Arte de tapa: puerta de entrada a la literatura

Las portadas logran un amor a primera vista con un libro; una muestra reivindica su diseño
Walter Lezcano
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20 de octubre de 2015  

Las tapas siempre representaron una parte vital de ese objeto invencible llamado libro. Ya sea como primera impresión, herramienta que amplifica significado o anzuelo de venta, las cubiertas contienen ese aire anfibio de objeto artístico y panfleto informativo del contenido de un texto. Las editoriales buscan innovar en sus diseños para volverse atractivas y, si es posible, quedar impregnadas en las retinas como imágenes inolvidables. Así ocurrió con las tapas que diseñaron S. Neil Fujita para El padrino, de Mario Puzo; las de Joe Pernaciaro y Joseph Mugnaini para Fahrenheit 451, de Ray Bradbury; la cubierta que hizo Francis Cugat para El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald, o la realizada por David Pelham para La naranja mecánica, de Anthony Burgess.

También en nuestro país existen cubiertas memorables y clásicas, como la que hizo Jorge Álvarez para La traición de Rita Hayworth, donde se ve a Manuel Puig detrás de una cámara; la de ¿Quién mató a Rosendo?, de Rodolfo Walsh, en Ediciones de la Flor; la primera impresión de La invención de Morel, de Bioy Casares, para Losada, o la de Chichoni para El juego de la rata y el dragón, de Cordwainer Smith, en Minotauro, un extraordinario sello editorial que también tuvo tapas creadas por el trazo de artistas como Carlos Nine y Luis Scafati.

El diseñador de tapas más reconocido del mundo tal vez sea hoy el carismático Chipp Kid, quién dejó su huella reconocible en esta rama del arte con la cubierta de Jurassic Park, de Michael Crichton.

Los tesoros nacionales

Es un detalle menor que pasa desapercibido para la mayoría de los lectores; sin embargo, tiene un gran valor para el responsable de todas las tapas de la editorial Mansalva. En la sección de información interna del libro -el llamado colofón- no dice "diseño de cubierta" ni nada parecido, dice lo siguiente: Arte: Javier Barilaro. Con ese pequeño gesto, el artista plástico da cuenta de forma pública cómo encara su trabajo: como si fuera un cuadro para una estructura móvil y portátil.

Éstas son cualidades que se pueden apreciar en la muestra La industria gráfica produce cultura, que estará en la galería Otero (Scalabrini Ortiz 1693) hasta el 15 de noviembre, donde Javier Barilaro exhibe "sus caprichos". Barilaro empezó con el diseño de tapas de manera autodidacta confeccionando las imágenes de los casetes en los que hacía compilados musicales cuando era joven. Luego estudió en Bellas Artes y con unos amigos estudiantes de Letras decidieron comenzar una editorial. Barilaro ya tenía encima las influencias que luego lo harían conocido en el medio: "No puedo separar pintura y literatura. Y el diseño gráfico, para mí, es una resultante de eso".

Primero fue con el proyecto Elisa Cartonera y continuó con Mansalva. En los dos casos, las tapas lograron destacarse como formas relevantes de crear entradas a universos nuevos y que pueden, además, considerarse como obras en sí mismas, con peso propio. Desde ese espacio, Barilaro dejó una marca a partir de la incorrección: "La tipografía es mi capricho absoluto. Hago lo que se me canta y es lo que considero la marca estilística de Mansalva. A veces pongo ensaladas de tipografías. Si hubiera un departamento de marketing en la editorial, ya me habrían despedido. Por eso es un proyecto artístico".

Así como los grandes sellos tienen los nombres de escritores reconocidos, las editoriales independientes apuestan a una estética a la que recurrir para construir una identidad y un territorio de pertenencia. En ese sentido, la editorial Nudista de Córdoba tiene cubiertas que se destacan por varias cuestiones: son imágenes propias, los autores siempre aparecen y tienen una factura moderna.

El trabajo de las dos casas editoriales más grandes del país tiene una dinámica diferente. Dice Mario Blanco, jefe de arte de Planeta: "Se les da un lugar preponderante a las cubiertas. Los libros suelen ocupar un lugar destacado en las mesas de las librerías y para nosotros la tapa debe funcionar como una especie de amor a primera vista". Lucrecia Rampoldi, coordinadora de arte de Penguin Random House, comparte la importancia de la tapa a la hora de vender un libro: "Le damos un lugar especial. Creo que es un elemento esencial a nivel comercial, es lo primero que ve el potencial comprador, lector, librero o periodista. Se trabaja mucho en encontrar el tono de comunicación adecuado, que «suene » como la voz del autor".

Tres modelos del cover art

La traición de rita Hayworth

Jorge Álvarez

La naranja mecánica

David Pelham

El sexo de las piedras

Javier Barilaro

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