda.

Hace unos días, Bush reaccionó con una frase desafortunada sobre el tiroteo de Oregon en el que murieron nueve personas, y que dejó en evidencia otra vez la gravedad de la violencia con armas de fuego en Estados Unidos. "Miren -dijo Bush, en medio de una larga frase-, pasan cosas." Desde ese momento, la etiqueta #StuffHappens, que quedó al tope de la lista de temas de tendencia ese día, lo persigue en Twitter.

Su desempeño en los debates presidenciales fue errático, y generó más críticas que elogios, al punto de que algunos ya dudan acerca del entusiasmo del propio Bush, un político introvertido, algo que queda mucho más en evidencia cuando aparece junto a candidatos bien determinados como Carly Fiorina o Marco Rubio.

Nadie duda de que Hillary Clinton quiere ser la primera mujer en liderar a Estados Unidos. Basta con ver la emisión del sábado de la semana anterior de Saturday Night Live, donde la demócrata se prestó para el humor y hasta imitó a Donald Trump, en un último intento por mostrar un costado más cándido que levante su respaldo entre los norteamericanos.

"Ella es una política meticulosa, sabe cómo hacer campaña, pero no se siente cómoda mostrando su costado más personal. Y tenés que hacerlo en la política norteamericana. Los votantes votan por personas", recordó Zelizer.

Como parte del reacomodo de su campaña, Hillary también modificó su discurso. Después de meses en silencio, Hillary decidió anticipar su rechazo a la construcción del gasoducto Keystone, un polémico proyecto de infraestructura para llevar petróleo de Canadá a Texas que desde hace cinco años es motivo de pelea entre demócratas y republicanos. Fue un tema en la campaña presidencial de 2012.

Además, en un marcado giro respecto de su propio pasado y en oposición a la Casa Blanca, cambió su postura sobre el Acuerdo Asociación Transpacífico (TPP, según su sigla en inglés), el mayor acuerdo de libre comercio de la historia de Estados Unidos. Como secretaria de Estado de Obama, lo promovió como un elemento central del "giro a Asia", pilar de su política exterior. Ahora, dijo que está en contra.

Esta nueva estrategia de Hillary la obliga a ensayar un delicado equilibrio, puesto que si se mueve demasiado a la izquierda puede poner en riesgo su respaldo entre los votantes independientes, claves en la elección general. Shapiro dijo que no es descabellado pensar en una candidatura de Sanders para esa pelea. Zelizer optó por la prudencia: aún falta mucho tiempo, y todavía no se ha emitido un solo voto.

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