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Cambios virtuales de gabinete

Jorge de la Rúa y Santibañes ganan espacio en el Gobierno
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27 de mayo de 2000  

Dos hechos, de entre muchos otros, revelaron esta semana que Fernando de la Rúa ya realizó los cambios de gabinete que formalmente desmiente.

El primero fue público. Jorge de la Rúa condujo, el martes, una reunión del "gabinete social" en la residencia de Olivos.

El segundo, privado. Esa misma tarde, Fernando de Santibañes instruyó por uno de sus celulares a Nicolás Gallo, ministro de Infraestructura, para que definiera pronto la renegociación de un conjunto de contratos para que las empresas concesionarias adelantaran inversiones previstas para el año próximo. Le explicó que esas medidas debían agregarse a las que preparaban Economía y Trabajo para que el Gobierno pudiera presentar todo junto al anunciar el ajuste de 600 millones de pesos.

Los dos hechos conducen a Rodolfo Terragno, el jefe de Gabinete: muestran que Jorge de la Rúa y Santibañes lo han reemplazado en los hechos. Muestran algo que desde hace un tiempo es evidente para sus colegas en el gabinete:Terragno conserva un cargo vaciado de poder.

Sin drama, sin anuncios, en silencio, De la Rúa resolvió el desplazamiento de un personaje que le resultaba antipático. La distancia entre ellos creció con la actitud inicial del jefe de Gabinete de reclamar el poder de un primer ministro. De la Rúa fue silenciosamente negándole las atribuciones que la Constitución le otorga en teoría.

El Presidente negó todas las versiones de una renuncia de Terragno, pero quitó valor a sus propios gestos de apoyo. Lo llevó del brazo a la sala de periodistas de la Casa de Gobierno cuando quiso desmentir que le hubiera quitado la coordinación de los planes sociales, pero dejó en su hermano Jorge, secretario general de la Presidencia, la conducción de la reunión del área que hizo en Olivos.

Desayunó con Terragno el lunes último para aventar nuevos rumores de renuncia y escuchó su exposición sobre el PlanBicentenario, un proyecto muy caro a Terragno, que postula el país del 2010, pero el martes pasado un periodista le preguntó sobre ese plan y De la Rúa contestó que sólo es uno de tantos. Terragno soñaba con presentarlo anteayer y tenía todo listo para hacerlo, pero debió cancelarlo porque se decidió que no era oportuno hacer coincidir una ilusión sobre el 2010 con el duro anuncio del ajuste económico.

En ocasiones recientes, De la Rúa dedicó a la ministra de Desarrollo Social, Graciela Fernández Meijide, un trato similar al que deparó a Terragno. Ni siquiera la invitó a una reunión con gobernadores peronistas con los que trató la crisis social en el interior. En su lugar llevó a su segunda, Cecilia Felgueras. "No me invitaron", contestó secamente Fernández Meijide cuando le preguntaron por qué no había estado.

El círculo íntimo

En privado, De la Rúa suele quejarse de buena parte de su gabinete. Porque los ministros no resuelven, porque no aportaron voluntariamente propuestas a su pedido de ajuste, porque no trabajan "en equipo", confió un miembro del selecto círculo íntimo del Presidente.

Pero el mismo hombre debió admitir que De la Rúa tiende a concentrar las decisiones y a delegar muy poco. "A Fernando hay que interpretarle las señales. Si lo conocés, sabés lo que quiere por la manera en que te mira."

Su método sigue siendo el histórico:elige a sus colaboradores por la confianza que le merecen y por amistad y eso reduce su círculo íntimo a un grupo muy pequeño de personas, que tienen sobre él gran influencia. En ese pequeño mundo de poder brillan Santibañes y Jorge de la Rúa.

Santibañes, hombre del establishment financiero, es su amigo personal, vecino de fin de semana en Pilar y uno de los más influyentes miembros del Gobierno. Sus tareas exceden ampliamente su cargo de jefe de la SIDE: coordina decisiones con los ministerios, interviene en definiciones de la política económica y es hombre de consulta permanente del Presidente.

Jorge de la Rúa, por su parte, tiene en su relación sanguínea con el Presidente una ventaja inalcanzable para sus colegas. En el último tiempo concentró buena parte de la relación con las provincias -tarea que corresponde al Ministerio del Interior que conduce Federico Storani, otro funcionario externo al sistema delarruista-, el vínculo político con los gobernadores peronistas y la coordinación de algunos temas de la emergencia social.

El temperamento del Presidente define el funcionamiento del gabinete nacional como definió a su gobierno en la ciudad de Buenos Aires. La última crisis de esa gestión ocurrió en el área de Comunicación Social, cuando De la Rúa elevó a Darío Lopérfido como vocero y relevó, sin que mediara anuncio alguno, a Miguel De Godoy de esa tarea. De Godoy resolvió el conflicto con su renuncia intempestiva.

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