Contrapunto en Madrid

Mientras el Centro Reina Sofía empaca los cuadros que llegarán a Buenos Aires en pocos días,la Casa de las Américas exhibe una exquisita muestra de las vanguardias en la literatura argentina. En los veinte, el país era un sueño posible
Alicia de Arteaga
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3 de junio de 2001  

MADRID.- La música de fondo previa al despegue del vuelo 6840 de Iberia ha sido el reclamo de los empleados de Aerolíneas que están en pie de guerra por la falta de pago y por la sensación creciente de que la esperanza de solución tiene los minutos contados.

Una bandera argentina cruza la pista de Ezeiza en señal de protesta. La salida se demora y dentro del Jumbo los pasajeros se debaten entre dos fuegos: las ganas de partir y las de solidarizarse con quienes reclaman en tierra por una compañía que no levanta vuelo.

La tripulación española no dice nada. Ruega en silencio que las cosas no pasen a mayores. Una hora y media después, el avión parte rumbo a Madrid, donde la primavera está en su máximo esplendor y el arte florece al ritmo de la economía que vive tiempos de bonanza.

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Por todos lados se ven señales de crecimiento. La capital de los españoles se postula como ciudad olímpica para el 2012 y Zara, la tienda fashion con 1117 locales en 32 países, celebra su ingreso en la Bolsa con un alza del 22 por ciento. Ni siquiera esta noticia ha sido motivo para que el dueño de Zara, el gallego Amancio Ortega Gaona, asome la nariz en los medios, En el terreno cultural, el escenario se vuelve prodigioso. La 60a edición de la Feria del Libro en el Parque del Retiro convoca multitudes; los stands se cotizan entre 1000 y 1500 dólares, y hay más de 500 expositores. Familias enteras circulan por el parque y compran ejemplares que cuestan la mitad que en Buenos Aires. Cerca de 1000 nuevos títulos por semana dan cuenta de la buena salud de las editoriales y el futuro no puede ser mejor: la tasa de natalidad de los hispanoparlantes supera cómodamente la de los anglos. Según las encuestas, los españoles leen menos, ¿comprarán los libros para guardarlos en un placard? Cuesta creerlo. En la Fnac, el supermercado de libros y discos de origen francés ubicado en la plaza del Callao, adolescentes y jóvenes se sientan en las gradas moqueteadas del tercer piso, libro en mano, mientras escuchan el CD de Jarabe de Palo, ubicado a la cabeza del ranking.

La infanta Elena y su marido, Jaime de Marichalar, fueron los encargados de inaugurar la feria. Todo parece indicar que el rey Juan Carlos y la discreta Sofía han confiado a los duques de Lugo, Elena y Jaime, el rol de promotores culturales.

Fueron también ellos los primeros en recorrer ARCO, la feria de arte contemporáneo realizada el último febrero en Madrid. Para despertar la curiosidad de los lectores, los suplementos de fin de semana dicen que la escritora preferida de la infanta es Isabel Allende. Por las dudas, los editores le han colocado bajo el brazo a la hija del rey Retrato de color sepia .

A metros no más, Antonio Gala, Rosa Montero y Pérez Reverte firman ejemplares. El Retiro es una fiesta.

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Como lo es el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), listo para iniciar la mayor transformación de su historia con la puesta en marcha del proyecto de ampliación de Jean Nouvel. La idea es reordenar los espacios con el carácter dinámico que corresponde a un museo vivo, por el que circula más de un millón y medio de personas por año. Nouvel prefiere llamar a su intervención en el edificio, diseñado por encargo de Carlos III para alojar al Hospital General de Madrid, "suave y natural".

La ampliación sumará 16.000 metros cuadrados a los existentes, que convertirán a la institución vecina a la estación de Atocha en una de las más audaces y mejor equipadas del siglo XXI.

Creado a fines de los ochenta, recién en septiembre de 1992 los reyes inauguraron las colecciones, con la intención de convertir al MNCARS en el museo nacional de arte del siglo XX que España no tenía.

El siglo XX quedó fracturado en dos por la Guerra Civil. Entre el antes y el después se contabilizan gigantescos huecos imposibles de llenar. Faltaban, por ejemplo, las obras de los artistas españoles que vivieron en París. Ni Picasso ni Juan Gris entraron en los museos españoles hasta muy avanzado el siglo XX, y habrá que esperar los ochenta para que el Reina consiga una compañía a la altura del imponente Guernica , que es la pieza maestra de la colección.

Algunas de esas joyas viajarán a Buenos Aires, con el auspicio de Telefónica, para ser exhibidas en el Museo Nacional de Bellas Artes. Juan Manuel Bonet, director del Reina Sofía, es locuaz, apasionado, un hombre cultísimo. Expresa, sin dudarlo, su satisfacción al informar que "es la primera vez que una muestra tan importante cruza la frontera del museo madrileño.

"Será la exposición más grande de arte español fuera de España, ¿qué mejor destino que Buenos Aires?", se pregunta Bonet.

De Picasso a Barceló es, además, el proyecto más ambicioso encarado por Arte Viva, la fundación que preside Frances Reynolds Marinho. La prueba de fuego fue, un año atrás, la exposición Esplendores de España, de El Greco a Velázquez, inaugurada por los reyes Juan Carlos y Sofía y coronada por el éxito. En esta oportunidad, la muestra, con obras procedentes del Reina Sofía y de la colección Telefónica, seguirá viaje a San Pablo para cumplir una de las metas de Arte Viva: hacer realidad el corredor cultural del Mercosur.

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Son 104 trabajos de 73 artistas que definen los tramos más significativos del arte español del siglo XX.

Articulada en tres módulos, la lectura comienza con Picasso y su entorno (1900-1939), Arte después de la guerra (1939-1975) y Nuevas Generaciones (1975-2000).

"La génesis de esta exposición es también la de este museo, que quiere ser un espejo del arte moderno sumando las diferentes visiones. Un momento definitivo está representado por el grupo El paso , que vuelve tangible la posibilidad de un cambio en la mirada y en el lenguaje", explica Bonet y a su lado asiente Martín Chirino, integrante de la generación abstracta y del grupo El Paso. Chirino viajará a Buenos Aires acompañando la muestra. Lo hará también Eduardo Arroyo, verborrágico y seductor, que vivió y pintó en París, como Picasso y Juan Gris.

En pocos días, las obras de Picasso, Dalí, Juan Gris, Maruja Mallo, Eduardo Arroyo, Chillida, Julio González, Chirino, Equipo Crónica, Gutiérrez Solana, Palencia, Saura, Tapies, Rueda, Palazuelo, Zoibel, Gordillo, Antonio López, Manolo Valdés, Miquel Navarro, Carmen Calvo, José María Sicilia y otras firmas decisivas del arte español del siglo XX llegarán al MNBA. Entre los visitantes ilustres, se baraja la posibilidad de que sea la ministra de Educación, Cultura yDeportes, Pilar del Castillo, quien corte la cinta inaugural junto a las autoridades argentinas. De Picasso a Barceló , patrocinada por Teléfonica, es también una señal política en un tiempo de ánimos erizados.

Viejos buenos tiempos

En colaboración con Sergio Baur, agregado cultural de la embajada argentina en Madrid, Juan Manuel Bonet ha montado una exquisita muestra de las vanguardias en la literatura argentina, entre 1920 y 1940, que se exhibe en la Casa de las Américas.

La intensidad de la vida intelectual en la Argentina de los años veinte vuelve todavía más triste el desamparo de la situación actual, con la industria editorial en retirada y la ominosa amenaza del desempleo, que es la prenda del desencanto de tantos jóvenes.

Jóvenes de la misma edad que aquellas cabezas desordenadas que poblaron las artes en la Argentina de comienzos del siglo XX, cuando vanguardia era sinónimo de actitud guerrera.

Imponerse al medio era la divisa inicial. De eso habla Asunción Anzorena en el prólogo del catálogo de las vanguardias literarias representadas por los grupos de Boedo y Florida.

Suena tan ajeno y lejano en esta Madrid festiva pensar que entonces Buenos Aires era la fragua de la intelectualidad. Algo ocurría en Buenos Aires, y el eco llegaba a Madrid. Ese esplendor que viene del pasado deja el sabor de la nostalgia.

Como la foto de Güiraldes, gaucho elegante curtido por el sol. O la imagen del grupo trasnochado y alegre que posa en la escalera de la casa de Oliverio Girondo, hoy Museo Fernández Blanco.

¿Dónde está esa Argentina que alentaba la reunión de inteligencias luminosas? ¿Cuándo perdimos el tren para no poder ahora levantar vuelo? En 1921, Jorge Luis Borges, recién llegado de Europa, lanza Prisma, con González Lanuza, Norah Lange y Francisco Piñero, una revista "poster" con la que cinco muchachotes brocha en mano quieren tapizar las paredes de Buenos Aires.

En 1924, nace Martín Fierro impulsada por Samuel Glusberg, padre de Jorge, y cuyo primer director fue Evar Méndez. El staff tiene, edad promedio, veinticinco. Girondo, veinte. Todos ellos miran con zorna la pintura consagrada por el establishment y prefieren la nueva sensibilidad representada por la obra de Pettoruti y Xul Solar.

En la vereda de enfrente, en esos años, la revista Claridad reunió a colaboradores influidos por el realismo socialista y el pensamiento soviético.

Boedo y Florida fueron las calles que dieron nombre a dos maneras de pensar y sentir. En Boedo estaban los revolucionarios y en Florida los estetas. ¿Fueron aquellos martinfierristas los últimos hombres felices? La muestra de las vanguardias reúne ejemplares de revistas, de primeras ediciones y un Prisma procedente de la colección deGuillermo de Osma. Bonet cierra el catálogo con un "Mínimo who is who del Buenos Aires moderno", decididamente imperdible.

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