Angélica Gorodischer: "Me interesa lo oculto, lo que es difícil de nombrar"

Cuentista experta, fue pionera de la ciencia ficción en la Argentina, pero abandonó hace tiempo el género; dice estar harta de "las mujeres vencidas en la literatura"
Daniel Gigena
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19 de octubre de 2015  

ROSARIO.- "El teléfono celular es para mí una especie de esclavitud: «¡Ay, el teléfono, dónde lo puse!». Mis hijos me retan porque no me cuesta nada olvidarme de él." Angélica Gorodischer, rosarina por adopción y autora de más de diez novelas y de otros diez volúmenes de cuentos, no reniega sin embargo por completo de la tecnología. En su casa situada en el sur de la ciudad de Rosario, en el barrio denominado Tiro Suizo (que toma su nombre de un club deportivo), comenta que la computadora le cambió la vida. Antes escribía sus cuentos y novelas a mano. Usaba lápiz, dice, "para borrar, porque soy prolija y no quería ver tachaduras; después de cuatro versiones lo pasaba a la máquina, era una tortura, ponías el carbónico y en la última línea te equivocabas, tenías que empezar todo de nuevo". Madre de tres hijos, está casada con el arquitecto Sujer Gorodischer desde 1948. El Goro, como lo llama ella, está presente durante la entrevista y cuando su mujer habla de los hijos comenta que el mayor tiene tantos años que es casi más viejo que él. La pareja mantiene un contrapunto divertido y aceitado, como el de los personajes de Querido amigo, Las señoras de la calle Brenner y Palito de naranjo, tres de las novelas de Gorodischer donde sobrevuelan aires de comedia. Mientras trabaja en una nueva novela que Emecé publicará en 2016, la autora de Kalpa Imperial muestra con orgullo un libro de cuentos, Otras vidas, editado por el sello santafecino Palabrava y que se vende en los quioscos junto con el diario El Litoral. Cuenta que su hija, días atrás, la llamó para decirle cuánto le había gustado uno de esos cuentos, "Jacoba, viento y escoba", un relato donde una narradora recuerda a su abuela inmigrante.

Escribo por encargo también. ¿Por qué no? Una es escritora. Escribir es un oficio. No importa de dónde venga el primer impulso: una idea, un detalle, una palabra, inspiración no porque la inspiración no existe o sí existe, pero se volatiliza instantáneamente si no se la trabaja; de cualquier parte que venga el impulso, y si viene de una sugerencia, orden, encargo, o lo que fuera, ¿por qué no, eh? Otra cosa: los grandes, pero los grandes grandes, escribieron, pintaron y compusieron sinfonías por encargo. ¿Y yo le voy a hacer ascos al procedimiento? Y si ellos pudieron, no digo que yo voy a obtener los mismos resultados, no estoy tan chiflada, pero si ellos pudieron, ¿por qué yo no voy a tratar de cumplir un encargo? Claro, a menos que alguien me diga: "Oiga, doña, escriba una novela de amor y traición y sufrimiento y desgracia final de la protagonista y le vamos a pagar un montón de guita". Ahí digo que no simplemente porque a mí esas novelas convencionales que "reflejan la vida real" y que les gustan a todo el mundo me ponen furiosa. La editorial Atlántida me había pedido un libro sobre un personaje histórico y yo elegí a Kublai Kahn. Me lo imaginé en un café de Rosario, charlando con Marco Polo, y a una narradora que los escucha con atención. Así salió Cruce de caminos.

En cuanto al feminismo, seguimos viviendo en una sociedad machista. Peleamos, eso sí, por salir de eso, pero todo es muy lento y trabajoso. En mis momentos de optimismo pienso en mi mamá y en mis tías (no digamos en mi abuelita) y me digo "ay qué suerte, cuánto hemos conseguido". En mis momentos de pesimismo me digo "ufa, cuánto nos falta todavía". Y siempre reflexiono, para mí misma o en voz alta: "No me explico cómo las gentes que leen los diarios y miran televisión no se convierten instantáneamente en feministas". Y no. Todavía hay ignorantes y prejuiciosos (de ambos géneros) que dicen "las feministas odian a los hombres" o "¿vos sos lesbiana, che?" o "el feminismo ya está superado", y así de seguido.

Leo de todo. Los huesos de Aldous Huxley se van a sentir importantes por lo que voy a decir: de él tomé la idea de la importancia de la curiosidad intelectual. Para alguien que escribe, como yo, es fundamental leer no sólo narrativa, sino también ensayo, historia, ciencia. Por supuesto yo leo divulgación, no ciencia pura y dura, porque no entendería mucho. Ahora estoy entusiasmada con la teoría de las cuerdas, ¿escuchaste hablar de eso? Leo a Juan Martín Maldacena, un físico argentino que escribe sobre esa teoría y sobre el universo líquido, es sensacional. El horizonte de una se ensancha con esas lecturas.

Me interesa lo inexpresable, lo oculto, lo que no se nombra o es difícil de nombrar. La vida real me importa un pito. No podría escribir novelas realistas sobre lo que siente un oficinista que está enamorado de la chica de la otra cuadra y no se anima a decirlo, y sufre por eso, ¡a mí qué me importa! Publiqué cuatro novelas de ciencia ficción, pero ya no escribo más libros de ese género. Me parece que hay un florecimiento ahora de la ciencia ficción, pero encuentro esos textos opacos, sin un trabajo de escritura. En mi caso me gustó escribirlos y llamaron la atención, creo, porque la autora era de un país en el que no funcionaba nada bien, ni los teléfonos, ni las compañías eléctricas, ni los gobiernos, y sin embargo podía imaginar universos de fantasía como los de Kalpa Imperial.

Hace poco estuve como invitada en la Semana del Libro de Rafaela. Es una ciudad bellísima. Ahí di una conferencia llamada "El cuento del cuento", donde quería decir algo sobre las recetas para escribir un buen cuento. No hay recetas. Sin embargo, les dije dos cosas: primero, que no hay que atenerse demasiado a las reglas, a esas convenciones sobre la presentación, el desarrollo y el desenlace. Un cuento se puede empezar por cualquier lado y la extensión es variable, la que sea necesaria. Segundo, que el cuento es para que el autor o la autora se luzcan, en el cuento hay que brillar. En la novela se siguen direcciones diferentes, algunas quedan inconclusas o a medio trabajar. En el cuento no. La literatura empezó con el cuento.

Estoy harta de las mujeres vencidas en la literatura, por eso en Palito de naranjo conté la historia de una triunfadora. Es una novela sobre la trata, escrita por completo con diálogos, con personajes femeninos y sin acotaciones narrativas. Es un largo diálogo de Fermina con una periodista, en el que ella repasa su vida y cómo se convirtió en una benefactora de mujeres a pesar de haber sido prostituida en la adolescencia. Lo que novelizamos las mujeres tiene interés porque nosotras todavía atravesamos situaciones conflictivas. A quienes quieren leer por primera vez un libro mío, les recomendaría Historia de mi madre, de 2004, o algunas de las novelas de ciencia ficción. Historia de mi madre es una especie de autobiografía, aunque la protagonista del libro es mi madre. Es un libro que quiero mucho y que está dedicado a mis nietos.

Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera

Aunque nació en Buenos Aires, vivió casi toda su vida en Rosario. Es autora de las novelas Opus dos, Jugo de mango, Tumba de jaguares y Tres colores, entre muchas otras. Como cuentista, publicó Trafalgar, Menta y, en 2015, Otras vidas. En 2007, fue nombrada ciudadana ilustre de Rosario, y en 2012, personalidad destacada de la cultura de Buenos Aires. Obtuvo el Premio Mundial de Fantasía por su trayectoria. Su obra tuvo una traductora de lujo: Ursula K. Le Guin

Buenos Aires, 1928

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