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Pequeña gran propuesta

Federico Irazábal
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27 de octubre de 2015  

Vos y yo / Director y autor: Dennis Smith / Elenco: Federico Salles / Asistencia general: Santiago Tezza / Sala: La casona iluminada, Corrientes 1979 / Funciones: sábados, 20.30 / Duración: 40 minutos / Nuestra opinión: muy bueno.

Si hay un teatro que en los últimos años ha logrado encontrar una clara y rotunda definición en torno a lo que busca con la teatralidad es el de Dennis Smith. A través de Negra, Maquimaiu, BoyScout y, ahora, con Vos y yo puede observarse cuáles son las líneas temáticas (el amor, el abandono, el dejar libre a otro ser, ya sea éste una abuela recientemente fallecida o una pareja desgastada por el tiempo) y cuál el mecanismo dramático (un narrador que elige el género confesional para ofrecer una explicación de su sufrimiento). Además, como cantante destacado, se encuentra en sus espectáculos una alternancia entre los momentos musicales que ilustran, explican o colaboran en la generación de un clima general con momentos fuertemente actorales.

Hasta aquí no hay nada más que el destaque de una línea de coherencia en su obra. Pero lo que verdaderamente sobresale es que en cada uno de esos espectáculos no se perciben repeticiones en los mecanismos escénicos elegidos. En uno el acento pudo estar puesto en la relación con la platea ( Negra), en otro en lo espacial-escenográfico ( BoyScout) y en Vos y yo, en la iluminación. Una simple linterna acompaña a un Federico Salles superlativo, que sabe decir el texto que Smith escribió con una sensibilidad que atraviesa la pequeña sala con una potencia rotunda. No puede haber mayor identificación entre este narrador que recuerda el adiós a un ser amado y la platea que lo acompaña silente frente a una historia que no por ser de uno deja de ser de todos.

Esta "confesión" no está teñida únicamente de literatura. Más bien es todo lo contrario. Ninguna otra disciplina artística podría haber contado esta historia de la manera en la que lo hace el modo teatral elegido. La linterna, única fuente lumínica durante gran parte del espectáculo, sigue al micrófono que manipula el actor. No lo sigue a él. Enfatiza así el carácter sonoro de la historia, no la subjetividad del dolor. Se pone el acento en la materialidad del decir, uno con una cadencia que Salles carga de humanidad. Entre confesiones, sutiles recorridos espaciales, pequeños guiños humorísticos y bellas canciones compuestas y escritas por el propio Smith, la historia de esta separación transcurre.

Pero al final -y no diré demasiado al respecto- la escena estalla. Todo el edificio que Salles y Smith construyen con talento es derribado intencionalmente para llevar la propuesta hacia otra zona que simplemente viene a decir y a señalar el enorme hecho teatral que han compuesto. Pequeño, sin grandes ambiciones ni grandes presupuestos. Una linterna, un micrófono y una computadora y un amplificador les alcanza a estos artistas para llevar adelante su propuesta que no por pequeña es menor, que no por simple es inferior, sino, muy por el contrario, una potente teatralidad que no se acaba en la muy buena historia.

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