EE.UU. experimenta sus límites en Medio Oriente

Martin Bialecki
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16 de octubre de 2015  

WASHINGTON.- Con impotencia y frustración, Estados Unidos está encontrando en Medio Oriente los límites de su inmenso poder. El fracaso del programa de entrenamiento de rebeldes sirios es tan sólo uno de los muchos reveses en un patrón que se repite desde hace años con contradicciones indisolubles, promesas incumplidas, falta de conocimiento y arrogancia retórica.

"Paciencia y perseverancia estratégica." Así describió el presidente Barack Obama el principio de su política para Medio Oriente. Pero ahora que los cazas rusos también están lanzando bombas sobre Siria, esa paciencia parece más bien paralización, según The New York Times. Estados Unidos no ha podido hacer otra cosa que contemplar cómo el presidente ruso, en contra de todo lo previsto, tomó las riendas de la iniciativa.

Y esto tiene mucho que ver con Obama. Siempre ha querido marcar todas las distancias con su predecesor, George W. Bush, y evitar que se reprodujeran capítulos sangrientos como la guerra de Irak. Ha querido ser un hombre de paz que quería dar un nuevo rumbo a un Estados Unidos cansado de la guerra, pero el problema durante años es que Obama, ese orador tan brillante como carismático, no ha logrado cumplir las expectativas que había despertado.

El primer ejemplo de ello es el proceso de paz entre Israel y los palestinos. Quería lograr la paz en dos años y con ello todas las partes se han arruinado. Y con ello también la credibilidad de Estados Unidos.

Ejemplo número dos: la lucha contra las hordas terroristas de Estado Islámico (EI). En estos días en Washington no hay prácticamente ninguna reunión de la Casa Blanca, el Departamento de Estado o el Pentágono en la que no se presente un listado de los "éxitos" o los "avances en el camino a la victoria". Estados Unidos ya lleva 7300 ataques aéreos al frente de la alianza liderada contra EI. Pero logros reales, tangibles, no hay, a excepción de algunos comandantes.

Los expertos señalan que la estrategia de Estados Unidos para Siria y EI es muy estrecha de miras. No se puede estar en contra de Bashar al-Assad y rechazar a la vez a todos sus adversarios. Tampoco es acertado centrar toda la atención en EI, cuando en la región existen muchos otros grupos. Al gobierno de Estados Unidos sencillamente le falta conocimiento sobre la región.

Con su política, Estados Unidos consiguió irritar a casi todos los socios importantes en la zona, apunta The Hill. Egipto, Arabia Saudita, Yemen, Israel e Irán. "Se sembró la desconfianza entre las naciones, así como entre los países y Washington. Ni siquiera consiguen ponerse de acuerdo en quién es terrorista."

Otros ejemplos: en Irak, la rápida retirada de tropas condujo a un vacío de poder que de inmediato aprovecharon Al-Qaeda, EI y otros. En Yemen no funcionó la estrategia de abrir paso a la democracia con tiros y amenazas. En Egipto dieron un giro radical desde el apoyo a los Hermanos Musulmanes hasta una reanudación de la ayuda militar.

Los republicanos no dejan de apasionarse hablando de la "descomposición" de la política exterior y una retirada de Estados Unidos del mundo. Pero realmente nadie tiene una idea buena para Medio Oriente Próximo, apunta Foreign Policy.

Obama, que llegó al cargo sin experiencia en política exterior, quiso lograr en Medio Oriente algo así como un equilibrio de fuerzas. Un propósito ingenuo a la vista del entramado interminable de intereses, agrupaciones, confesiones religiosas e historia. Se le señala como error histórico que en 2014 trazase la famosa "línea roja" para Al-Assad, que el mandatario cruzó sin que aquello tuviera consecuencias. ¿Y cómo seguir? Tras cuatro años sin éxitos en la política para Siria, sólo le queda contemplar con paciencia hasta que Rusia retroceda espantada ante la posibilidad de que Siria se convierta en un nuevo Afganistán y se abra así la posibilidad de una solución diplomática.

Estados Unidos no debería prometer nada más, reclaman los expertos. Debería impulsar la realpolitik, negociar, tomar la delantera, así como ya lo hizo (no sin que se le cuestionara) en el acuerdo nuclear con Irán o con la negociación del acuerdo comercial transpacífico.

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