Dar el gran salto en la escena

Con el estreno en el Colón de su puesta de El ángel de fuego, deProkofiev, Florencia Sanguinetti dirigirá por primera vez una ópera en la sala donde se formó
Helena Brillembourg
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3 de noviembre de 2015  

Sanguinetti estudió en el Instituto Superior de Arte del Colón y colaboró con grandes directores
Sanguinetti estudió en el Instituto Superior de Arte del Colón y colaboró con grandes directores Crédito: Fernando Massobrio

Florencia Sanguinetti debutará esta noche como directora de escena en la nueva producción del Teatro Colón, El ángel de fuego. Sin embargo, los nervios que se sienten ante la proximidad del estreno ya los conoce. Es un debut, pero no tanto. Sanguinetti se formó en el Instituto Superior de Arte del Colón. Su cercanía con el teatro lleva ya 24 años. Ha colaborado mano a mano con los más grandes directores y su nivel de compromiso y participación fue tal que vivió cada estreno ajeno como propio. Por eso los nervios de estar acercándose a la fecha ya los conoce, no los siente como algo extraño, a pesar de que en esta ocasión la exposición es mucho mayor.

Algo parecido sucede con El ángel de fuego, la ópera que Prokofiev compuso entre 1919 y 1927 basada en el libro homónimo que Valery Bruisov publicó en 1908. Para muchos será como un estreno, pero en verdad su controversial historia ya subió en dos ocasiones al escenario del Colón, aunque haya sido tantos años atrás que muchos no lo recuerden.

Su vocación estuvo definida desde muy pequeña gracias a la influencia de su abuelo. "A los 14 años, el tenor Ricardo Casinelli, que era amigo de mi padre, me invitó a un ensayo en el Colón. Cuando finalizó, me dije que así quería que fuesen todos los días de mi vida, y así ha sido. Desde lo emocional, me desangro por cada una de las producciones en las que me involucro", cuenta.

Los nombres de los directores Jorge Lavelli y Jaime Kogan salen a relucir como sus principales referentes en la búsqueda de su estilo. Al primero, que según señala es un capítulo en sí mismo en la historia del teatro universal, lo siguió hasta Europa. En tanto que a Kogan estaba casi a punto de empezar a asistirlo cuando murió. "De ambos me queda un lenguaje de poesía en el que cada elemento que se utiliza en escena tiene un sentido, que no es más que producir sensaciones."

Si bien la historia de El ángel... es controversial, ella se siente cómoda con el registro. "No me dio miedo montarla, al contrario, me gusta. Me siento con muchas más posibilidades creativas que frente a una del repertorio tradicional. Esta ópera es muy potente; su temática es fascinante y tiene un contenido muy importante de violencia y erotismo. Además, siempre fui fanática de la música de Prokofiev, es un compositor de una gran potencia teatral."

El ángel... es una ópera en cinco actos y siete cuadros que transcurre de manera abrupta hacia el acto final, donde está el Inquisidor, que personifica el mal. "Prokofiev hizo una síntesis excelente de la novela. Era un hombre muy interesado por el aspecto violento de las creencias religiosas y de los fenómenos naturales, sumado a que con la música acentúa todas esas sensaciones que produce el texto de Briusov. Gracias a esto puedo utilizar recursos con los que me siento más identificada, elementos aparentemente incongruentes, casi surrealistas. Veremos una calesita en medio de una iglesia; también agua y lluvia; instrumentos que a mí me ayudan a generar angustia", explica.

La protagonista de la historia es una mujer atormentada, Renata, obsesionada por el ángel de fuego, que dice que se le apareció por primera vez cuando era una niña. En su monólogo narra los martirios a los que el ángel la sometía. "Esto recuerda el testimonio de Santa Teresa cuando cuenta su éxtasis. Hay todo un diagnóstico psicológico para Renata, pero lo interesante es que no se queda en eso, te confunde y aparecen un montón de elementos sobrenaturales que el resto de los personajes también perciben. Evidentemente, la mente de Renata es como si fuera un poco la atmósfera en la que está montada toda la puesta", dice.

Será la soprano rusa Elena Popovskaya la encargada de personificarla. "Me siento muy afortunada de contar con ella, es una cantante muy sensible y que entiende a la perfección su personaje: alguien en crisis de punta a punta de la obra. El rol tiene además una gran exigencia desde lo vocal, pero ella lo resuelve de forma natural", indica.

Cantada en ruso, el elenco se completa con el bajobarítono Vladimir Baykov como Ruprecht, el caballero fascinado por Renata; el bajo Alexei Tanovitski como el Inquisidor, y, con un doble rol como Agrippa y Mefistófeles, el tenor austríaco Roman Sadnik.

"Llama la atención que Prokofiev le haya puesto voz de tenor a Mefistófeles, algo que no es común; casi siempre el diablo está representado por un bajo. Y lo hizo porque acá este personaje es un hechicero y tiene una personalidad de tipo grotesco, casi cómico. Para mí, tiene una de las escenas con más fuerte simbolismo cuando se traga al mozo que lo atiende en el restaurante", analiza.

Una niña que mira asustada o que busca asustar a quien la mira: así es el afiche promocional de la ópera. La directora sugiere la hipótesis de que la protagonista atravesó una infancia violenta o por las noches recibió la visita de alguien con quien tenía contacto físico.

"Renata cuenta que fue a los ocho años cuando el ángel se le apareció por primera vez. Por eso, me interesó mucho introducir su personaje de niña. Uso estas imágenes para transmitir sensaciones; me interesa producir angustia tanto con el afiche como con la puesta; es como El exorcista, pero en versión ópera."

Enseguida busca salir de ese registro para apostar al valor del trabajo en equipo. "Estoy trabajando con Ira Levin, el director musical, desde que me ofrecieron el título. Hubo mucho intercambio y nos entendemos al ciento por ciento. No concibo el trabajo en una atmósfera desagradable; hasta no llegar a un acuerdo jamás me impondría frente a ningún otro artista. Por mi experiencia, he visto lo negativa que es la mala atmósfera. Al final llega un momento en que el director se aleja de la escena y se sienta en la platea y todo queda en manos de los que tienen que salir al escenario. El trabajo de uno queda reflejado en el cuerpo de los actores, en la luz que los ilumina y en la labor de los técnicos que mueven las cosas", concluye.

El ángel de fuego

De Serguei Prokofiev

Teatro Colón, Libertad 621.

Funciones, hoy, el viernes y el martes 10, a las 20, y el domingo 8, a las 17.

Entradas desde $ 150

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