Detrás de la campaña: los actores que acompañan a Scioli, Macri y Massa en el vértigo del día a día

Analizan encuestas, definen los discursos, organizan los viajes y definen los acompañantes permitidos; hacen todo para que el candidato sólo se dedique a un cosa: seducir al electorado para convertirse en el próximo presidente
Jaime Rosemberg
Marcelo Veneranda
Santiago Dapelo
(0)
11 de octubre de 2015  

Algunos son absolutamente invisibles para el elector. Otros pueden tener un rol público junto al candidato, pero es lo que hacen por detrás, antes y después de que se enciendan las cámaras lo que podría definir todo: que el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, o el diputado Sergio Massa seduzcan a la ciudadanía y se conviertan en el próximo presidente de la Argentina. Estos son los hombres detrás de la campaña.

La tropa "naranja"

Daniel Scioli sale disparado. Atrás, en el escenario, quedó parte de su gabinete, algunos integrantes de La Cámpora y funcionarios nacionales saludando a los militantes que llenaron el Teatro Cervantes. No hay tiempo que perder. Tiene otra presentación -la cuarta del día- en 15 minutos. Pero, de pronto, el tumulto de gente que siempre tiene alrededor se detiene. Es que el candidato a presidente del kirchnerismo se frena frente a uno de sus colaboradores que sostiene una computadora abierta.

"¡Ésta!", dice, y cuando se prepara para seguir a toda marcha se arrepiente. "¡Para! Vení, mejor ésta", remata. Ahora sí, sale rumbo a la camioneta en la puerta del teatro.

Obsesivo de la imagen, el gobernador no se va de un acto sin elegir la fotografía que su jefe de prensa, Mariano Raimondi, enviará a todos los medios. Todos en su equipo saben que es el disparador para poner punto final a una presentación.

Ese grupo está compuesto por poca gente. Karina Rabolini, su esposa, a "la que escucha mucho"; Lautaro Mauro, amigo de confianza y asesor de la unidad Gobernación -lo acompaña a todos los viajes al interior-; Julián Colombo, jefe de la privada; Diego Juárez, secretario privado; y Raimondi. Son los que se mueven siempre con Scioli. Su función es que no tenga más preocupaciones que las palabras que dirá.

La infraestructura general de la campaña depende de Norma Izsak, directora de Imagen del gobierno bonaerense, que actúa como una especie de "wedding planner". Pero en esa materia también influyen Jorge Telerman, coordinador de la campaña, y Luis Cella, hijo del histórico productor de Susana Giménez.

Otro de los que está siempre es Alberto Pérez, el funcionario que mejor interpreta a Scioli y su hombre de confianza. Todos coinciden en el diagnóstico: Scioli no se relaja. "Está atrás de cada detalle", aseguran.

El detrás de escena también incluye la preparación de los spots de campaña, que produce Ernesto Savaglio. Área que lidera el secretario de Comunicación bonaerense, Juan Courel. Pero siempre, sin excepciones, todo pasa por Scioli. De hecho, le adjudican la idea de la pieza más celebrada: Scioli para la Victoria.

Exigente, el gobernador no soporta errores. Lo mismo ocurre con los horarios. "Es muy quisquilloso con ese tema", relató otro de los que sufre los pedidos cuando algo no sale a gusto y piaccere del candidato. Una vez que Scioli parte del lugar, los gestos de su equipo se relajan unos minutos... hasta el próximo acto.

El equipo porteño

Macri las denominó "mis 26 horas de libertad condicional". Es que, entre las 15 del sábado y las 17 del domingo, tiene libertad para descansar, estar en familia, jugar fútbol, paddle o el infaltable bridge con sus amigos del Cardenal Newman.

El resto del tiempo, se resigna el candidato, es campaña: reuniones, recorridas, actos. Y detrás de cada evento hay un ejército de colaboradores trabajando para que todo salga como se planeó. Y para que Macri se preocupe lo menos posible por esos detalles que hacen la diferencia.

Todo comienza en las reuniones que los lunes por la tarde tienen los responsables de la campaña. El secretario de Gobierno, Marcos Peña y su par de Medios, Miguel de Godoy, repasan la agenda junto al ministro de Gobierno, Emilio Monzó, responsable del trabajo territorial y que comparte con Peña la jefatura de la campaña, y Fernando de Andreis.

Ellos definen la letra gruesa de las actividades: objetivos, lugares, referentes, discurso. Muy temprano, cada mañana, Peña y su equipo de comunicación definen la actividad de Macri de ese día, y ponen en marcha los cambios de última hora.

En el terreno, localidades del interior en su mayoría, entran en acción actores que dependen de Peña con responsabilidades muy concretas. Federico Suárez arma la logística y actúa como intermediario entre la comunicación y el "territorio", mientras se encarga de los discursos de Macri, junto a Julieta Herrero.

Iván Pavlosky, vocero de Macri desde Boca Juniors, transcribe lo que el candidato va diciendo en cada lugar y se encarga de que llegue a los medios. Juan Gentile se ocupa de la "producción de prensa": desde que los móviles levanten la señal satelital hasta que los periodistas estén al tanto de cada actividad y recorrida.

Hernán Bielus es el "todoterreno" en materia de logística: pasajes, distancia entre actos, preparación de los dos "macrimóvil" con los que el candidato recorrió buena parte del país. También se ocupa de los detalles: como los chocolates y dulces que Macri reclama varias veces por día.

Más allá de las cuestiones prácticas está la política. Monzó acompaña en la mayoría de los viajes a Macri: lo asesora sobre la realidad política de cada distrito y "contiene" a los referentes locales. También sugiere la lista de "invitados" a los viajes.

¿Cómo se toma Macri el trajín de la campaña? "Soy un soldado obediente", repite, aunque él también pide "acortar" la agenda cuando está cansado o se termina su paciencia. En esos casos, una buena siesta lo repara. Hablar de fútbol o de otros temas que le interesen es otra forma de que recupere el buen humor y la energía para el trajín de la campaña.

El War Room de Massa

Salvo que Sergio Massa haya enviado uno de sus mails a las 3 de la madrugada, la agenda diaria del candidato del frente UNA empieza a las 7, cuando en el búnker de Tigre se arma el War Room, una sala donde se sientan los consultores Sergio Bendixen y Antonio Sola, los voceros Claudio Ambrosini y Santiago García Vázquez, la encargada de ceremonial Lorena de Rentis y los coordinadores políticos y operativos de la campaña: la diputada Graciela Camaño, el ex secretario de Seguridad Diego Santillán, y Carlos Hourbeigt, hombre del equipo de Roberto Lavagna.

Por esa mesa desfilan las encuestas y focus groups del peruano Bendixen, el impulsor de la agenda propositiva de Massa, y las "investigaciones de contraste" del español Sola, quien se especializa en la batalla contra Scioli y Macri. El War Room -que sigue conectado las 24 horas por chat- define el diagnóstico y el sentido que tendrá la campaña, aunque todo deberá pasar por dos filtros.

El primero es Ezequiel Melaraña, amigo desde la adolescencia de Massa y su alter ego invisible. "No se lo ve nunca porque está en todo", repiten en Tigre. La puntada final -pero muchas veces, también la primera y la enésima- la da Massa, capataz y albañil de su propia campaña. Si surge algún enredo legal, el hombre a consultar es otro "histórico": Eduardo Cergnul, apoderado de UNA.

Camaño es la coordinadora política del tigrense, el enlace con Lavagna -que lidera los equipos técnicos- y el gobernador cordobés José Manuel De la Sota, todos concejeros de peso creciente. En el Norte del país, el tejedor de acuerdos desde 2013 es Raúl Pérez y ahora también el salteño Gustavo Sáenz, vice de Massa.

La logística operativa termina cayendo en Santillán, que se encarga desde las visitas a cada distrito a que no falten carteles y boletas. Y, una vez que se elige un destino, un día antes que Massa llegan Enrique Mouján -a ocuparse de los medios- y los "ceremoniales": De Rentis, Hernán De Nardi o Sergio Gargano deben lograr lo imposible: que Massa arribe a cada cita pautada pese a la impuntualidad crónica del tigrense y su adicción por frenarse a charlar con quien lo salude.

Los "ceremoniales" terminan haciendo de todo: desde pegarle la suela de los zapatos a Massa, como ocurrió hace un mes en La Rioja, a poner el cuerpo para frenar una bienvenida no amigable del kirchnerismo, como pasó en La Matanza. En el conurbano, el oficio de poner el cuerpo en los barrios difíciles suele caer en Lázaro Flores, otro todoterreno invisible.

Conocidos por los periodistas, pero igual de invisibles para los votantes, los hombres de prensa completan la faena de la campaña. Ambrosini, Vázquez y Georgina Fetonte coordinan un equipo infinitamente menor al de sus rivales: una decena de jóvenes relevando medios, escribiendo gacetillas y tomando imágenes, y otra decena, más jóvenes aún, ocupándose de las redes sociales.

Ese universo massista, que desde hace años padece la hiperactividad de Massa, esta semana se desayunó con un nuevo pedido del tigrense: trabajar las 24 horas.

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