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A partir del dibujo

Jorge Demirjián y Alfredo Plank y su visión expresionista de lo humano; Alfredo Lazzari, pintor del novecientos, revalida su condición de maestro.
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15 de octubre de 2000  

En la sala Cronopios, del Centro Cultural Recoleta, expone Jorge Demirjián (Buenos Aires, 1932) pinturas y dibujos de los últimos cinco años. Se trata de obras referidas a lo humano que descubren sin tapujos los aspectos oscuros de la existencia. El poder de sugestión de esas imágenes nos hace sospechar lo que no se nos dice. La pincelada áspera transmite el vigor expresivo; el nervio de su aplicación, el dinamismo.

En cuanto al dibujo, consolida las formas sin demorarse en los detalles, como si en su evidente ejecución material y aun en sus rastros radicase su mérito, más allá de cualquier circunstancia provisionalmente fallida. A veces, parece apenas ensayado, como si se tratase de una prueba, pero siempre en el ejercicio de definir por la línea que ordena las ideas. Queda así, por momentos, la impresión de que sostiene hasta la pincelada, cuando hay color, para acentuar la estructura básica y las líneas de fuerza. Aún en las pinturas, es el protagonista arquitectónico de esa figuración angustiada que la rapidez en la realización contribuye a exaltar. No es una objeción, sino un modo de señalar las características formales que lo definen.

El soporte, a menudo un papel pegado sobre bastidores entelados, puede dejar grandes zonas crudas a la vista.

Las imágenes tienen algo de Bacon, más que por su dramatismo por cierto regodeo en mostrar el lado grotesco de las escenas. Se siente la interioridad de los personajes, sus tendencias y compulsiones. Demirjián no parece explorar la personalidad de quienes representa buscando, por ejemplo, la expresividad de las caras. La trasunta a través de la sordidez de las referencias sobre su aspecto y sus acciones.

Los personajes provienen del mundo de la magia, de los negocios, del circo o de la noche. Los escenarios suelen ser recintos cerrados como alcobas, garitos a media luz, o ciertos bares de teléfonos descolgados, muda referencia a un universo de incomunicación y silencios obligados.

( Hasta el 29 del actual. En el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930. )

Viajes

De las imágenes se infieren los escenarios: Francia, Alemania, España, Africa... Impresiona el beduino solitario que, sentado en la arena de Mauritania, interrumpe el horizonte del desierto bajo un cielo impecable. Es un cuadro atrevido, pese a la aparente sencillez que resume el paisaje en dos franjas de color.

La muestra de Alfredo Plank nos cuenta a su modo, expresionista y directo, sus impresiones de viaje, sus recuerdos y evocaciones de personas que conoció o, a veces, imaginó en situaciones especiales. Tal el caso, por ejemplo, de uno de los acrílicos más notables de la exposición, R. L. en New York. Allí se ve al pintor Richard Lindner en medio de una nube gris, en un paisaje urbano por el que pasa una figura de mujer que pertenece a uno de sus cuadros. Fantasía y realidad se combinan para unir al autor con su obra en un espacio imaginario creado por otro.

El dibujo perfila nítidamente las formas que los colores contrastan. Plank, en general, no dramatiza. Sus figuras y retratos lo identifican como autor en gran medida por la germanía de los enfoques, no porque haya en ellos manifestaciones exteriores de dolor o de emoción. Fija la imagen con colores vivos que el dibujo recorta.

( Hasta el 30 del actual. En Esmeralda 1274. )

Lazzari y su tiempo

El tiempo suele cambiar y alterar lo que se piensa de las cosas. Por eso, conviene ubicar a Alfredo Lazzari (1871-1949) en su momento y cuando se repasan sus "obritas" recordar la medida de su actuación entre los pintores más caracterizados de La Boca. Está entre quienes importaron a principios de siglo lo que habían transmitido en Europa las grandes corrientes de fines del XIX, cuyo eco reverberó en el siguiente. Sus pinturas, por, la brevedad de sus dimensiones pueden parecer modestas (algunas están pintadas sobre cajas de cigarros), sobre todo si se las compara con las que hoy se envían a los salones. Pero esa comparación es ociosa. Lazzari fue uno de los introductores de la pintura al aire libre, influido por los macchiaioli , pero formado en las academias de Lucca, Florencia y Roma. Refinado y sincero, con sólidos conocimientos del oficio, representó numerosos lugares del país con una paleta que los ilumina testimonialmente. Payró destaca el valor documental de sus obras, que reviven el Buenos Aires de Roca y de Quintana. Con él estudiaron Lacámera y Quinquela, entre otros. También recibió su estímulo Thibon de Libian.

( Hasta el 29 del actual. En las salas 4 y 5 del Centro Cultural Recoleta, Junín 1930. )

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