A las puertas de una posibilidad renovadora

Santiago Kovadloff
Santiago Kovadloff LA NACION
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27 de octubre de 2015  

Algo esencial opacó la pena por la derrota de los Pumas: el desenlace imprevisto de las elecciones nacionales. Pocos, muy pocos, si es que los hubo, se atrevieron a impugnar el diagnóstico fatalista que sentenciaba como ineludible la victoria de Daniel Scioli. Que condenaba por remotísima la posibilidad de un ballottage. Las encuestas obraron como un oráculo o un diagnóstico terminal. Condicionaron casi por completo el estado de ánimo de un electorado que parecía resignarse a lo ineludible. En la orilla opuesta, claro, el triunfalismo campeaba entre los partidarios del Frente para la Victoria como una profecía empeñada en asegurar un desenlace nuevamente propicio al oficialismo y sus herederos.

Pero, ya se sabe, las cosas no fueron así. Ocurrió lo inesperado. Tuvo lugar lo imprevisible. En términos de María Eugenia Vidal, "fue posible lo imposible".

En primer término, entonces, un respetuoso homenaje a la realidad. Esa realidad que escapó a las cifras que intentaban encerrarla en lo inequívoco, en la certeza que no admite alternativa, en lo evidente que parece decirlo todo. Esa realidad que excede los pronósticos para probar, socráticamente, que el saber no agota la verdad. O, si se prefiere, que no siempre hay verdad en lo que se sabe. ¡Vieja lección rara vez recordada o rara vez recordada a tiempo!

En segundo lugar, un reconocimiento cabal a la persistencia de los que creyeron que el cambio era posible. A los que sostuvieron su fe y su convicción contra viento y marea, resistiendo las impugnaciones de quienes los caracterizaron como ciegos, como ingenuos, como niños de pecho en el escenario áspero de la política.

Mauricio Macri probó que sabía de qué hablaba, aun cuando al hablar no terminaba de ser todo lo expresivo que era de desear.

El milagro, que es hijo de la fe y la convicción en la propia causa y en las propias fuerzas, tiene nombre de mujer: María Eugenia Vidal. No era Caperucita Roja. Y el lobo feroz no buscó esta vez el baúl de un auto para ganar la calle, pero sí tuvo que enmascarar su derrota para presentarse como víctima y no como responsable.

El ballottage nos coloca a todos a las puertas de una posibilidad renovadora: cambiar la calidad de nuestros problemas. Estamos a las puertas de la posibilidad de que, a partir del 22 de noviembre, veamos recreada y alterada la calidad de los problemas argentinos. Estamos ante la posibilidad de que nuevos dilemas y nuevos desafíos resulten de una puesta en marcha hacia el futuro, lejos ya del encubrimiento de la verdad, la repetición y el autoritarismo al que se pretendió identificar con el pensamiento y la acción progresistas.

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