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Los Aboitiz, una familia de pioneros sin frontera

Antes de idear las papas Chips y Bun, produjeron sogas en Filipinas
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24 de octubre de 2015  

La historia de los fundadores de las papas Bun tiene mucho de saga de aventuras por la variedad de actividades emprendidas y los países en las que la desarrollaron.

Alrededor de 1870, el temerario vasco Paulino Aboitiz abandonó el país vasco para instalarse en Filipinas. Apenas llegado generó una pequeña compañía que comercializaba algunas mercancías y sobre todo manejaba el negocio del abacá, una planta similar al banano que se daba sólo en Filipinas y que produce una fibra fortísima, fundamental para la industria marítima de entonces, tan necesitada de sogas.

Si bien por la ley del mayorazgo la compañía debía quedar en manos de Guillermo, el varón mayor de los nueve hijos de Paulino, este se dio cuenta de que esa no era su vocación y dejó la empresa en manos de su segundo hermano, que la hizo crecer, la diversificó y perdura hasta hoy, como uno de los mayores conglomerados de Filipinas.

En la sangre de estos vascos inquietos y corajudos en emprender nuevas aventuras empresariales alrededor del mundo hay que computar que Guillermo Aboitiz se casó con una prima de Pío Baroja, el famoso escritor de la Generación del 98. Fue la madre de Augusto Aboitiz el fundador de las papas Bun. Gracias a ella la familia abandonó Filipinas y volvió al país vasco. Pero la saga no podía terminar allí.

Augusto Aboitz antes de recalar en Uruguay y después en la Argentina realizó un largo periplo. Viendo que se venía la Guerra Civil fue enviado en 1936 a estudiar electricidad a Estados Unidos, donde se contactó con la más reciente tecnología, para volver a Filipinas y encargarse de la parte eléctrica de varias de las empresas familiares. Pero en 1947, la Segunda Guerra Mundial y el peligro de los japoneses lo llevaron a abandonar la isla. Fue entonces cuando Augusto emigró a Uruguay, donde ya estaban sus padres y parte de la familia. Fue allí donde ideó las papas Chips primero, y luego las Bun, gerenciada por su hermano menor Fernando. Y como también era un Aboitiz y por su sangre corría la actitud emprendedora, Fernando llega a trasladarse a Texas y comprar un rancho allí. Más tarde y luego de realizada la experiencia norteamericana Fernando volvió con su familia a Uruguay.

Pedro Aboitiz, uno de los once hijos de Fernando e ingeniero del INTA, destaca el papel de la inmigración que en el caso de su familia innovó en la parte industrial de los años 60, como en el caso de las comunidades, particularmente bolivianas, que llevan adelante gran parte de la producción hortícola actual.

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