Lou Reed, el poeta de Nueva York

Reed en el Gramercy Theatre de Nueva York, en 2009
Reed en el Gramercy Theatre de Nueva York, en 2009
A dos años de la muerte del músico, recordamos las fascinaciones literarias que lo acompañaron a lo largo de su carrera, de Delmore Schwartz a Edgar Allan Poe
Walter Lezcano
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26 de octubre de 2015  • 11:07

Tras el ataque terrorista a las Torres Gemelas, la comunidad artística de los Estados Unidos salió en manada, por todos los medios de comunicación , a expresar su repudio frente al atentado y, también, para dar un mensaje de esperanza y expresar solidaridad con el pueblo norteamericano que estaba, al igual que el resto del mundo, conmocionado por la tragedia.

Cuando la revista Rolling Stone llamó a Lou Reed -el "rey de Nueva York" según David Bowie- para preguntarle qué tenía para decir al respecto, él pidió que no lo molestarn porque estaba tratando de hacer "algo hermoso". Por ese entonces, Reed se encontraba grabando lo que sería uno de sus últimos discos de estudio, The Raven, que salió recién dos años después, en 2003. Fue un trabajo ambicioso porque intentaba crear una ópera a partir de fragmentos y reescrituras de parte de la obra de Edgar Allan Poe. Él ya había escrito una obra teatral basada en sus textos, POEtry. Reed siempre tuvo la intención, desde sus comienzos, de llevar el formato canción a esferas más elaboradas que las tradicionales para el mainstream del pop y el rock. Lo que buscaba era darle un vuelo literario a esos textos que luego convertía en canciones.

Así lo explicó en una entrevista: "Siempre pensé que un disco podría proporcionar el mismo placer que la lectura de una novela, por lo menos eso es lo que intento. Se trata de tomar la sensibilidad de Burroughs, de Hubert Selby o de Poe, y ponerle música de rock. Claro que para eso hay que saber escribir".

Coney Island Baby

Ahora que se cumplen dos años de la muerte de Lou Reed -ocurrida el 27 de octubre de 2013-, vale la pena recordar la fuerte relación, que no siempre se toma en cuenta al hablar de su obra, que el músico tenía con la literatura.

Para empezar, Reed escribió en su juventud pequeños relatos para el diario de su escuela. Incluso editó su propia revista. Lo que motivó su primera vocación: la de querer convertirse en escritor. Así que, a medida que iba desarrollando su relación con la escritura, empezaba a gestarse en él una pasión por la guitarra. Con el correr del tiempo, Lou Reed decidiría que no había ninguna necesidad de elegir entre uno y otro, entre sonidos o textos, sino que se podían conjugar en algo complejo, elaborado y, a la vez, atractivo.

Una vez que ingresó a la Universidad de Syracuse, pocos años después de que sus padres autorizaran a un hospital psiquiátrico en Long Island a que le dieran sesiones de electroshock para "curar" sus tendencias homosexuales, trabó amistad con un profesor carismático y además poeta reconocido: Delmore Schwartz. El autor fue vital para que Lou Reed encontrara una forma viable de encarar sus escritos: de In Dreams Begin Responsibilities lo atrajo particularmente el descubrimiento de que se podía decir algo trascendente y bello a partir de un lenguaje sencillo y accesible. Sumado a sus lecturas y análisis de los libros de Raymond Chandler, de quien rescató la maestría dentro del formato de los cuentos y le dio nociones de cómo la lengua debe ser manipulada para crear frases inolvidables -una que le gustaba era: "hermosa como un labio partido"-, le dieron las herramientas necesarias para encontrar un estilo propio. Mientras terminaba su carrera universitaria ya había escrito algunas canciones que serían imprescindibles en su catálogo, como por ejemplo "Heroin" y "Waiting for the Man".Tras obtener su título de literatura inglesa, decidió que quería conquistar la gran ciudad. Así que se fue a Nueva York a probar suerte. Tenía, tal como lo dice en una canción, 26 dólares en el bolsillo.

Rock and Roll Heart

Su biógrafo Victor Bockris cuenta que hubo una decisión consciente por parte de Lou Reed en abordar cuestiones que estaban siendo dejadas de lado por la música en los años sesenta. Si los mayores éxitos del momento provenían del llamado "verano del amor" en San Francisco, con los Doors y Jim Morrison erigido como el Rey Lagarto de una generación psicodélica y florida que consumía marihuana y LSD como esparcimiento, Reed y la Velvet Underground, su primera banda, fueron una respuesta sombría y demoledora a esa sensación de liviandad que flameaba por los vientos de la época. Enfundados en cuero, vestidos completamente de negro y resguardados bajo el ala protector de Andy Warhol, Reed y los suyos retrataron su ambiente: drogas duras, sadomasoquismo, oscuridad, desencanto. Sin embargo, el talento compositivo de Reed, le permitía mostrar su costado amable, romántico y sugestivo en temas como "Pale Blue Eye" o "I'll Be Your Mirror".

Después vino su carrera solista y la creación de un himno: "Walk on the Wild Side". Una canción que estaba en el perdurable Trasformer y en donde Reed vuelve a introducir una temática inusual dentro del rock: el universo del travestismo y la transexualidad ("Shaved her legs and then he was a she") que reinaba en The Factory de Andy Warhol. Estructurada a partir de fragmentos de vida y utilizando como único recurso la descripción, Lou consigue fijar una época y una realidad que pasaba desapercibida. Fue una canción que, por otra parte, volvió reconocible un sonido, montado en la guitarra también fragmentada, del que ya nunca más se despegó.

Dirty Boulevard

Dijo el superagente literario Andrew Wylie, El Chacal, quien fuera el representante de Reed: "Lo más importante sobre Lou es la escritura. Las letras de Lou realmente son interesantes de leer. Independientemente de la música. Es comparable con Francois Villon. Son tan buenas como lo son sobre el papel. No se puede ser mejor que Lou como artista."

La portada del libro que reúne sus canciones
La portada del libro que reúne sus canciones

Algo de cierto hay en estas palabras. Quien lo quiera corroborar puede recurrir al libro que recopila sus letras, Atraviesa el fuego: Todas las canciones (Reservoir Books, 2000). Ahí se puede apreciar que la poesía de Reed está cimentada por el valor del detalle inesperado, la maestría para contar toda una existencia a partir de retazos, la percepción de realidades incómodas, la exposición descriptiva y funcional al relato y una particular predilección por crear personajes y voces que relaten y expongan vidas desplazadas del sistema. Todo esto, el músico lo cuenta a cierta distancia, atravesado por una mirada lejana que por momentos puede ser visto como un acto irónico aunque en realidad es todo lo contrario. Así lo explicó en una entrevista: "Una de las cosas que la gente olvida de las canciones es lo compasivas que son. Irónicamente, el desapego es solo una forma de contar una historia, y no significa que no estés siendo sincero. El hecho de que pongas distancias y no te regodees respecto a algo no significa que las canciones no tengan una carga emocional. Eso hace que suenen honestas porque no estás tratando de impresionar a nadie. Estás contando una historia de forma directa."

En la última etapa de su vida, Reed se había probado como dramaturgo. Aparte de la mencionada POEtry, había escrito Time Rocket, una adaptación de La máquina del tiempo, de H. G. Wells. Sólo le faltaba escribir la novela. Algo que intentó. Paul Auster cuenta que Reed le dijo que quería escribir "una historia de crímenes" pero a los seis meses desistió porque no tenía "las fuerzas necesarias para mantener una historia larga". Toda una declaración de principios. Pero también una certeza de dónde dejó su huella y se volvió imperecedero.

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