Reediciones: la segunda vida de los libros

Pedro Mairal
Pedro Mairal Crédito: Victoria Gesualdi/AFV
La reaparición de títulos importantes en la literatura argentina de la mano de sellos independientes especializados permiten descubrir autores célebres como Silvina Bullrich, Norah Lange y Luis Gusmán para las nuevas generaciones, y presentar otros que, gracias a su condición de "incunables", nunca han podido encontrar un público
Walter Lezcano
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16 de noviembre de 2015  • 15:01

Así como existe la clásica y necesaria mesa de novedades, debería haber un lugar especial y destacado en todas las librerías consagrado a las reediciones, que están apareciendo con un fervor inusitado por estos días. Las reediciones dan la posibilidad de descubrir lo que el almanaque no terminó de arrasar pero dejó perdido en el camino de la literatura, de pelear el avance imparable de las nuevas generaciones, y de recuperar libros valiosos que simplemente que perdieron el interés de la maquinaria aceitada de la publicación constante.

En ese sentido, la reaparición, por ejemplo, de obras como Teléfono ocupado (Mardulce), una pequeña joya olvidada de 1956 de la best seller Silvina Bullrich; El caudillo (Mansalva), de Jorge Guillermo Borges; El traductor (Eterna Cadencia) de Salvador Benesdra; La muerte y su traje, de Santiago Dabove, y Las varonesas, de Carlos Catania, (ambas de la colección Agel de la editorial Las Cuarenta) ponen en circulación parte importante de la literatura reciente e histórica que sirve para conformar un mapa completo de un campo literario, sus orígenes y su estado de salud. Pero por otro lado, como una contracara ineludible, está esa serie de novelas que Adolfo Bioy Casares prefirió que no se reeditaran (Prólogo, 17 disparos contra lo porvenir, Caos, La nueva tormenta o La vida múltiple de Juan Ruteno, La estatua casera y Luis Greve, muerto) y sirve para mostrar que todavía en materia de reedición hay un largo camino por recorrer.

Es por eso que, para saldar algunas deudas, ya se han creado sellos, colecciones y editoriales dedicadas a recuperar esas historias que faltaban en la mayoría de las bibliotecas.

Los memoriosos

Clubcinco editores es un proyecto reciente formado por Martín Hain, Yair Magrino, Virginia Gallardo y Edgardo Scott, enfocado en las reediciones. Así lo explica el escritor, crítico literario y editor Edgardo Scott: "La idea surgió a partir del gusto insistente por ciertos libros que paradójicamente, aunque hubieran sido (y sigan siendo) autores y libros muy valorados, permanecían sin reeditarse. Clubcinco no es un rescate en el sentido de libros que pasaron desapercibidos, o incluso que hayan sido rechazados en su momento de aparición. No, nos gustaban libros que "todo el mundo" citaba, pero que igual eran inconseguibles." La editorial arrancó con Rojo amor, la primera novela de Aníbal Jarkowski, publicada en 1993. Y sigue con la primera novela de Gustavo Ferreyra, El amparo, publicada en 1994. "No siempre serán primeras novelas, de hecho el próximo libro será Tennessee, de Luis Gusmán -aclara Scott-. El proceso parte de las lecturas de cada uno, de literatura argentina contemporánea; son libros que ya algunos de los editores leímos y que consiguen unanimidad entre nosotros. Entonces nos acercamos a los autores y les hacemos la propuesta. Hasta ahora tuvimos suerte."

En la editorial Interzona se trabaja con distintas clases de reediciones. Cuenta su editor Guido Indij: "Unas son las reimpresiones?, y otra es nuestra serie 2º Round, que es de rescates." Dentro de esa colección aparecieron, por citar algunos ejemplos, 45 días y 30 marineros de Norah Lange, El carapálida, de Luis Chitarroni; La cabeza de Goliat, de Ezequiel Martínez Estrada o Los reportajes de Félix Chaneton, de Carlos Correas. Es por eso que para Interzona esta colección se trata de una apuesta "loca". Entonces tiene sentido preguntarse porque hay tantos interesados en traer de regreso obras perdidas. Dice Indij: "Supongo que porque la ilógica del mercado le imprime una aceleración a las novedades que tapan incluso los mejores textos. Hay tanto para redescubrir en el pasado como en el futuro."

Matías Raia es el encargado de la colección Agel, de la editorial Las Cuarenta, dedicada solamente a reediciones. Y explica su propuesta: "La idea es recuperar ciertas obras extrañas de la literatura argentina que, por diversos motivos, no volvieron a leerse o a reeditarse: desconocimiento, olvido, desprecio, indiferencia. Notamos una insistencia en los mismos nombres y las mismas obras que puede ser repensada. Hay caminos de lectura por recuperar, libros que hace años que no se encuentran con sus lectores, propuestas estéticas que se han obturado por difíciles, por transgresoras. Buscamos obras olvidadas e incómodas, que desafían al lector por su extrañeza o por su mirada oscura de la realidad o la época en que fueron escritas."

Una editorial que busca innovar desde la conformación de un catálogo de exquisiteces es Caja Negra. Es por eso que llama la atención que ahora ellos también decidan reeditar una obra que ya estaba fuera del mercado: Llévatela, amigo, por el bien de los tres, de Osvaldo Baigorria. Malena Rey cuenta las razones detrás de esta decisión: "Es una novela que teníamos leída hace muchos años, de esas lecturas que permanecen, que se comparten con amigos. De tanto recordarla y volver a comentarla se nos ocurrió que era un buen momento para reeditarla y hacerla circular en un contexto nuevo: hoy abre nuevos niveles de lectura asociados no solo al conflicto al interior de una pareja abierta, sino también en relación a su época, al under y la contracultura argentina en plena década del ochenta." Rey, que además de editora es periodista, considera que la reedición no es un fenómeno nuevo: "Siempre estuvieron presentes en el panorama editorial. Gran parte del trabajo y la habilidad de los editores pasa por estar atentos a posibles relecturas que el paso del tiempo habilita. Y a hacerle lugar a los libros que en otro momento quizás no podían ser leídos como lo merecían. Ya Osvaldo Lamborghini decía que él era un escritor póstumo, y de hecho sus reediciones vendieron muchísimo más que los tres libros que publicó en vida."

Segundas oportunidades

Pedro Mairal recibió varias ofertas para reeditar su novela El año del desierto. Pero él siempre dejaba pasar la oportunidad. Explica por qué: "No quería hacerlo hasta no tener una novela nueva. Pero nunca la escribía. De pronto empecé a ver que el libro circulaba en la Argentina en fotocopias, se leía en universidades en versiones anilladas. Me pareció que no tenía sentido. Así que hablé con Emecé, donde había editado Salvatierra, mi otra novela, y les pregunté si les interesaba publicarla. Y así resolvimos reeditar toda mi narrativa, que ya no estaba en librerías, y la edición de mis próximos dos libros de ficción." Una reedición de estas características significa ingresar en un territorio donde el escritor puede ver su evolución el modo en el que el tema de su obra puede ser leída en un nuevo periodo histórico: "Ojalá El año del desierto tenga nueva vida al encontrar nuevos lectores. Es un libro que toma una distopía, una lenta destrucción, un retroceso histórico, y si bien el punto de partida se asocia al estallido de 2001, cada época presenta sus crisis, y supongo que los lectores leen el libro desde su propio presente." Desde esta perspectiva vale la pena preguntarse si una reedición es más importante para el lector que para el escritor. "No sé -responde Mairal-. Para un escritor implica que su libro tenga nuevas oportunidades de ser leído. Y esa apertura es importante al menos para él."

Aníbal Jarkowski se sorprendió cuando le propusieron reeditar su novela Rojo amor. "Me puse a considerar dos cuestiones -explica el escritor-. Por un lado, se trata de un proyecto de plazo extendido, donde también se reeditarán libros que considero muy valiosos y sin embargo se han vuelto inaccesibles, como El amparo, de Gustavo Ferreyra. Además me interesaba mucho tratar con personas realmente comprometidas con la literatura. Pensaron ediciones con prólogos críticos, diseños cuidados, calidad de impresión, atentos a la circulación del libro. Y por otro, para mí significó leer Rojo amor después de muchísimo tiempo, como si fuera una novela escrita por alguien distinto."

Jarkowski no recuerda mucho de aquel joven que fue alguna vez. Entiende que era alguien bastante vanidoso "como para querer añadir una novela más a un mundo donde ya estaban las de Faulkner o las de Kafka", y también era alguien resignado a pensar nada más que en sí mismo como lector. En ese sentido, las cosas no cambiaron. Dice ahora: "Tal vez sea menos vanidoso, pero sigo igual de resignado en tenerme como único lector. Que otras personas den su tiempo para leer un libro mío es algo misterioso." La reaparición de Rojo amor tuvo una buena circulación y encontró a sus nuevos lectores. Algo que no debería resultar insospechado cuando se está en presencia de un escrito que resiste el paso de los almanaques. Es por eso que Jarkowski considera que las reediciones sirven para diferenciar la novedad de lo, simplemente, actual: "En los últimos tiempos tengo la impresión de que se están reeditando libros que tienen el valor suficiente como para encontrar nuevos lectores, o incluso encontrar lectores por primera vez. Eso no está nada mal en tiempos donde se quiere hacer pasar por nuevo lo que nada más es actual. No creo que la reedición de los cinco volúmenes autobiográficos de Thomas Bernhardt sea algo tan difícil, aunque imagino que debe ser nada más que una postergación que no se extenderá más de cincuenta, a lo sumo cien años."

Las "figuritas más difíciles" de la literatura argentina

  • La luz argentina, de César Aira
  • Catástrofes naturales, de Anna Kazumi Stahl
  • Invitación a la masacre, de Marcelo Fox
  • La vida en Córdoba, de Vicente Luy

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