Nicolás Aguirre, el base de San Lorenzo que se pasó del fútbol al básquet por la goma pinchada de una bicicleta

Aguirre es el líder en asistencias en el comienzo de la Liga
Aguirre es el líder en asistencias en el comienzo de la Liga Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno
Fue MVP de la Liga y campeón con Quimsa; dejó la N° 5 cuando se le averió la bicicleta y no quiso ir caminando a la cancha
Diego Morini
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22 de octubre de 2015  • 10:33

"Mi mamá jugaba al básquet y mi papá al fútbol y también al básquet. Entonces con mis hermanos íbamos a practicar los dos deportes. El club en donde jugábamos al fútbol (Estudiantes de Huaico Hondo) me quedaba a ocho cuadras, por eso iba en bicicleta. Un día se me pinchó una de las gomas de la bicicleta y de vago, por no caminar ocho cuadras, decidí no ir más al fútbol. Y en el básquet, aunque no me quedaba cerca, tenía un compañero al que lo llevaban los padres, por eso me enganchaba en el auto. Incluso, muchos dicen que cuando era chico jugaba mejor al fútbol que al básquet. Pero bueno, por ser un adolescente que no sabía bien qué quería es que dejé el fútbol y me dediqué a jugar al básquetbol".

Historias como éstas puede haber muchas en el deporte argentino. Pero que estas particularidades formen parte del jugador que fue elegido como el MVP de la última Liga Nacional, campeón con Quimsa en 2014 y que ahora es el base de San Lorenzo, el equipo sensación de la competencia y que está invicto, permite comprender mejor por qué el cuento se vuelve especial. Nicolás Aguirre, o Penka, apodo que se ganó por cómo le crecía el cabello, que era similar a las púas de un cactus, tiene una forma atrapante de contar su vida. La tonada de su Santiago del Estero natal lo convierte en un personaje diferente. "Mis papás vienen a visitarme. También, cada tanto, viene gente amiga de Santiago y nos juntamos a comer un asado. Me encanta que podamos escuchar folclore para estar ambientados. Yo toco la guitarra, pero no sé nada de música", dice, y suelta una carcajada.

Aguirre dio un vuelco su carrera. A pesar de que esa trayectoria le había permitido jugar en Quilmes (2007) y en Boca (08/09 y 09/10), cuando comenzó la temporada 2013/2014 estaba sin equipo y se entrenó en doble y hasta en triple turno en los clubes que lo vieron nacer en el básquetbol: Independiente y Newbery. Pudo sobreponerse a los momentos más complejos y Sionista le dio una oportunidad de volver al ruedo: "Cuando me quedé sin equipo, algo cambió en mí. Me replanteé qué quería para mi futuro. Sabía que tenía que ponerme bien físicamente y evitar que el club que me llamara dijese que no estaba listo".

Penka es el conductor del Ciclón
Penka es el conductor del Ciclón Crédito: Ligateunafoto

Nunca se olvidó de sus orígenes, y su mamá María y su papá Gustavo le ofrecieron una cantidad de valores que lo marcaron. Por eso, cuando tenía 21 años (hoy tiene 27) y jugaba en Boca llamó a sus padres para consultarles cómo podía ayudarlos; ellos le contestaron que la mejor forma era pensar en sus hermanos (Matías, Daniela, Ignacio y Mariano). La determinación fue directa: les puso un autoservicio que ya no está en funcionamiento, pero que hasta unos años atendió Matías, de 31 años, el mayor de los Aguirre.

-De aquella historia de la bicicleta y estar sin club, a ser el MVP de la Liga, campeón con Quimsa y ahora el base de San Lorenzo.

-No podía imaginarme todo esto. Pensé muchas veces en cómo se dieron las cosas y todo lo que viví es increíble. Más allá de que con el tiempo pasé cosas buenas y malas, de todas siempre aprendí. El año pasado fue uno de los mejores de mi carrera. Y hoy, estar viviendo la experiencia de San Lorenzo me parece increíble.

-Ante semejante plantel que armó San Lorenzo, ¿cómo se maneja la presión de tener que ser campeón?

-No podemos dejarnos llevar por lo que digan los de afuera, porque un equipo se tiene que construir. Debemos comprender muy bien cómo quiere el técnico que juguemos tanto en defensa como en ataque. Además, conocer las capacidades de cada uno, generar una química y convertirnos en un equipo. Ésa es la tarea más compleja. Podemos estar bien como ahora, pero también podemos tener una racha de no ganar y ahí hay que ser sólidos.

-¿Qué representa para vos tener a un técnico como Julio Lamas?

-Julio me dio toda la confianza y aprendo de él todo el tiempo. Cada entrenador tiene su estilo y por eso es importante saber escuchar. En mi puesto es determinante tratar de descubrir cómo piensa el entrenador, porque eso te permite ayudar a tu equipo.

-¿Qué te generó la experiencia con la selección mayor?

-Me tocó estar en la preselección de la Argentina, pero por una lesión que tuve no pude pelear por un lugar. Pero estar junto a semejantes jugadores es algo espectacular. Poder ver y compartir espacios con jugadores como Scola o Nocioni te permite comprender mejor muchas situaciones. Ellos tácticamente son geniales, saben cómo manejarse dentro y fuera de la cancha. Eso te ayuda a crecer. Hay que aprovechar cada momento junto a ellos.

-¿Seguís jugando al fútbol?

-Tengo a mis amigos que juegan en la Liga amateur de Santiago, que viene a ser algo así como un torneo de jugadores libres y donde se puede hasta tener cuatro jugadores profesionales. Cuando estoy libre en mis vacaciones voy y juego con ellos. Durante el año ni me acerco, porque el básquet es mi vida. Pero me encanta ir a patear la pelota con amigos y pararme en la mitad de la cancha, de volante central. Ojo, a mí me gustaba jugar, pero no entrenarme? Pero en el básquet esas cosas no cuentan. Me entreno muy fuerte, me cuido mucho en las comidas, hace unos años que cambié mi dieta y eso me permite sentirme mejor a la hora de jugar.

tb

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