Se extingue la peperina y con ella varios negocios en las sierras

La especie silvestre de la hierba autóctona escasea por la recolección, que disminuyó su disponibilidad
Gabriela Origlia
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8 de noviembre de 2015  

CÓRDOBA.- Para los argentinos la peperina es uno de los sinónimos de esta provincia, a tal punto que así bautizó Charly García su canción sobre una periodista cordobesa que se atrevió a hablar mal de su banda. Hoy debería pensar en otro nombre porque esta hierba autóctona está en "extinción económica". Es decir, no alcanza a cubrir la demanda.

Salsacate y Taninga, en el departamento Pocho, en el oeste cordobés, eran el núcleo productivo de la peperina que crecía en la montaña hasta cubrir unas 450 hectáreas, estima el ingeniero agrónomo Javier Bustos. Se llegó a recolectar 520 toneladas. Pero en 1998 comenzaron a encenderse luces amarillas y hoy no suma 30 hectáreas en toda la provincia.

Las yerbateras demandan el 90% del yuyo cordobés, aunque en la actualidad, por su alto precio, lo reemplazan con una variedad sintética en polvo. "Es más económica -dice el acopiador Herman Spiteller-. No hay muchos que arriesguen en plantaciones porque el resultado se parece, pero no es igual a la silvestre".

En el mercado, actualmente los precios son de $ 20 el kilo de palo, $ 35 el de palo con hoja y $ 70 el de hoja. El recolector recibe, en promedio, entre 16 y 22 pesos por kilo verde.

Marta Ojeda, profesora adjunta en la cátedra de Genética de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba, diferencia la peperina cultivada: "No tiene el aroma de la de las sierras" (producto de una fuerte interacción con el ambiente). Ojeda insiste en que hace unos 20 años los científicos advirtieron sobre el riesgo para muchas hierbas autóctonas, cuya recolección en las sierras fue durante años el principal ingreso de las familias de la zona. Ese modelo se modificó porque hoy no se las encuentra fácilmente. Además de la peperina, está en vías de de-saparición el tomillo.

"Usar la hierba nativa arrancándola implica, a la larga, perderla -señala Ojeda-. La arrancan de raíz o no la dejan semillar y eso la pone en riesgo. Además se agrega el ganado que la come y los incendios. Los recolectores no invierten, subían a las sierras y sacaban bolsones; cada planta pesa unos 150 gramos."

Hubo cursos para los recolectores e intentos de organizarlos en redes, pero las experiencias no funcionaron. Ante la caída de la oferta las empresas compradoras empezaron a rechazar las plantas que venían con raíz. Se sumaron inspecciones del Gobierno cordobés que sanciona a quienes admiten esa práctica.

Para Ojeda, una alternativa (que está llevando adelante) es cultivar para responder a la demanda de las empresas, aunque reconoce que son "pocos" los dispuestos a sumarse al proceso. Sin embargo, Spiteller afirma que, por los costos de la actividad, no es una alternativa conveniente.

Bustos pone el acento en la falta de previsión: "El Gobierno no se adelantó al problema. La cadena es muy dispersa, atomizada e informal hasta el momento del acopio y ese esquema implica incluso un problema fiscal, porque muchos trabajan en negro y uno vende en blanco. La demanda es creciente pero no hay cómo responder".

Traslasierra, al oeste de las Sierras Grandes, es la principal productora de menta del país. En localidades como San José, La Paz, Villa Las Rosas y Villa Dolores, se multiplican los cultivadores. Hay pocos con 100 hectáreas, ya que la mayoría trabaja entre cinco y diez hectáreas, y hacen variedad de hierbas para especieras. Otra opción es el orégano, menos elegido este año porque no es rentable.

Sector dinámico

Desde el Inta de Villa Dolores, Daniel Suárez explica que el sector es muy dinámico. En 2009 una sequía importante implicó la deserción de muchos productores: "Frente al agua escasa la prioridad es el consumo humano, el desarrollo urbanístico y la explotación turística. Todo compite con las hierbas".

La época de gloria fue a mediados de la década pasada, cuando los cultivos ocupaban unas 600 hectáreas (la mitad, de orégano). En la zona se hace romero, tomillo de cocina, perejil, cedrón, toronjil, melisa, isopo, aunque la diversidad también declina en función de los precios y el clima. Los problemas son garantizar "cantidad, calidad y continuidad".

Luis Tomaselli, uno de los productores más grandes de la zona, este año cultiva y procesa siete hierbas. Redujo las tierras destinadas a orégano por el precio; los $ 35 que paga el mercado no le rinden. Explica que el negocio es "complejo, porque intervienen muchos factores que los grandes no pagan". En San José, Graciela Venegas se dedica al perejil y la menta. Según dice, cada vez son más los clientes. Entre ellos, laboratorios, fabricantes de bebidas y golosinas, yerbateras y especieras.

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