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Buenos Aires y España en 1910

La visita de la infanta Isabel de Borbón, eje de una muestra en el Museo de la Casa Rosada, actualiza la relación entre la Madre Patria y la joven nación en un momento promisorio
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3 de marzo de 2002  

Las imágenes en blanco y negro muestran a la infanta Isabel de Borbón con expresión vivaz y sombrero oscuro a bordo del buque "Alfonso XII", los grupos de su comitiva que la rodeaban en cubierta, la llegada a Buenos Aires, con escolta de naves de guerra, el 18 de mayo, ascendiendo al coche junto al presidente José Figueroa Alcorta, entre otros fragmentos de escenas mudas, pero elocuentes, de la bienvenida que le brindó la ciudad en 1910 y que un video reproduce en una sala del Museo de la Casa Rosada dedicada a conmemorar su visita a nuestro país y los 150 años de su nacimiento.

Prevista para el 20 de diciembre pasado -nuestra huésped nació en Madrid un 20 de diciembre, en 1851- la inauguración de la muestra Casi una reina en Buenos Aires fue suspendida por los acontecimientos que ensombrecieron al país. Un presente convulsionado y desgarrador no altera la serenidad del pasado que se evoca con sencillez en esta sala -aunque podría decirse que lo interroga-.

Un gran retrato de la infanta pintado en Madrid en 1911 y enviado como regalo a la Argentina preside la exposición: recuperado y restaurado, la muestra luciendo condecoraciones, perlas y diadema, en atuendo de corte, a los sesenta años. Hija, hermana y tía de reyes, su sobrino Alfonso XIII la había designado representante en su nombre y en el de España con motivo de la celebración aquí del centenario de 1810.

Si en 1910 el paso del cometa Halley inspiró temor en otros países, "en el nuestro se lo vivió como una señal del cielo que indicaba un magnífico y seductor destino", se lee al ingresar.

El Teatro Colón se había inaugurado en 1908, y se proyectaba terminar el Palacio del Congreso y el de Tribunales. Carlos Thays diseñaba los jardines de Palermo. Se había escuchado en Buenos Aires a Vicente Blasco Ibáñez, Anatole France, Georges Clemenceau y Guillermo Marconi. Se programaba una exposición de arte en el Pabellón Argentino de la Plaza San Martín y fiestas populares. Otros visitantes ilustres, como el presidente de Chile, Pedro Montt, asistieron a los actos, pero la infanta Isabel de España resultó la gran protagonista.

El día siguiente de su arribo, Belisario Roldán (h.) escribió en LA NACION: "España no nos envía un gran título solamente: nos envía también una gran mujer".

Las vitrinas exhiben muestras de su paso por Buenos Aires: un abanico que perteneció a su madre, Isabel II; un retrato suyo dedicado a Victorino de la Plaza; la Orden de María Luisa conferida a la señora de Figueroa Alcorta; un retrato de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, entonces reyes de España.

En otra vitrina, faroles del carruaje abierto (que tiraban cuatro caballos) que fue uno de los utilizados durante su visita (colección de la Escuela de Equitación de Campo de Mayo); una partitura del tango "La Infanta", de Vicente Greco (colección Bruno Cespi); una muñeca de la época vestida a la manera de la princesa española (colección Eduardo Cranwell); el programa de la función de gala del 25 de mayo en la que Titta Ruffo cantó "Rigoletto".

Sobrias en diseño y adorno son las piezas de vajilla correspondientes a los banquetes servidos en aquella suntuosa belle époque: platos con el monograma de Victorino de la Plaza utilizados en la comida ofrecida por el entonces ministro de Relaciones Exteriores; copas, plato y centro de mesa con los que se adornó la mesa del baile ofrecido en el Colón por el intendente Güiraldes (colección Adriana Franchini), entre otras piezas.

Se pueden observar fotografías que la muestran en el Pabellón de las Rosas, donde inauguró un Concurso Hípico Internacional, en el Museo Mitre, en la estancia "San Juan", en el Club Español, después del banquete en la Casa de Gobierno.

En otra vitrina, se exhiben recuerdos -postales, plaquetas, una bandera bordada, la partitura del tango "Independencia", de Alfredo Bevilacqua- de su visita y de la Exposición del Centenario. Una postal con la leyenda "Confraternidad Hispanoamericana" da testimonio de la multitud que acompañó su paso por la Avenida de Mayo.

Aunque en ninguna parte figura el apodo con que popularmente y cariñosamente se la conocía en España, "La Chata", la exposición refleja el sentimiento que despertó su presencia, sintetizada así en un texto: "Ganó el corazón de la gente por su inteligencia, buen humor y tacto, llamando la atención que, no obstante la agobiante actividad desarrollada en doce días, conservara la misma gracia, don de gentes y amabilidad". Presenció una revista naval y un desfile militar, colocó la piedra fundamental del Monumento a los Españoles, fue recibida en el Congreso, asistió a un festival en el Odeón en el que actuaron María Guerrero y Díaz de Mendoza, visitó el Hospital Español, asistió a una recepción en el Palacio Miró. A su vez, fue anfitriona a bordo del buque en el que había viajado y se despidió en el denominado -y desaparecido- palacio de Bary, donde se había alojado.

Era el tiempo de los palacios y del futuro promisorio. De la poesía de Leopoldo Lugones: "¡Feliz quien como yo ha bebido Patria, / en la miel de su selva y de su roca!" El arquitecto Ricardo Ruiz y su equipo de colaboradores organizaron la muestra con aportes de colecciones privadas, de los museos de la Casa Rosada, Histórico, de la Ciudad, y del Archivo General de LA NACION.

(De lunes a viernes de 10 a 18 y los domingos de 14 a 18 en Hipólito Yrigoyen 219, hasta el 30 del corriente. Entrada libre.)

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