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La búsqueda de la perfección corporal, esa nueva forma de masoquismo moderno

Mónica Katz
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31 de octubre de 2015  

No está mal buscar la belleza. El problema es que entre todos construimos un ideal de belleza con eje en la delgadez que es inalcanzable para muchas. Para mí no todo es deseable si involucra padecimiento. El deseo de delgadez, de perfección, de juventud eterna, representa violencia simbólica de género. Es una especie de masoquismo posmoderno.

El camino a la felicidad, a la libertad y el bienestar con el propio cuerpo implica transformar la cultura. Una que no esté anclada solamente en parámetros físicos: belleza, forma, altura, edad, color de ojos, tono de piel, tipo de cabello, peso, rasgos étnicos, glamour. Debemos promover conciencia acerca de la importancia de aceptar todas las formas, todos los colores, todas las edades, todos los cuerpos, todos los tamaños como adecuados. Instalar la diversidad como modelo. Cuestionar y poner en duda la idea de una única forma corporal "correcta". Imaginemos un mundo en el que no hay un modelo único de belleza. Es hora de promover ese nuevo paradigma y esa nueva cultura. Cambiar nuestro concepto de lo que es bello. Porque el problema es la distancia entre lo que instalamos como expectativa y la realidad para la mayoría de las mujeres. Y esa brecha genera desesperación y conduce a la búsqueda de soluciones mágicas.

Para instalar esa minirrevolución debemos cambiar el lugar del cuerpo: de objeto a instrumento para disfrutar, bailar, crear, amar, comer, mover, vivir? Quizás el comienzo implique repensar la forma en que educamos a nuestras hijas, pero también a nuestros hijos. No sólo las mujeres tenemos que luchar para que se nos reconozca como más que un cuerpo. Los hombres deben acompañarnos en esa tarea. Ellos también tienen el poder de ayudarnos a escapar de la tiranía de la belleza.

Cambiar un modelo de pensar la realidad no implica que todo lo anterior se venga abajo. No se trata de blanco o negro, de obsesión estética a descuido. Claro que seguiremos buscando belleza, lo bello hace bien. Pero es posible concebirla a partir de nuevos parámetros. Podemos percibir la belleza privilegiando otros sentidos que no sean la vista. Se trata de un cambio en la visión de nuestro mundo. Y para cambiar el modelo actual, las escuelas deberían incluir talleres de imagen corporal, anti bullying, entrenamiento en percepción de emociones, en percepción de habilidades para mejorarlas, organizar talleres de asertividad y resiliencia para grupos en riesgo de malestar e insatisfacción corporal, y enseñar las estrategias que utiliza el marketing para vendernos lo que no somos o no podemos. Y por supuesto, promocionar la ideología NoDieta para prevenir la ganancia de peso: alimentarse sin renunciar al placer.

¿Y qué decir de los gobiernos? Deberían regular la publicidad a los chicos, los pesos mínimos de las modelos, la propaganda de productos mágicos, de dietas de hambre, extremas, penalizar a los que vendan delgadez o perfección. Sancionar finalmente la ley de talles.

¿Y los medios? Ellos deberían sostener un periodismo responsable. Difundir información validada de alimentos y recomendaciones. Y las redes sociales deberían utilizarse para viralizar ideales de belleza amplios e inclusivos. Finalmente, los padres y las familias deberían contar con formación en imagen corporal, comunicación y estilos parentales saludables.

Y siempre vale recordar que el espejo es sólo eso: una imagen. El peso no es más que un número en la balanza. No es belleza ni felicidad.

La autora es médica especialista en nutrición. Acaba de publicar Más que un cuerpo (Ed. Aguilar)

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