El mentor de los Pumas: Daniel Hourcade, un enemigo de las derrotas dignas

Daniel Hourcade
Daniel Hourcade Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
De niño cantor en la Lotería a un obsesivo de la propuesta ofensiva; "Todos los resultados que conseguimos fueron como consecuencia del juego", dijo el head-coach de los Pumas
Santiago Peluffo
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30 de octubre de 2015  • 23:49

LONDRES.- Si es cierto eso de que se juega como se vive, Daniel Hourcade puede dar testimonio. Frontal, aventurado, quizás tozudo, pero convencido de sus ideas. El head-coach de los Pumas pretende de sus equipos lo mismo que él busca en la vida: ir para adelante, no desistir y morir de pie.

Su perfil bajo hizo que muchos lo conocieran recién en este Mundial de Inglaterra. Pero su impronta en la revolución del juego de los Pumas, pese a perder el bronce ante Sudáfrica ayer, tiene antecedentes lejanos. La apuesta por un estilo ofensivo y vistoso la comenzó a desplegar como entrenador del seleccionado de Tucumán hace 25 años. Pese a las críticas por no "meter maul", como era tradición en el conjunto Naranja, Hourcade mantuvo sus convicciones de apostar por un juego ágil y, después de años de insistir, consiguió el título del Argentino en 2005, luego de una sequía de 12 años para Tucumán.

La sensibilidad es otra de las facetas que desnudó a Hourcade en esta Copa del Mundo cuando las pantallas gigantes de Twickenham lo mostraron desconsolado ante los tries fulminantes de Australia en la semifinal. Pero el Huevo fue siempre así: en la final que su seleccionado tucumano perdió ante Salta, en 1996, un periodista televisivo -al que el Huevo le pedía los VHS de los rivales- entró al vestuario para entrevistarlo y lo encontró solo llorando.

Fuera de la cancha tiene tres obsesiones: el cigarrillo, la gaseosa y los alfajores Havanna. "Son su gran debilidad", cuentan los que lo visitan con unos mates en la habitación. Como buen tucumano, es amiguero y amante de la siesta.

En el rugby siempre se sintió un entrenador. Discreto medio-scrum, a los 20 años ya estaba dirigiendo a los menores en Universitario de Tucumán, mientras tenía que trabajar en la Caja Popular de Ahorro de la provincia por la temprana muerte de su padre. Antes habían pasado dos años de su adolescencia en la Lotería como niño cantor. "Debía tener una vida ordenada para que me dieran los tiempos", contó el Huevo, ahora con 57 años.

Apasionado a ultranza de su trabajo, apenas Agustín Pichot le comunicó que reemplazaría a Santiago Phelan como head-coach de los Pumas mientras el Huevo iba en remise al Hospital Italiano para un turno de rutina, pidió los videos de juego para analizar a Inglaterra, primer rival de la gira europea que comenzaba en apenas 11 días.

Ayer, con la caída ante Sudáfrica, Hourcade cumplió dos años al frente del seleccionado argentino. En este breve lapso revirtió la opinión de la dirigencia de la UAR, que en 2013 tenía preferencia por un entrenador extranjero para trabajar con Graham Henry, entonces asesor. Pese a los contactos con el australiano Michael Cheika, que hoy puede ser campeón del mundo, y el neozelandés Robbie Deans, Hourcade fue ratificado como head-coach para el Mundial en diciembre de ese año.

El tucumano insiste en que él no generó ninguna revolución porque su llegada implicaba una continuidad de trabajo con lo que venía haciendo con los Pampas XV, pero lo cierto es que cuando bajó la nueva línea, mucho más ambiciosa que la que planteaba Phelan, algunos jugadores no la compartieron inicialmente. "Parte del trabajo fue convencerlos, hacerlos socios de la idea", contó Hourcade, que les dejó en claro al plantel que no quería hacer partidos dignos sino ganar.

Esa determinación, casi al borde de la tozudez, también tuvo sus consecuencias para el equipo en este proceso: cuando le tocó conformar su primer plantel para la preparación física de Pensacola en 2014, marginó a un líder natural como Patricio Albacete junto con sus laderos, tomando posición en un conflicto entre el Pato y la dirigencia de la UAR. Con la decisión, estaba prescindiendo de uno de los mejores N°5 del mundo. Luego confió el estratégico lugar del pack en dos jóvenes segundas líneas como Guido Petti (20) y Tomás Lavanini (22), que estuvieron a la altura en el Mundial.

Morir de pie. Ese fue el lema que aplicó hasta el último minuto: ante Sudáfrica, los Pumas jugaron un mal partido pero nunca dejaron de buscar el juego asociado. Su participación en el Mundial no podía terminar en otra parte que no fuera el in-goal.

"Lo más importante que me llevo de este Mundial es que todos los resultados que conseguimos fueron consecuencia del juego y eso a mí es lo que más me obsesiona. A mí me gusta ganar como una consecuencia y prefiero morir con las botas puestas, en la nuestra", dijo Hourcade en el cierre del torneo.

Con la franquicia argentina en el Súper Rugby el año que viene, hay muchas piezas para mover en el tablero del rugby argentino. Hourcade afirmó que no entrenará a la franquicia, pero en el horizonte también asoma Japón 2019.

Aunque el entrenador tiene contrato por dos años más, fue cauto en su última conferencia del Mundial. "En principio sería por dos años, que me parece un tiempo prudente porque se genera un desgaste lógico. Si en dos años estamos bien, me parece bárbaro [seguir]".

"¿Cómo va a ser recordado este equipo en unos años?", fue la última pregunta en la conferencia de prensa de anoche en el Estadio Olímpico. "Ojalá que se lo recuerde como un equipo que dejó todo y nunca renunció a nuestras banderas".

/av

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