El desprecio de Cristina por la diplomacia

Martín Dinatale
Martín Dinatale LA NACION
Los últimos gestos de la Presidenta aíslan aun más al país y por momentos despiertan asombro entre diplomáticos locales y extranjeros
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11 de noviembre de 2015  • 00:15

Un vicepresidente procesado que viaja como representante argentino a la cumbre mundial de cambio climático. El faltazo de la jefa de Estado en la cumbre del G20. Un desplante a Dilma Rousseff. Y una reunión de presidentes árabes y de la Unasur con la presencia de Amado Boudou y de un vicecanciller con escaso peso político.

Las imágenes no podrían ser mejor reflejo del fin de ciclo del Gobierno: Cristina Kirchner se empecinó en sus últimos días por despreciar hasta el hartazgo a la política exterior y se obstinó en captar toda la atención en la campaña por el ballottage.

Los gestos de la Presidenta aíslan aun más al país y por momentos despiertan asombro entre diplomáticos locales y extranjeros. Sendra, el humorista de Clarín, ayer graficó con elegancia el rídiculo faltazo que protagonizará la Presidenta en la cumbre del G20 cuando en su tira cómica y bajo el título de "Prioridades" un funcionario cuenta que la mandataria explicó su ausencia en Turquía: "Prefiero quedarme acá a ningunear a Scioli que ir allá para llegar tarde a la foto".

Las imágenes no podrían ser mejor reflejo del fin de ciclo del Gobierno: Cristina se empecinó en sus últimos días por despreciar hasta el hartazgo a la política exterior

Lo peor es que el tema excede el humor y afecta a la Argentina. En la Casa Rosada aseguran que Cristina Kirchner desistió de ir al G20 para quedarse con su hijo Máximo que fue operado el sábado por la noche. Pero también se mencionó su interés por quedarse para seguir de cerca la campaña electoral. Cualquiera sea la excusa para no ir a Antalya el daño ya está hecho: la Argentina será representada en la cumbre de Turquía por un canciller como Timerman que tiene mala imagen mundial y un ministro como Kicillof que está en retirada. En estas condiciones será difícil para la Argentina imponer algún texto propio sobre f ondos buitres, por ejemplo, en el documento final de la cumbre. Así, es probable que al país se lo vea una vez más como un invitado de descarte que un miembro pleno en ese encuentro donde conviven los 20 países más ricos del planeta.

El caso de la cumbre de cambio climático que se hará en París el 30 de noviembre resulta igual de grave que el desplante del G20 aunque la dimensión de su impacto aun no fue comprendido completamente. Boudou representará a la Argentina en una cumbre de presidentes donde se pondrá en juego el compromiso de más de 160 países en materia de reducción de gases de efecto invernadero para 2030.

"Resulta lamentable que todo el esfuerzo que hizo un gran equipo de la diplomacia argentina por llevar a París una propuesta concreta para resguardar el cambio climático quede opacada por una figura como la de un vicepresidente procesado por la Justicia", dijo a LA NACION un destacado embajador asiático que sigue el tema de cerca.

La cumbre de París promete ser más relevante a lo que sucedió con el Protocolo de Kyoto, en el que se establecían metas obligatorias y participó un 35% de los países. Ahora hay una fuerte presión mundial para que Estados Unidos cumpla con las metas para cerrar un acuerdo global sobre cambio climático. En este caso, la ausencia de Cristina Kirchner en París el 30 de noviembre carece de excusas: para esa fecha su hijo ya estará recuperado de la operación y no habrá elecciones a la vista.

Boudou representará a la Argentina en una cumbre de presidentes donde se pondrá en juego el compromiso de más de 160 países en materia de reducción de gases de efecto invernadero para 2030

La presidenta de Brasil Dilma Rousseff viajará a París para la cumbre de cambio climático y no logró convencer a Cristina Kirchner para ajustar una fecha a fines de noviembre para reunirse en Foz de Iguazú con la idea de conmemorar los 30 años de la Declaración de Iguazú. La intención de Brasil y de la Argentina era enaltecer el gesto de los entonces presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney que en 1985 restablecieron el diálogo democrático entre ambas naciones y dieron el puntapié para la creación del Mercosur. En la Casa Rosada aducen que no hubo manera de convencer a Cristina para ajustarse a la agenda de Rousseff. Los egos pudieron más que la diplomacia y los esfuerzos por mejorar las relaciones bilaterales.

Representantes de los 22 países de la Liga Árabe y de los 12 miembros de la Unasur comenzaron ayer una reunión Arabia Saudita para impulsar una asociación y ampliar la cooperación multisectorial entre ambas regiones. Seguramente Cristina iba a estar a gusto allí con la compañía de sus amigos de ruta bolivariana como Nicolás Maduro y Rafael Correa. Pero, en cambio, decidió enviar a Boudou y al vicecanciller Eduardo Zuain. "Nada serio puede salir para la Argentina con la imagen de Boudou de por medio en una cumbre de presidentes", graficó un veterano embajador argentino.

El desprecio por la diplomacia ya es un sello registrado de Cristina Kirchner que se agudizó en los últimos tiempos. Ya nada se puede cambiar. Pero hacia el futuro inmediato, la fotografía de una diplomacia arrumbada será el gran desafío para el próximo presidente: Scioli o Macri no sólo tendrán la titánica tarea de tratar de regresar a la Argentina al mundo sino que también deberán reconstruir el alicaído plantel de profesionales del Palacio San Martín. Desde el 11 de diciembre a la Argentina ya no le quedará margen para el desplante, la arrogancia y el aislamiento.

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