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Prolija mirada existencial

Jazmín Carbonell
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8 de noviembre de 2015  

Rat, farsa trágica / Dirección y dramaturgia: Juan Mako / Intérpretes: Martín Bertani, Nicolás Deppetre, Tom Harris, Guido Losantos, Melisa Otranto / Escenografía y vestuario: Emilia Pérez Quinteros / Asistente de escenografía: Eliana Laura Itovich / Realización de utilería: Matías Bereslawski / Iluminación: Natalia Bianchi / Colaboración dramatúrgica y asistencia artística: Laura Correa / Sala: Hasta Trilce, Maza 177 / Funciones: lunes, a las 21 / Duración: 70 minutos / Nuestra opinión: buena

Asistimos como espectadores a un ensayo. Mientras que nos acomodamos en ese bello teatro, los actores van disponiendo y acomodando la escenografía que usarán en los siguientes minutos. Hay botellas tiradas, mugre, suciedad, vasos, cierto olor a fin de fiesta. Una música que desentona se filtra por una radio que anda por ahí. Los roles se empiezan a marcar: un director joven, agobiado por su propio ego y por la obligación de estrenar una obra en pocos días y un asistente -el que hace todo y recibe además los peores tratos, siempre- que acomoda sin parar las cosas perdidas por ahí y suma elementos, mejor acomodados, para que el acto teatral suceda. Van apagando las luces y, de a poco, nos van sumergiendo en la atmósfera de ensayo, de preparación, para hacernos testigos privilegiados de esa mutación. El actor se hace presente también marcando todos los estereotipos habidos y por haber. Cierto aire de divismo, exigencias absurdas y caprichos innecesarios. A pesar de las mil trabas que se ponen ellos el ensayo parece que arranca.

Todo podría continuar en esa tesitura, pero no. Unos llamados que irrumpen la escena, unos golpes a la puerta que desconciertan y el clima se va cargando de inquietudes que ya no les permiten seguir adelante. El director propone incluir lo que está sucediendo en la historia pero ya no es posible, el equipo está en crisis. O peor, son parte ya de una trama aún mayor.

La historia, entonces, se corre hacia la ciencia ficción y el universo de posibilidades se ensancha. Aparecen unos seres no humanos que vendrán a restablecer el orden, a exigir unas cuantas cosas y a proponernos una nueva manera de concebir el hecho teatral, la obra en sí, ¿acaso hay un único original o somos todos, de alguna manera, copias de copias? Con todos esos elementos, Rat, farsa trágica (producto de la Bienal de Arte Joven) se propone como una nueva mirada sobre el teatro y sobre la condición humana. Un buen intento, quizás un poco largo. Con un gran despliegue escenográfico, unas cuidadas actuaciones, un texto correctamente encaminado logran producir cierto impacto en la platea que, como testigo, también puede sentirse incluida en esa puesta en abismo y ser parte, en cierto modo, de una obra más grande.

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