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Claves para detectar si tu hijo es víctima de bullying

Según estudios recientes 4 de cada 10 niños sufren acoso en la escuela; sin embargo, muchos padres se dan cuenta de la situación que atraviesan cuando el problema ya es grave
Cintia Perazo
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28 de octubre de 2015  • 00:25

El bullying puede provocar graves consecuencias en la personalidad de los chicos que lo padecen. Y uno de los agravantes es que suele pasar mucho tiempo antes de que los padres sepan que sus hijos están atravesando por esta situación; no es usual que los chicos les cuenten lo que les está ocurriendo. Algunas veces por miedo, otras por vergüenza, o incluso por estar bajo amenaza del niño agresor.

Por eso, lo más importante es que los progenitores estén alertas a las diferentes señales que podrían ser indicadores indirectos del acoso escolar. Entre los principales cambios que pueden observarse en los chicos que son víctimas de estos ataques, experto en el tema consultados por LA NACION mencionan:

  • Cambios en el comportamiento. Los chicos que sufren acoso escolar suelen llegar a sus casas muy irritables, y suelen mantenerse en este estado por períodos prolongados. Por este motivo, aumentan las peleas con los hermanos o los berrinches, y es frecuente la aparición de reacciones desmedidas por situaciones aparentemente inofensivas e incluso fuera de contexto. Es frecuente que niños que inicialmente eran extrovertidos y sociables empiecen a manifestar un comportamiento pasivo e inhibido, así como conductas de aislamiento e indefensión. También pueden mostrarse más distraídos y asustadizos.
  • Cambios en el estado de ánimo. Uno de los síntomas más frecuentes es el incremento de ansiedad que los lleva a anticipar negativamente lo que va a ocurrir al día siguiente en la escuela. Esto puede reforzar el sentimiento de angustia e incluso degenerar en frustración y desesperanza.
  • Cambio de hábitos. Es frecuente que los chicos que sufren bullying empiecen a cambiar sus hábitos, por ejemplo dejan las actividades que solían hacer, o pierden los amigos que solían tener. También se observan cambios de hábitos en el sueño pudiendo manifestar insomnio de conciliación o de mantenimiento, y en la alimentación al manifestar ingesta deficiente o excesiva.
  • Cambios en el rendimiento académico. Pueden darse dos conductas polares. Existen casos en que los chicos, por excesiva ansiedad, tienden a estar constantemente preocupados, algo que impacta sobre su capacidad de aprender. Otros, en cambio, suelen mejorar significativamente su rendimiento académico como un intento de recibir la mirada y la protección de los adultos, quienes frente a un mejor desempeño del alumno suelen volcarse favorablemente hacia él.
  • Signos físicos. Pueden aparecer lesiones que no se explican como rasguños y moretones. También dolores de cabeza o estómago antes de ir al colegio debido al miedo que les genera.
  • Pendientes de las redes sociales. Prestan excesiva atención a Facebook o WhatsApp, y evitan que sus padres vean el contenido de los mismos.
  • Problemas con sus pertenencias. Pierden o aparecen rotos objetos personales como anteojos, la mochila, la lunchera o la cartuchera.
  • En casa y acompañados. Suelen aislarse en casa, y evitan salir solos. Piden que los acompañen por la calle o al entrar y salir del colegio cuando antes lo hacían solos.
  • Quieren faltar al colegio. Exponen diversas excusas para no ir a clases y simulan estar enfermo. No hablan espontáneamente de lo que les ocurre en la escuela. Evitan ir a campamentos, excursiones y cumpleaños. No hacen programas extra escolares y durante los fines de semana se quedan dentro de su casa.

Una práctica que crece

El bullying es una práctica cada vez más común y, según los especialistas, comienza a producirse desde los 9 años. Una encuesta reciente en colegios secundarios del país, realizada por la Asociación Civil Ciudades Sin Bullying, reveló que el 39,5% de los chicos sufre bullying por parte de sus pares.

"En las edades más tempranas el tipo de hostigamiento es físico directo y verbal, mientras que en el secundario se transforma en indirecto (murmuraciones, amenazas, robos). En el ámbito social, suele ser habitual el rechazo y el aislamiento y las burlas a través de redes sociales y en forma anónima", dice Andrea Abadi, psiquiatra y jefa del Departamento Infanto Juvenil del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).

"Cualquier agresión entre niños o broma no significa hostigar al otro. Para que sea un cuadro de bullying debe ser una conducta que se sostenga en el tiempo o se repita varias veces, no una única vez. Además debe existir una diferencia de jerarquía o poder del hostigador hacia el hostigado y debe haber intención de dañar al otro", resume Abadi.

Errores frecuentes

Muchos padres creen que si su hijo está sufriendo bullying puede solucionarlo solo. Y no es así. "Decimos que el acoso es como una trampa en la cual si el chico no sale no es porque no quiere sino porque no puede. La mirada del adulto que no sólo acompañe sino que intervenga es fundamental para cortar la dinámica del acoso y poner fin a esta problemática", aconseja Candelaria Irazusta, psicóloga infanto-juvenil especialista en violencia escolar y bullying, y directora general de Equipo Anti Bullying Argentina (ABA).

Otro error en que suelen caer tanto padres como directivos y docentes del colegio es en buscar al culpable del problema, activando nada más que conductas de defensa o ataque. "Nosotros acompañamos a la familia y a la escuela para que pasen del enfoque de la culpa al de la co-responsabilidad, para centrarse en las soluciones apelando al trabajo en conjunto", dice Irazusta.

Por otro lado, si un chico está sufriendo acoso es fundamental que los padres mantengan la calma y puedan trasmitirle seguridad y contención.

Cyberbullying

Las nuevas tecnologías han complicado mucho el escenario del acoso debido al impacto que puede tener un agravio. Lo que antes quedaba en el espacio del aula o en el patio del colegio, con Internet se ha ampliado y multiplicado. Ya no son los 20 compañeros que se ríen sino los miles de contactos de cada uno de esos 20 compañeros, viralizando la ofensa. "Por otra parte el impacto crece también porque no hay un límite en el horario para las agresiones y la vergüenza. Eso deja a quien lo sufre expuesto a la vergüenza constante y le genera muchísima ansiedad", resume María Zysman, psicopedagoga y directora de la Asociación Civil Libres de Bullying.

Pero los expertos advierten que los mecanismos del control extremo de los dispositivos tecnológicos no sirven. "Cuando un chico comienza a utilizar un dispositivo electrónico o una red social, es importantísimo que padres e hijos negocien términos y condiciones del uso de esta nueva herramienta. Las padres deben enseñarles a sus niños a utilizar las redes sociales con responsabilidad y a convivir en paz y armonía tanto fuera como dentro de la Red", explica Paula Sansalone, psicóloga clínica infanto-juvenil de ABA.

¿Qué medidas tomar?

Si un padre sospecha de que su hijo puede estar sufriendo acoso debe ir al colegio para que los directivos y docentes les cuenten si han observado conductas de hostigamiento. "Nunca es recomendable esperar a que el problema se solucione solo, porque si no se soluciona va a incrementarse. También es necesario consultar con un profesional idóneo", aconseja Sansalone.

Zysman dice que es importante que se atiendan los pedidos de ayuda de los chicos. "Debemos escucharlos con atención sin juzgar su actitud, transmitirles que nos vamos a ocupar sin dejarlos expuestos. Tenemos que explicarles que nada de lo que está ocurriendo es por culpa de ellos", detalla.

Guillermina Rizzo, psicóloga y presidenta de la Asociación Civil Ciudades Sin Bullying concluye: "Siempre les decimos a los padres que se debe revalorizar la 'P' de padres y mencionamos a las 'tres P': presencia, perseverancia, y participación, porque los padres tienen que ser partícipes en la vida y problemáticas de sus hijos".

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